Vida después de la muerte

Crónicas | Megadeth
Vida después de la muerte
Texto: Facundo Llano | Fotos: Seba Delacruz
Luna Park ?

Aunque nos quieran hacer creer lo contrario, la música no es igual al futbol; en la música las cosas no están tan libradas al azar. En el futbol se puede perder, aunque tengas las condiciones a favor. Son las reglas del juego. En la música existen discos malos, shows que no están a la altura; pero uno aprende de los errores. El problema es cuando no se aprende de ese error. Las presentaciones de los últimos 5 años de Megadeth en el país han rozado el bochorno, con shows cortos, mal sonido, malos músicos y con un Dave Mustaine que parecía no querer estar ahí. Aún así la convocatoria de la banda no disminuyo en lo más mínimo. Si nosotros no somos los primeros en señalar lo que está mal, dudo que los músicos tomen conciencia de ello. La ilusión de volver a ver a la “Sinfónica del colorado” parecía ser una utopía.

Cuando la banda sale de la oscuridad a toda máquina para arrancar con “Hangar 18”, la ilusión vuelve a aparecer. Esa canción, una de las más perjudicadas durante estas últimas presentaciones, vuelve a sonar como corresponde, como es debido. Dave en algún momento se iluminó y se dio cuenta que Shawn Drover y Chris Broderick ya no podían seguir en el grupo, por el bien del mismo. Varios dudaron de la incorporación del ex Angra, Kiko Loureiro, como guitarrista. Lo mismos del baterista de Soilwork, Dirk Verbeuren. Pero al momento de sonar “Rattlehead” toda duda se evapora. Mustaine ya no canta con los dientes apretados, para la banda suena furiosa y afilada. Lo imposible se vuelve real.

La nueva formación hace que incluso discográficamente el grupo este en mejores condiciones. Varias de las canciones de “Dystopia” son celebradas como clásicos eternos, tal es el caso de “Fatal Ilussion”, “The threat is real” o el tema que da título al disco. Tanto confía Dave en sus nuevos integrantes, que tienen un protagonismo insólito, sobre todo Loureiro, encargándose se varios de los solos históricos del colorado, corriendo por todo el escenario y tomando una posición protagonista; se carga la banda al hombro. Todo lo contrario a Broderick. Lo mismo podemos decir del baterista, que podría pasar como un baterista súper técnico, pero que se luce en los momentos donde hay más groove como “Trust” o “Sweating Bullets” en lo que fue la mejor canción de la noche.

Megadeth no solo volvió a sonar bien, sino que durante el correr del show, logaron sonar mejor. Finalmente nos pudimos dar el lujo de escuchar canciones como “Poison was the cure”, “Peace Sells” o “Holy Wars” sonando como el público se merece, sonando como la banda se merece. Como un grupo de 30 años de trayectoria debería hacerlo.

Antes de finalizar el show, Dave le cuenta a la multitud que este será el último show de Megadeth en el país en un buen tiempo. Es una pena que una vez encontrado la formación ideal, el grupo se retire. Pero como dicen, “Siempre ándate dejando con ganas de más”. Hoy la banda nos dejó con ganas de más. Nos dejó con las ganas de ver todos esos shows aniversario que pasaron con más pena que gloria con esta formación. Hoy Megadeth es la banda con 30 años de trayectoria con la que crecimos. Hoy pagar una entrada para ver a Megadeth vale la pena. Hay vida después de la muerte. 

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