Deuda pendiente

Crónicas | Soilwork
Deuda pendiente
Texto: Carlos Noro | Fotos: Nacho Lunadei

Soilwork, una de los grandes referentes del death melódico sueco (aquel que puede ser extremo y melódico en partes iguales) tuvo una primera visita con gusto amargo. Acá te contamos por qué a veces lo extra musical afecta a lo que vemos en escena y poco podemos hacer para evitarlo.

Desde antes del inicio del show  dos indicios dieron la pauta de lo que después sucedería.  Por un lado resultó bastante extraño que un show  internacional dentro de la semana laboral y en un lugar con horarios bastante estandarizados como el Uniclub  (toda banda suele terminar bastante antes de las doce) recibiera el acto principal recién a las diez de la noche. Por el otro, charlando con algunos colegas un rumor cobraba cada vez más fuerza: todas las posibles entrevistas que se prefijaron en persona con la figura máxima de los suecos, el cantante Björn "Speed" Strid habían sido canceladas por un estado gripal muy fuerte que tenía al gigante a mal traer. “Necesita descansar mucho, no está bien”  fue el argumento de la producción para cancelar todo encuentro. Lo sucedido dio la pauta que la decisión no fue errada. Poco puede hacer la producción ante circunstancias que les son ajenas e inmanejables.

En este este contexto los suecos salieron a mostrar lo que saben hacer, pero sabiendo que la noche no sería fácil. Desde el inicio con “The Ride Majestic” enganchadas con “Nerve”  y The Chainheart Machine”  el escenario no era el mejor. La voz del grandote Strid se sentía visiblemente afectada por su estado. Entonces cada una de sus vocalizaciones perdía la agresividad que uno puede escuchar en sus discos o directamente se disipaba en los intermedios melódicos en los que utilizaba voz limpia. Efectivamente algo sucedía que afectaba su desempeño.

A nivel instrumental lo que se escuchaba no era mucho mejor. Casi como si estuvieran afectados por lo que le sucedía a su líder y único miembro original, la mezcla general batallaba entre convertirse en una bola de ruido indefinible en donde el gran afectado fue el tecladista Sven Karlsson que jamás se escuchó en toda la noche y cierta mejora cuando la canciones tenían cierto aire groovero y resignaban el tupá-tupá propio del death melódico sueco que Soilwork contribuyó a popularizar a mediados de los noventas.

Precisamente cuando el grupo transitó ese groove  en canciones como “The Living Infinite I” o “Tongue” que claramente los emparenta actualmente con propuestas cercanas al metalcore melódico, la figura del guitarrista David Andersson, que como dato de color es un miembro bastante reciente, cobró fuerza de líder poniéndose al grupo literalmente cobre sus espaldas algo que sucedería en repetidas ocasiones a lo largo de los cincuenta minutos que duró el show. En esos momentos el grupo pareció encontrar algo de la contundencia que uno espera de su propuesta,  hasta que casi como una broma del destino el estado de salud de Strid haría de las suyas.

Generosamente pendientes de lo que acontecía con su vocalista, el grupo se animó a realizar dos zapadas a lo largo del show para darle un poco de tiempo para recomponer la salud del grandote. Lo cierto es que ni siquiera la interesante mezcla con base blusera jazzera que armaron donde incluso el segundo guitarrista Sylvain Coudret pareció estar más libre que el resto de la noche, fue suficiente. Un Strid que salía del escenario agarrándose de las paredes hacía presagiar que a la presentación de los suecos le quedaría poco.

En este contexto,  “Bastard Chain” la última canción que sonó antes de la segunda de las zapadas, fue la que hizo visible dejó ver todas las dificultades del vocalista. Su gesto adusto y de dolor mostraba su cansancio y agobio. Tal vez por eso la sección instrumental duró aún más de lo previsto.

La vuelta al escenario mostró al cantante visiblemente contrariado y pidiendo disculpas por tener que cerrar el show con una última canción que fue “Stabbing the Drama”. “No doy más” alcanzó a decir para completar la descripción de su estado que había deslizado al principio del show ligándolo a un intenso estado gripal. Cierre definitivo, caras contariadas y la sensación que nueve canciones, sin varios de sus temas más reconocidos,  no sirven para conocer lo que pueden dar los suecos en profundidad. Aunque uno nunca sabe, difícil que haya otra posibilidad de comprobarlo. Veremos que sucede.

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