La Eterna Sinfónica de Tobías

Crónicas
La Eterna Sinfónica de Tobías
Texto: Sebastián Sánchez | Fotos: Nacho Lunadei

Con las cartas sobre la mesa desde el principio y la promesa de un show de tres horas de duración, la opera metalera de Avantasia descendió como una tormenta directamente sobre Buenos Aires. Este es el mejor resumen posible de una noche sin respiro que se llevó mas laureles de los que podíamos imaginar.
Con las cartas sobre la mesa desde el principio y la promesa de un show de tres horas de duración, la opera metalera de Avantasia descendió como una tormenta directamente sobre Buenos Aires. Este es el mejor resumen posible de una noche sin respiro que se llevó mas laureles de los que podíamos imaginar.

Al no ser un fanático absoluto del Power Metal como género, el escepticismo debiera ser la primera reacción a la hora de encarar un show así, pero más allá de este detalle, la idea de un show de tres horas lleno de invitados de renombre sonaba tentadora. Si la guardia esta baja y el resultado es abrumador en cuanto a los aspectos positivos, la experiencia se vuelve más gratificante todavía. Traducción: si vas sin expectativas y la pasas bomba, la pasas doblemente bien. Sería como sobrevivir a una cita a ciegas y obtener el mejor resultado posible. Guiñaría el ojo acá, pero es ridículo porque esta es una crónica escrita. Basta, o me expulsa el editor.

Lo prometido se cumplió, y Avantasia llevó a cabo un increíble show de tres horas sin bandas soporte. ¿Cómo hacer para resumir semejante cosa? Arrancando por el principio, por supuesto. La hora pactada se cumplió casi a la perfección, ante un Teatro Flores repleto desde el piso hasta la parte superior. El telón de fondo mostraba el arte de tapa de Ghostlights, último trabajo de la superbanda y la gente expresaba su expectativa mediante el clásico agite. Habia de todo entre el público, remeras de Maiden, Sabbath, Avantasia, otras bandas de metal y power en general, y de varias edades. Pibes que fueron con la novia y que la hicieron subirse a sus hombros durante el show, algo de pogo, cuernitos, puños alzados, gritos y todo lo que te puedas imaginar. Un auspicioso “You Shook me All Night Long” de AC/DC a todo volumen sirvió de intro perfecta, hasta aún más que el “Also sprach Zarathustra” (si viste 2001, Odisea del Espacio, tendrías que hacerte una idea de lo que hablo). Show de luces mediante, y tras una cortina de ovaciones y gritos, fueron apareciendo los miembros pertenecientes al núcleo estable de la banda, que actualmente serían Felix Bohnke (batería), Andre Neygenfind (bajo), Michael Rodenberg (teclados), Sascha Paeth y Oliver Hartmann (guitarras y voz el último), los coristas, por así decirlo, Amanda Sommerville y Herbie Langhans, quienes fueron posicionándose para dar marco a la aparición del hombre orquesta, Tobias Sammet. Una de las mentes maestras junto a Paeth de Avantasia, fue fuertemente ovacionado por la audiencia, tras lo que comenzaron con “Mystery of a Blood Red Rose”, corte del disco y buen arranque para el show. Tras presentarse, Tobías anticipo un poco sobre la duración el show y sin mucho más preámbulo, el Teatro Flores directamente estalló por los aires con la aparición del primer héroe de la noche, un pelado y legendario Michael Kiske (ex-Helloween) apareció para hacer “Ghostlights”. Si eso no era suficiente, apareció un personaje nuevo por estas tierras pero que también robó corazones, Ronnie Atkins (Pretty Maids), pelilargo y de look ochentoso, para “Invoke the Machine”. Kiske y Atkins, junto a Sammet, se quedaron sobre el escenario para “Unchain the Light”, también de su último trabajo. “Siempre sabes que Buenos Aires va a ser maravilloso”, decía Sammet, mientras la gente vitoreaba un “Kiske, Kiske, Ole Ole Ola, Kiske, Kiske” (entre nos, casi que le decían Quique).

 

Otro momento interesante se dio con el violero Oliver Hartmann demostrando lo bien que puede cantar además de tocar, para un regreso en el tiempo hacia la canción “The Watchmaker´s Dream”. Decir que la rompió es poca cosa. Sobre todo considerando que al poco tiempo se vino el monstruo vikingo de Jorn Lande (no me pidan que haga la letra o cruzadita sueca, por favor) para hacer su parte en “The Scarecrow” y ese brillante tema relativamente tranquilo hasta que explota llamado “Lucifer”, desde Ghostlights. Junto a Sammet, hicieron un dueto que dejo perplejo a más de uno. Antes de eso, Lande había mencionado lo particular de grabar una parte de las voces para una canción en un lugar, para luego irte sin saber cómo quedaría el trabajo final hasta escucharlo en el disco, pero elogiando a Tobías por la forma en que hace las cosas.

Por si faltaba cancha y talento junto arriba del escenario, apareció el genial Eric Martin (Mr. Big), otra leyenda del rock, que hizo “What’s left of Me”. El look más particular de la noche, definitivamente, y también uno de los más ocurrentes, se quedó para liderar junto a Lande en “The Wicked Symphony”. Aquí comenzaron a tomar algo de protagonismo tanto Herbie como Amanda, que hasta ese momento ocupaban la parte de arriba y atrás del escenario, en un claro segundo plano. “Draconian Love” fue el turno de la voz grave del mencionado Langhans, que se llevó todos los aplausos por su interpretación. Amanda Sommerville tendría su momento junto a Kiske interpretando “Farewell”. Hubo lugar para todos bajo el reflector.

“Ole Ole Ole Ole, soy de Avantasia, es un sentimiento, no puedo parar” Público ante la mirada atónita de Kiske, Lande, Atkins y compañía.

La mecánica del show continuó con incontables puntos altos para todos a la hora de alternarse e interpretar “Stargazer”, “Shelter from the Rain” (Amanda y Kiske otra vez) y la impresionante y extensa “Let the Storm descend upon you” interpretada por Sammet, Lande y Atkins. Ya habiendo pasado la hora y cuarenta minutos de show, Tobías bromeó sobre lo que faltaba asegurando de que ya para la hora y media la mayoría de las bandas ya estaban camino al hotel. Hubo lugar para los chistes, y el show en su totalidad fue muy hablado entre tema y tema. Tras bromear un poco a expensas de Andre, el bajista, y mostrar una remera de la Selección Argentina con el nombre de Messi, para luego reemplazarla por una idéntica pero que decía Avantasia detrás, siguieron su show a toda máquina.

“No hay ninguna audiencia en ningún lugar del mundo que sea como la de Buenos Aires, Argentina. Cantan hasta cada puto riff de guitarra, no lo pudo creer” (Jorn Lande) “Estan jodidamente locos, es algo hermoso” (Lande)

Siguió otro torrente de canciones, “Promised Land”, “Reach out for the Light” y “Avantasia”, para llegar a otra jodita de la noche, una extraña e hilarante fusión de “Row Row Row your Boat”, “Bohemian Rhapsody” de Queen y “Cum on feel the noise”, todo esto protagonizado por Eric Martin y Ronnie Atkins, que también hicieron participar al público. Tras esto, Sammet hizo que Eric se quedase para interpretar “The Great Mystery” en reemplazo de Bob Catley, que se encontrara de gira por Europa con su banda Magnum. Lo mismo tuvo que hacer después Sammet para “The Story Ain’t Over”. Ya iba faltando poco para el final, y se dio el clásico efecto de hacerse desear por el público para hacer “Lost in Space” y el cierre definitivo, con una pared de cantantes al fondo del escenario para terminar todos y cada uno al frente, de la mano de “Sign of the Cross” y “The Seven Angels”. Todos, cantantes y coristas, hicieron de ese un momento gigante.

“Si alguna vez yo no puedo seguir en Avantasia, me pueden reemplazar. Solo no llamen a Axl Rose, por favor” Sammet.

Avantasia no inventó nada, pero a nadie le importa. Sammet sabe a quienes llamar, como hacer para que funcione y encima puede armar un tour tan exigente como el de Ghostlights. A poco de cerrar su gira, se dieron otro paso por Buenos Aires y volvieron a dejar un público agotado pero extasiado por lo que la banda dejó sobre el escenario. 

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