La única verdad es la realidad

Reseñas | Gabo Ferro. El Lapsus del Jinete Ciego. Sony Music. 2016
La única verdad es la realidad
Texto: Carlos Noro

El Lapsus del Jinete Ciego es el octavo disco de Gabo Ferro en torno a una discografía impecable que ha tenido asociaciones - colaboraciones con Ariel Minimal, Luciana Jury y hasta el escritor Pablo Ramos; por citar genéricamente algo del eclecticismo poético que propone en cada una de sus obras. También es el primer disco editado por Sony Music lo que generó una pequeña polémica en torno a la supuesta pérdida de independencia. Los que venimos siguiendo su carrera sabemos que su libertad no pasa por un papel firmado. Discutir esto sería no entender su historia, su búsqueda y su presente.

A simple vista hay dos cuestiones que llaman la atención cuando uno toma el disco entre sus manos. Lo primero es la elección de un título a priori críptico y denso simbólicamente. En esa equivocación que implica el lapsus siempre hay un grado de verdad innegable. Tal vez esa verdad no quiera ser mostrada, pero sale afuera con fuerza inusitada para este jinete,  que es ciego,  pero que seguramente se deja conducir por ese caballo presumiblemente desbocado.  Lo segundo es el arte gráfico que muestra a un varón desdibujado, oscuro y apunto de ingresar a un vórtice. Este lo toma y lo encierra en una realidad confusa y a la vez indefinible. Varón y realidad. El nombre de Gabo Ferro inmerso en el contexto. Una invitación a adentrarse en sus entrañas.

Desde el punto de vista instrumental la gran particularidad es que el disco fue grabado en el ND/ Teatro completamente vacío;  pero con el acompañamiento circunstancial de teclados, sintetizadores a su ya acostumbrada estructura de guitarra – voz.  Como bien se encarga de aclarar el mismo Gabo en el librito del cd, la pregunta por aquel o aquella a la que se le está cantando atraviesa todo el disco. Si todo escritor construye un destinatario imaginario, Gabo lleva esto al extremo obligándose desde el escenario vacío a dedicarle cada acorde y cada palabra. El resultado es un disco empático, impetuoso y vehemente con un brillante trabajo de Alejandro Pugliese para darle la calidez necesaria a todo ese proceso.

En este contexto, desde el inicio con La silla de pensar el disco se presenta como una obra que se propone como orgánica y vital. La idea de una silla de pensar  y con ella la del estatismo y la inmovilidad, se torna al instante en la posibilidad de abrazar la esperanza. Hay un nosotros inclusivo y hay  un otro que pretende clavar su puñal. La respuesta es una invitación a construir la esperanza a través del abrazo. Parece utópico en las épocas convulsionadas que vivimos pero funciona como ese mismo farol que menciona la canción. Una guía en tiempos de oscuridad.

Utilizando desde lo musical cierto aire folclórico, Como la maleza juega a transformar el amor y a la muerte en una pregunta. Hay un posicionamiento concreto frente a lo que le sucede a ese yo poético, sostenido en un Gabo que parece estar a punto de gritar con vehemencia la letra. Difícil no sentirse como esa maleza que tiende a ser arrancada pero sobrevive frente a las inclemencias, en el contexto de una canción que propone una puesta en valor de uno mismo frente a la realidad. Precisamente, el amor y el desamor, una de las temáticas que Gabo suele recorrer de diversas maneras,  tiene un protagonismo clave en este Lapsus… Es así que Camino a la balacera funciona como un bolero trágico principalmente porque sabemos que ese destino irremediable será el desamor;  mientras que Ya nunca hasta la suerte, solo por mencionar otra canción al azar,  es una visión atea del amor que tranquilamente podría ser parte de la brillante obra de Martín Kohan llamado Ojos brujos. Fábulas de amor en la cultura de masas que analiza brillantemente la construcción simbólica de los boleros y la canción popular de los sesenta – setentas. Devorado los perros es simple y brutal: habla de la pérdida, la  bronca y la desazón dando la pauta de que aquello que llamamos amor, también puede culminar es esos estados.  

 Solo el tiempo nos dará la pauta si El Lapsus del Jinete Ciego será síntoma de época. Por lo pronto nos invita a sentir, a hacer y a cambiar las cosas en el propio presente

Puesto a germinar es una de las canciones más bellas que propone Lapsus…  Introspectiva y catártica presenta al ser humano consustanciado con una doble naturaleza, con la propia y con la que lo rodea. Propone defenderse y  transitar el paso del tiempo sin miedo. Gran desafío para un disco que por momentos parece querer salir del lugar de la enunciación para hacerse carne, para abrazar y para envolver al escucha. En este sentido Que si el pasado es un campo, Tan  y el Beso Urgente se hermanan en función de esto último. La primera propone pensar el pasado como un campo, ararlo y hacerlo florecer. Si el pasado es de uno el desafío es encontrarse con él, entenderlo y transformarlo en un campo, parece decir Gabo casi literalmente en el medio de sintetizadores atmósféricos y una orquestación mínima y sutil. La segunda es una canción que relata el presente rompiendo el axioma del rock nacional “mañana es mejor” elegido por el flaco Spinetta. Difícil pensar un mañana desde este presente parece decir Gabo y nos deja pensando en todo lo que está sucediendo coyunturalmente a nuestro alrededor. Finalmente con El beso… propone la acción de besar como redentora y también salvadora. Una invitación a amar y a hacer sin miedo,  parece ser el mensaje y la sensación es que es posible transitar ese camino.

No casualmente el último tramo del disco invita simbólicamente a la acción. Porque se desobece es una oda a lo incierto y a cuestionar lo establecido. El hondo verdadero propone soltar aquello que hacer ruido o genera malestar. La peor suerte invita a caminar con paso firme y decido, al hacer, al movimiento. Si el deseo es el problema, mejor entrar a resolver  sentencia y deja la sensación de que estamos frente a una obra que dentro de algunos años servirá para explicar aquello que nos sucede en el aquí y ahora. 

Hay artistas y hay discos que van más allá del universo musical que proponen. Esos artistas y esos discos en muchas ocasiones,  proponen un clima de época y se convierten  en fotografías fidedignas de aquellos momentos en que un país y una sociedad no encuentra el camino o eligen  el peor para la mayoría. Para aquellos que promediamos los treinta es difícil no pensar a Hermética y en especial a Victimas del Vaciamiento como el relato descarnado del Menemismo,  la destrucción del tejido social y la exclusión. Desde los mismos noventas y hasta después del 2001 Pequeña Orquesta Reincidentes propuso lo mismo desde otro lugar. Relatar lo que pasaba de manera descarnada era una necesidad interna. Un grito contenido que se transformó en una búsqueda intensa y muchas veces poética por encontrar una respuesta a los interrogantes. El tiempo hizo que estos proyectos tomaran otros rumbos pero el recuerdo de su impronta quedó en la retina de varios. Solo el tiempo nos dará la pauta si El Lapsus del Jinete Ciego será síntoma de época. Por lo pronto nos invita a sentir, a hacer y a cambiar las cosas en el propio presente.