Arquitectos del futuro

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Goran Bregovic´ y su Orquesta de Bodas y Funerales.
Crónicas | Meshuggah
Arquitectos del futuro
Texto: Carlos Noro | Fotos: Nacho Lunadei

Para entender una banda como Meshuggah es necesario desentrañar lo que está por detrás de su arquitectura sonora y para lograr esto, uno debe poner el foco en aquellos que son los encargados de sumar los ladrillos necesarios para que el resultado sea el adecuado. Desde el inicio, previo extenso acople de ¡cinco minutos!, para introducir “Perpetual Black Second” hasta el final con “Dancers to a Discordant System” la propuesta de los suecos fue contundentemente similar. En cada canción están los elementos que conforman su sonido: riffs sincopados, poliritmicos, una distorsión aplastante y un nivel de complejidad que muchos llaman djent para nombrar de alguna manera algo que los emparenta lejanamente con la música progresiva. Desde este lugar se cimenta la base de la cacofonía sónica que proponen los escandinavos y el gran punto de partida para entender lo que hacen.

Sin lugar a dudas gran parte de lo diferente  que posee la banda tiene un gran responsable: Tomas Haake. Su función desde la batería es completamente innovadora y rupturista dentro de la música pesada. Si al principio hablamos de arquitectura, el canoso es aquel capaz de proyectar, diseñar y mantener el edificio sónico que se va generando a lo largo de la noche con el nombre de Meshuggah. Capaz de realizar casi siempre aquello que uno no espera tras los parches, tranquilamente se puede fantasear que tiene a mano los algoritmos matemáticos que dan por resultado cada canción; de lo contrario parece inexplicable el nivel de precisión que tiene cada una de sus intervenciones. A diferencia de lo que uno puede esperar en cualquier banda, las canciones giran en torno a sus intervenciones y firuletes. Para entender lo que sucede es necesario no sacarle la vista de encima.
 
Precisamente entender lo que sucede puede ser difícil para alguien que está acostumbrado a una estructura clásica de canción en el que todo puede resultar más previsible. La música de los suecos transita momentos de monotonía sonora en el que, para un oído no acostumbrado, todo puede llegar a sonar aburrido. Deducir esto sería un error. Como decíamos la sensación es que cada momento del show está cronometrado para que funcione a la perfección. Entonces otros de los dos protagonistas Fedrik Thordendal y Marten Hagström en guitarras junto Dick Lövgren en bajo; colaboran para lograr un magma sólido y compacto que se convierte en la contundente sensación que queda en el oyente. Difícil salir del asombro cuando uno escucha canciones como “Obzen”, “The Hurt That Find You First” o “Straws Pulled at Random” donde cerrar los ojos permite imaginar una obra de arte de H.R. Giger por citar a algunos  de los que han jugado a imaginar una distopía solitaria y desoladora
 
Pequeños hits (aunque uno se pregunte si es correcto poner este adjetivo a alguna canción de los suecos) como “Bleed”, “New Millennium Cyanide Christ” o “Demiurge” sirven para dar protagonismo a Jens Kidman en las voces, capaz sin ningún tipo de demagogia, de mantener la tensión que atraviesa todo el set de los suecos. Si dimos a entender que la el despliegue de la banda tranquilamente podría equiparse a una fórmula matemática, el desempeño de Kidman aporta aquello vital que termina de dar sentido a la estructura arquitectónica de los escandinavos;  donde cada pieza cumple un papel orgánico e imprescindible.
 
Para cerrar es importante destacar que la propuesta de Meshuggah no se remite solo a lo musical. Conscientes que su música apunta a envolver sonoramente oyentes, suman como el punto final a su propuesta,  la presencia de Edvard Hansson, un técnico de luces capaz de relatar sonoramente lo que sucede en la escena, lo que lo convierte virtualmente en un miembro más de esta locura que presenta el universo de los suecos. La sensación, luego de la despedida es que los escandinavos dialogan con ellos mismos y que por lo tanto, es difícil, compararlos con alguna referencia. Algo poco probable en el mundo en que vivimos donde parece que todo está inventado. Ojalá vuelvan a seguir construyendo futuro.
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