Corazón y Sangre

Crónicas | Rodrigo y Gabriela
Corazón y Sangre
Texto: Carlos Noro | Fotos: Cecilia Dalla Cia

Dos mexicanos. Dos guitarras acústicas. Metallica, Megadeth, Radiohead, Soda Stereo y raíces latinoamericanas. Una interesante mezcla pobló Niceto.

Es claro que de aquellos Rodrigo y Gabriela que como ellos mismos contaron a lo largo del set, en algún momento se la jugaron y triunfaron en Irlanda, poco queda. A lo largo de estos años los mexicanos han ido acrecentando su fama de manera sustancial: de ser una curiosidad por su maestría a la hora de interpretar canciones de Metallica con guitarras acústicas o electroacústicas hoy son figuritas repetidas en bandas sonoras de series como Breaking Bad o en películas como Piratas del Caribe, El Gato con botas o Sherk.
 
Este contexto y seguramente la influencia de haber realizado varios tours por Estados Unidos convierte a la presentación del dúo en un show con todo lo bueno y todo lo malo que esto implica. Lo bueno principalmente pasa porque su set está perfectamente armado y cronometrado. Aunque ellos mismos nos quieran hacer creer y digan específicamente que cada canción de las tocadas durante la noche es fruto de la improvisación, la realidad es que cada una de las instancias que van recorriendo tiene un trasfondo real y concreto en horas y horas de ensayos y presentaciones en vivo.
 
Lo cierto es que, sin exagerar, Rodrigo y Gabriela funcionan en perfecta homeostasis. Si tuviéramos que mencionar que función cumple cada uno a la hora de regular ese organismo perfecto que es su música, podríamos decir que mientras Rodrigo Sánchez es la sangre, Gabriela Quintero  es el corazón. El primero, desde su función de guitarra líder es aquel que propone que la música fluya a borbotones. Excesivo por momentos e intenso durante casi todo el show, logra el resultado concreto de que la música fluya dinámicamente y que cada espacio sea ocupado por ella. Canciones como “Hanuman” o “Diablo Rojo” vuelan a velocidad luz principalmente porque sus manos así lo disponen. A la hora de hacer un balance general la sensación es que poner el pie en el freno no le vendría mal al mexicano y que de hacer esto podría llevar la música a otros estados. Lo de Gabriela es radicalmente distinto, desde lo que parece ser un lugar secundario (en los papeles cumple la función de guitarra rítmica y percusión) la realidad es que es la gran responsable de que cada canción cobre una amplitud inusitada. Sus golpeteos en la guitarra cumplen sin exagerar la función de los latidos del corazón. Sin ellos es difícil que encuentren sentido más allá de la digitación a mil por hora. En esos momentos la propuesta general del dúo cobra verdadero sentido y vuelo.
 
En cuanto a las canciones propiamente dichas, la sensación es que a la hora de realizar covers los mexicanos logran una soltura extraordinaria. Para algunos (el público que fue a Niceto estuvo lejos de ser metalero) escuchar las reversiones de fragmentos de  “Holy Wars... The Punishment Due” de Megadeth junto a  “Orion” y “Battery” de Metallica sostenida en los punteos y golpeteos percusivos de las guitarras fue uno de los grandes momentos de una noche, llena de citas a veces más ocultas y otras más visibles (“Diablo Rojo” y una mención a “Stairway to Heaven” y “The Soundmaker” con los primeros segundos de “Ride the Lightning de Metallica). La conclusión es que en estas versiones, tanto la una como el otro brillan con luz propia y dejan bien en claro la potencialidad y originalidad de su propuesta.
 
Retomando las cuestiones relacionadas alcances del show que propusieron R y G aquí es necesario mencionar algunos puntos no excesivamente flojos pero tal vez innecesarios. Por un lado la idea de que cada uno de ellos se tome un intervalo para que el otro explique alguna cuestión relacionada con la historia de la banda no hace más que bajar la intensidad de la presentación, cuando todos podemos conocer esos aspectos a un click de distancia. También resultó polémico el gesto de subir a alrededor de veinte personas al escenario para ver desde atrás “Savitri”, “The Russian Messenger” y “Hora zero”. En definitiva no sumó nada desde lo musical y solamente fue un gesto de apertura hacia el público que pasó desapercibido.
 
En este punto la participación del público tuvo su punto máximo cuando jugueteando con la gente pasaron “Adiós Nonino”, “Otherside”, “De Música Ligera” de A. Piazzolla, RHCP  y Soda Stereo respectivamente, hasta llegar a una versión cantada a coro por todo Niceto de “Creep” el clásico de Radiohead. Este intervalo resultó divertido para el público pero poco aportó de lo músical. Muchos hubiéramos preferido escuchar algunas canciones más en su lugar.
 
Otra cuestiones que no sonaron del todo convincentes fueron las relacionadas a la incorporación de voces en algunas canciones, algo que parece ser que sucederá en el próximo disco de los mexicanos. La conclusión concreta fue que todo lo que hace Rodrigo detrás de las seis cuerdas es muy complicado de emular a nivel vocal. Entonces las dos canciones propias que ejecutaron no lograron el nivel que el resto de los temas consiguieron.  “Waiting to Be Free” fue un canción muy genérica que no tiene el vuelo necesario para ser un hit a repetir en los sets futuros. “Somos de arena” mejoró un poco porque da cuenta algo de su identidad como mexicanos recuperando el pedido de justicia por la masacre de Ayotzinapa,  aunque en el contexto de un show sin mucho trasfondo político quedó algo descolgada.
 
El cierre con la genial “Tamacún” dio la pauta de lo que puede dar el dúo cuando se deja llevar por las raíces latinoamericanas. Tal vez la tensión entre su origen y su presente los atraviese de aquí en adelante. Por ahora corazón y sangre parecen sostener la tensión creativa de Gabriela y Rodrigo. Resta esperar el futuro para saber en qué desemboca. 
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