Alegría sin fin

Crónicas | Mighty Mighty Bosstones
Alegría sin fin
Texto: Carlos Noro | Fotos: Sebastián DelaCruz
Groove ?

Los que en algún momento lograron masividad por hacer un genial cover de “Detroit Rock City” de Kiss, vinieron por primera vez a la Argentina. Show no apto para puristas ni aburridos.

Si hace más o menos treinta años le preguntabas a alguien si alguna banda era capaz meter en una coctelera musical el  ska, el punk, el reggae y el hardcore seguramente te iba a responder que el resultado sería un licuado imposible de escuchar, en el que los sabores no podrían convivir o alguno de ellos contaminaría a los otros, casi quitándole todo sentido a la presencia del resto.

Precisamente los Mighty Mighty Bosstones  entendieron hace treinta años que sus influencias o simplemente la música que les gustaba tocar, podían convivir perfectamente en un escenario y que poco importaba hablar de estilos cuando alguien hace lo que realmente siente. Poco les importó también en que escena ubicarse o donde tocar, ellos decidieron ganarse un espacio por su propio peso. Por mérito propio lo lograron.

Lo primero que se puede observar en un Groove lleno pero no colmado (recordemos que el show iba a ser en el Teatro Vorterix pero circunstancias ligadas a su habilitación obligaron el cambio de escenario) es la variedad de público que fue a ver los de Boston. Hay punks con cresta, hay hardcore, hay pibes con rasta, hay muchas mujeres y fundamentalmente un promedio de edad que pisa o supera los treinta. Si los estadonidenses son tipos grandes, su público también. Ambos coinciden en algo: las ganas de divertirse.

En este sentido cuando suben al escenario, todos ataviados de riguroso traje rojo con el logo de la banda, lo primero que llama la atención la cantidad de integrantes que pisan las tablas. No son cuatro ni cinco sino ¡siete! en un formato de big band que incluye a  los originales Dicky Barrett en voz (también conocido por ser el anunciador del programa yanqui de entrevistas, música y humor Jimmy Kimmel Live), Joe Gittleman  en bajo, Tim "Johnny Vegas" Burton en saxofón y el bailarín y corista Ben Carr (una de las grandes figuras de la noche bailado cada una de las veintipico canciones que duró el show) junto a aquellos que se fueron incorporando a lo largo de la carrera de los Bosstones,  Joe Sirois en batería, Kevin Lenear  en saxofón alto, Lawrence Katz  en guitarra en Chris Rhodes en trombón y finalmente John Goetchius en teclados

Desde el minuto cero la sensación fue que la noche iba a servir para pagar una deuda simbólica entre los Bosstones y su público argentino. Dicky Barret alma mater de la banda se encarga de aclararlo apenas pasan tres o cuatro temas “les tengo que decir algo, quiero pedirles perdón por no haber venido antes. No sabía que ustedes iban a ser así” dice y causa la risa de todos. Mientras tanto la banda hace lo que sabe. Contradiciendo la graciosa máxima de Ricardo Iorio “si hay trompeta no hay rock”  las canciones van mutando sostenidas en gran medida por la presencia de los vientos. Entonces siempre en un clima de joda genuino pero con una admirable prolijidad rockera, a lo largo del extenso set uno puede ver hacia donde han rumbeado estos treinta años. Tal vez por eso no es extraño que se animen a un cover de The Clash, otros de los que supieron abrir puertas.  “Rudie Can Fail”, para luego llamar a Bob Marley y The Wailers con “Simmer Down” y que den ganas de que sea verano para tomar mil birras bajo el sol con este soundtrack en el paisaje

De esta manera, van pasando las canciones sin que haya lugar para el descanso. Groove se convierte en una pista de baile donde los saltitos propios del ska son propuestos  tanto por el público como por un genial Ben Carr quien no descansa ni un segundo a la hora de realizar sus múltiples coreografías para acompañar a las canciones. “Cuando sea viejo quiero bailar así”  gritó uno por allí al final de uno de los grandes hits del grupo “So sad to say” sin tener en cuenta que no tenía tanta diferencia de edad con el bailarín. Más allá de las risas hay algo de cierto, su energía y sus manera de sentir cada canción son parte de la identidad de los Bosstones. Difícil pensar a la banda en vivo sin él.

Las obligatorias “The Impression That I Get” (tema con que la pegaron a finales de los noventas) y “A Pretty Sad Excuse”  mezcladas con otras bien fiesteras  como “Nah, Nah, Nah, Nah, Nah”  o “Where'd You Go?” entre otras; sirvieron para entender que la idea de los oriundos de Boston es principalmente generar un clima de alegría en cada segundo del set. Tal vez por eso no resultó extraña la buena onda de Barret quien además de insistir con que lo importante es ver bandas en vivo, disfrutar en conjuntos y “ciudarse y amarse”  tuviera gestos de buena onda con el público como el de hacer subir a un chico al escenario para darle una tabla de skate firmada, regalar su corbata e incluso aceptar con vergüenza que un fan le regalara una gorra con la B característica.

El cierre con “Devil´s Night Out” (tal vez lo más ska- core de la noche,  término que inventaron musicalmente) resaltando entre otras,   fue el punto final para dejar una cosa clara. Hay bandas que se divierten en el escenario y estan los Mighty Mighty Bosstones. Deuda saldada.

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