El futuro llegó hace rato

Crónicas | Maximus Festival
El futuro llegó hace rato
Texto: Matias Audono | Fotos: Nota: Matias Audono. Bandas: Iván Martín Pinto

El pasado sábado 10 de septiembre, la “Ciudad del Rock” volvió a rugir dándole la bienvenida a la primera edición del Maximus Festival, una reunión que esta vez dejaba de lado propuestas más clásicas para darle lugar a tendencias contemporáneas. Miles de almas vestidas de color negro, amantes de la distorsión y el doble bombo disfrutaron de una jornada de 12 horas a puro metal, bajo un cálido y agradable cielo porteño. A partir de las 11 de la mañana y hasta las 11 de la noche, desfilaron un total de 15 bandas (11 internacionales y 4 locales), alternándose en 3 escenarios diferentes.

 El entorno: De Mad Max para el mundo

Personalmente creo que uno de los grandes aciertos de la organización fue el trabajo que lograron a nivel estético. El metal oxidado reinaba por todo el predio. En el área denominada “Sector 26”, estuvieron presentes los miembros de la banda Chronnenberg hacienda una performance con sus disfraces con diversas postas donde la gente hacia filas para llevarse el recuerdo en una fotografía.

Otra de las genialidades que pude observar, y que habla muy bien de nuestra creatividad criolla, estaba presente en algo tan simple como ponerle nombres marketineros a los productos gastronómicos que se vendían. Por ejemplo, te podías comer un pancho “du hast”, compuesto por salchicha alemana, chucrut y aderezo de mostaza; o podías optar 3 tipos de hamburguesa distintos: “puro metal”, “heavy” o la preferida por muchos, la “manson”.

Un nuevo acierto fue encontrar un stand que ofrecía agua gratis. Así es, cualquier persona sedienta y sin ganas de gastar su dinero en una botellita de agua podía hacer una pequeña fila, calmar su sed y recobrar fuerzas para continuar su batalla metalera, de forma gratuita. Por otro lado, y ya no gratis, se encontraba el “Beer Garden”, área cervecera dónde las filas no cesaban y por momentos resultaban interminables y tediosas. Pegado al mismo, podíamos encontrar otro sector gastronómico, con algunos foodtrucks.

Las bandas: Para todos los gustos

A las 15:20 horas puntuales, el escenario principal “Maximus Stage” fue abierto por Hellyeah, banda estadounidense de groove metal, liderada por Chad Gray, ex vocalista de Mudvayne, y ni más ni menos que con Vinnie Paul (ex baterista de Pantera) dándole al doble bombo, para hacerentrar en calor al público presente. El sonido estuvo sólido y con mucho ataque, aunque por momentos se sentía que el bajo estaba más elevado que otros instrumentos. La voz poderosa de Chad se hizo sentir y hubo gran recepción de la gente. Todo el show lo mantuvieron bien arriba, no hubo un solo tema que haga de colchón sonoro por lo que escuchar una propuesta como esta implica estar siempre atento a la cacofonía groovera que propone a veces más extrema y otras más melódica. No cayeron en el cover y se bancaron todo el show con repertorio propio lo que dio la pauta de que al menos esta vez la victoria estuvo de su lado.

Paralelamente, en el escenario “Thunder Dome”, a las 15.30 horas, comenzaron a sonar los primeros acordes de la banda nacional, nunca mejor denominada como “metal bizarro”, Asspera. Los disfrazados músicos en escena crecieron, y mucho. Tanto, que carpa les quedó chica. El público se desesperaba por intentar estar dentro de la estructura dónde se encontraba el escenario. El vaho metalero se hacía sentir casi con la misma violencia con la que los fanáticos de la banda rendían su admiración con pogos y cánticos a Asspera.

Posteriormente, y que para mí, terminó siendo la banda revelación de la jornada, tocó en el escenario secundario “Rockatansky Stage” la banda sureña estadounidense: Black Stone Cherry. Al principio la sentí como una banda más de relleno, que supo encontrar una mezcla de muchas cosas que ya escuche cientos de veces, sin deslumbrarme en absoluto. Pasados algunos temas empecé a darme cuenta de la calidad sonora y técnica. De sonido redondo y excelente ecualización uno tranquilamente podía prestarle perfecta atención a cada instrumento sin que otro lo opaque. En especial, una batería muy pareja, con excelentes golpes secos resultó una de las sensaciones no solo de la tarde sino de toda la jornada- Estas son las bandas que me gusta encontrar en este tipo de festivales, ya que se hace querer tanto por su calidad musical como por bajar un pisar un poco el freno y aportar añ de relax sonoro. Para cerrar, le rindieron homenaje a un grande del rock, el gran Lemmy Kilmister e hicieron una excelente versión de uno de los emblemas de Motorhead: “Ace of Spades”.

Cayendo el sol, bajo un cielo pintado con mezcla de naranja, tonos rosados y un fondo celeste, dejando una hermosa postal que muchos metaleros supieron fotografiar, hicieron su presentación los galeses: Bullet for my Valentine. En líneas generales, el público convocante tendía a ser adolescente. mientras que los metaleros más veteranos se quedaban sentados y acostados en una zona con pasto, mirando el show en pantalla gigante, acumulando y guardando toda su energía para los dos platos fuerte de la noche. Finalizando su actuación, hubo un solo de batería, que personalmente hubiese preferido obviar. Un solo completamente chato, sencillo, básico y hasta aburrido, carente de creatividad dónde básicamente consistió en repeticiones entre el doble bombo y los tombs. Bullet for my Valentine particularmente no me generó ningún tipo de admiración, pero sí, puedo destacar que el sonido limpio, parejo y prolijo.

Tres platos fuertes

Ya bajo un cielo oscuro le toca el turno de uno de los 3 platos fuertes de la jornada: los estadounidendenses de Disturbed. Durante todo su show supieron hacer un buen manejo de los “momentos”, con esto me refiero a la selección y el orden de los temas a tocar, generando ciertos sensaciones interesantes para transmitir su puesta en escena. Promediando la mitad de show, hicieron un medley de covers en el que comenzó sonando “The sound of silence” (canción que popularizó en la década de los 60 el dúo estadounidense Simon & Garfunkel), con versión acústica más que interesante, utilizando 2 violines, guitarra acústica y percusión. Acto seguido apostaron a “Inside the fire” y pegado a este tema, David Draiman (voz de Disturbed), invitó a subir al escenario a Lzzy Hale, cantante de Halestörm, para hacer un nuevo cover: “I Still Haven't Found What I'm Looking For”, tema reconocido de la banda irlandesa U2. Lastimosamente a la pequeña dama metalera le jugó un mal pasar por algunos desperfectos técnicos. Ni el primer ni el segundo micrófono que le alcanzaron funcionaban. Finalmente con el tercero Lzzy pudo comenzar su parte y transmitir su bella voz rasposa y aguda. Casi sin pausa, llegó el turno de “Baba O'Riley”, famoso tema de la banda inglesa The Who, y nuevamente pegado a esto el público se comenzó a emocionar pegando saltos al ritmo de los primeros acordes que daban comienzo a “Killing in the name” (tema de Rage Against the Machine), que fue ejecutado de forma extraordinaria, tanto que estoy seguro que el mismísimo Tom Morello hubiese aplaudido de pie, al solo de viola que tiene el tema. Sonaron un total de 17 temas, entre ellos los infaltables “Another way to die”; “The light”, tema con el que David Draiman interactuó con el público haciéndoles prender el celular al recitar el coro del tema; y por su puesto sonaron los clásicos de “Voices”; “Stricken” y “Down with de sickness” para cerrar su show.

Finalmente llegó uno de los momentos más esperados, y estamos hablando ni más ni menos del excéntrico y provocador Marilyn Manson. Luego de su última visita a Buenos Aires, 4 años atrás, dónde se presentó en el Club GEBA, volvió por quinta vez a nuestro país para hacer agitar a sus fieles seguidores con un show de lo más variado, haciendo un buen recorrido por la mayoría de sus discos. No faltaron sus micrófonos en forma de cuchilla y manopla, como tampoco sus atuendos mezcla entre gótico, glam, rock y metal. Como dato de color, se filtraron algunas de sus raras exigencias para su espectáculo, que incluían entre otras cosas, un camarín pintado absolutamente de negro con un aire acondicionado a 17 grados, además de tres heladeras de diferentes tamaños para guardar bebidas y hielo en cantidades groseras. También para comer pidió sashimi de atún para antes del show y un sándwich de pavo para después de finalizarlo.

A sus 47 años de edad, se lo ve más un tanto más viejo y a su vez calmado. No es el mismo Manson de sus últimas visitas, dónde se lo ha visto más desquiciado. Esta fue una versión más sobria. A lo largo de su presentación desfilaron un total de 13 temas que incluyeron clásicos como “mOBSCENE”; “The Dope Show”; el cover emblema de la banda “Sweet Dreams” (tema original de Eurythmics), en el que - al igual que en su videoclip corte difusión – salió a escena con unos altos zancos y palos para sostenerse, los que aportaron una nostalgia tétrica y oscura para los que recordamos ese video. Finalmente y como era de esperarse, cerró su show con el bien pogueado “The Beautiful People”, vistiendo la casaca de fútbol de la Selección Argentina, con el número 10 en su espalda y su apellido debajo. El show mantuvo una buena calidad de sonido y su voz no ha variado en absoluto. Se puede decir que cumplió con las expectativas y mantuvo un buen nivel de entretenimiento.

Finalmente llegamos al cierre de una tremenda jornada a puro metal industrial con la presencia alemana más esperada. Hablamos de Rammstein. Como si fueran parte de un engranaje de un reloj antiguo, 21.30 horas clavado, arrancó su show a puro despliegue técnico. Un escenario gigante repleto de luces y plataformas que se elevaban hicieron un verdadero y excelente espectáculo, donde uno podía sentir ver el interior de una fábrica metalúrgica con mucho hierro y óxido. El sonido fue óptimo. Una calidad suprema muy bien equilibrada y ecualizada. Abrieron el show con “Ramm 4”, seguido de “Reise, reise” y “Hallelujah”. Como nos tienen acostumbrados, el fuego, la pirotecnia y las explosiones fueron un eslabón clave en la puesta en escena. Para acompañar “Links 2-3-4”, “Ich will” y “Du hast”, sobre todo en este último, el fuego hizo actor principal, en el cual se “lanzaron” una especie de misiles desde la torre de sonido hacia el escenario y viceversa. El público, alucinado con lo que estaba viviendo.

En total sonaron de 18 temas, incluido “Stripped” (cover de Depeche Mode). Hicieron 2 bises: el primero compuesto por la tríada “Sonne”; “Amerika” y “Engel”, en donde Till Lindemann (vocalista de la banda) se pone unas alas de ángel, se eleva a una altura de mitad de escenario y comienza a tirar fuegos a su alrededor. Un gran final de show para despedirse de sus fans, pero la gente no dejaba de corear para que vuelvan tras bambalinas y toquen su único tema en español: “Te quiero puta!”. Finalmente decidieron complacer a sus seguidores y con dicho tema dieron oficialmente por terminado el Maximus Festival.

Esperemos que continúen este tipo de festivales con más bandas de este calibre y tengamos un gran calendario anual para deleitar nuestros oídos. El nivel de esta edición da la pauta de un buen futuro.

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