Estuvimos en el Roadburn: Donde cada segundo importa.

Crónicas | Festival en Holanda
Estuvimos en el Roadburn: Donde cada segundo importa.
Texto: Facundo Llano | Fotos: Facundo Llano

El Roadburn es un festival de culto. No quiere decir que sea elitista o snob, sino que nuclea a cierto tipo de público y cierto tipo de música que no encaja en todos lados. Históricamente un festival orientado al stoner y el doom, con el correr de los años fue aumentando su prestigio y abriendo el abanico de géneros, llegando a ser un festival de música extrema, experimental y vanguardista. No se hace en una metrópolis como Londres o Paris; se hace en Tilburg, una pequeña ciudad universitaria al sur de Holanda. Tampoco es mucha la gente que asiste, apenas 3000 entradas se venden para los cuatro días que dura el evento. Suele agotarse en poco tiempo y para la mayoría de los asistentes es un privilegio estar en el festival que se ha convertido en la meca de la música under. Y para mí también.

No podemos decir que sea un festival común en cuanto a instalaciones tampoco. El escenario principal es en el Poppodium, un auditorio para unas 3000 personas. El segundo escenario, el Green room con capacidad para 700 personas, está en el mismo edifico inmediatamente al lado del principal. Para ir al resto de los escenarios hay que salir a la calle. El tercero, Het Patronaat para 600 personas, está en una iglesia recuperada cruzando la calle. El cuarto y quinto, más chicos, están en dos bares doblando la cuadra. El Roadburn toma toda una zona llena de bares y restaurants y la hace suya. Trazando un paralelismo, imaginen a Niceto Vega y Humbold tomada por un festival, donde Niceto Club es un escenario, el Roxy live otro y Makena el tercero. Y en el medio las calles cortadas por puestos de comidas y merchandising. Algo así es el Roadburn.

El festival se caracteriza por shows temáticos y especiales. Ya desde el primer día, la primera banda que toma el escenario es Cult of Luna haciendo “Somewhere along the highway” entero. Una obra maestra densa, pesada, oscura y luminosa al mismo tiempo que solo que el perfecto sonido y juego de luces del lugar se puede apreciar en su totalidad. Lo mismo para el resto de los shows especiales del día; Paradise Lost haciendo “Gothic” en su totalidad y Converge interpretando “Jane Doe”.  Lo de los ingleses fue sencillamente impecable. Después de volver a las raíces con el disco The plague within, interpretar el disco Gothic entero les sale de una forma naturalmente envidiable, con algunas canciones que no sonaban desde esa época como “Dead emotion” y otras que nunca habían sido interpretadas en vivo como “Falling forever”. Sin duda escuchar el disco en vivo hace entender porque es una obra tan importante.

Converge es una banda que no suele revisitar su pasado, por lo que la oportunidad de escuchar su emblemático Jane Doe por primera y única vez, es algo histórico. El disco de la chica en la tapa es una piedra angular en la forma de hacer música extrema hoy en día. Pero no contentos con un show especial, los liderados por Jacob Banon tuvieron un segundo show denominado Blood Moon, donde interpretaban las canciones lentas y experimentales de su catálogo. Sea con canciones lentas o rápidas, Converge es una aplanadora que te pasa por arriba y presenciar cualquiera de los dos shows fue realmente un privilegio.

Este sentimiento también se aplica a Neurosis, festejando su 30 aniversario. Los maestros del post metal también son reacios a revisitar su pasado, por lo que dos sets diferentes repasando toda su discografía no es algo de todos los días. “Lost”, Locust star”, “Water is not enough”, “Stones from the sky”. Son muchos los momentos épicos. Neurosis en vivo es una especia de trance, algo que tiene que ver con un espíritu tribal. Es una música que hipnotiza, que no se puede escuchar; se tiene que sentir. Después de escuchar Neurosis en vivo, no hay espacio para mucho más.

Una de las tantas perlas del evento era el día especial programado por Lee Dorrian, ex cantante de Cathedral. No solo disfrutamos uno de los primeros shows de With the dead, su nueva banda con ex integrantes de Electric Wizard, sino también que vimos figuritas realmente difíciles elegidas por él. Primero la pianista Diamanda Galas, con un show a plena oscuridad que no permitía fotógrafos y una vez ingresado a la sala y comenzado el show, nadie tenía permitida la salida. Así de extremas son las cosas. The Skull también fue de la partida. La nueva banda de Eric Wagner, ex cantante de Trouble tuvo varios sets a lo largo del festival, mechando canciones de su nueva banda con clásicos de Trouble de todas las épocas. Y si de históricos hablamos, Pentagram dio un show excepcional. Bobby Liebling se recuperó completamente de las drogas y su salud está en óptimas condiciones. Con un show plagado de clásicos y una banda realmente potente, dieron uno de los mejores shows del festival.

Y si bien no se puede asistir a cada show, uno intenta ver la mayor cantidad de rarezas posibles. Sea el debut de Tau Cross, la nueva banda del Rob Miller, ex Amebix. Skepticism, leyendas del funeral doom finlandés. La Muerte, uno de los mejores secretos de rock belga. Amenra con un set acústico en plena oscuridad y de espaldas al público. O Repulsion, pioneros del grindcore. Pero sin duda la perla más importante era G.I.S.M, japoneses pioneros del hardcore/crust que se habían separado hace diez años y nunca habían tocado fuera de su país.

Pero sin duda una de las mejores cosas es descubrir nueva música. Así me pasó con los finlandeses de Hexvessel, con su música que recuerda a cosas como Nick Cave y Arcade Fire. O Sinistro, los portugueses con una chica en las voces que mezclan doom con post rock. Fans de The Gathering, denle una oída. También está la parte negativa, que es no poder ver todo lo que uno quisiera. Ya sea por capacidad de los escenarios más chicos o superposición de horarios, nos perdemos cosas como Blood Ceremony, Black Mountain o Dark Budha Rising.

Después de cuatro días el cansancio es mucho, pero la felicidad es mayor. El Roadburn es un festival como ninguno otro. Hablando con diferentes personas, todas coinciden en lo mismo; es un festival para el que realmente le gusta la música. No hay margen para mucho más. Podrá haber alcohol, pero nadie queda liquidado, la música es prioridad, la gente asiste por los shows. Los discos se venden, el vinilo manda y las remeras se agotan. Es una especia de burbuja en el tiempo y en la vida de la gente donde solo le importa ver a bandas que hacen arte puro. Arte extremo. Acá nadie está para pasar el rato o figurar. Acá cada segundo importa

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