Oficio rockero

Crónicas | Whitesnake
Oficio rockero
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Noro
Estadio Malvinas Argentina ?

Whitesnake en una gira de grandes éxitos. Una banda contundente y un Coverdale en mejor estado que otras veces. Así lo vivimos.

Luego de ver una nueva versión de  Whitesnake en vivo las sensaciones son encontradas. Si uno ve por primera vez a la banda, tal vez piense que la elección de canciones es bastante indiscutible principalmente porque conjuga algo de setentas y los ochentas siguiendo la lógica del hit recordable. Lo cierto es que en mayor o menor medida cada una de las canciones que transitó esta nueva visita prevista para Tecnópolis pero que a último momento fue reprogramada por motivos no aclarados al Estadio Cubierto Malvinas Argentinas pueden ser ganadoras de una posible votación masiva a la hora de armar un posible set de grandes éxitos. Esto seguramente pensó Coverdale al armar su lista de canciones para este Greatest Hits Tour. Si el objetivo es dar público las canciones que quiere escuchar, la meta se cumple a la perfección. Cada una de las canciones es parte de los mejores momentos de la discografía de la serpiente blanca.

Para aquel que ha visto la banda en un par de ocasiones, es difícil no pensar que pasaría si el viejo y querido David se animase a indagar más en su repertorio y sorprendiera con su lado más blusero. Difícil que pase a juzgar por lo visto el último viernes en La Paternal.

Al mismo tiempo seríamos injustos si dijéramos que la versión 2016 da un mal show o principalmente que su propuesta es aburrida. Conocedor del paño Coverdale se ha sabido rodear de músicos con la suficiente calidad y variedad como para sostener un show de alto vuelo rockero.  En orden de mérito primero y principal es necesario nombrar a Tommy Aldridge (ex Ozzy Osbourne, Ted Nugent, Vinnie Moore y mil mas) como aquel responsable de sostener desde la batería la potencia de un show que más allá de los solos de guitarra, bajo y batería, no disminuirá en potencia durante toda la noche. Con 66 años fue sencillamente emocionante ver su desempeño individual promediando la melosa “Criying in the rain” en el que utilizó su marca registrada de reemplazar los palillos por sus propias manos siempre con el doble bombo sonando. Para muchos de los que estábamos viendo, significó nuevamente  la posibilidad de ver en acción un baterista con adn genuinamente setentotoso realizando a lo largo de la noche una exhibición impecable.

En las guitarras Reb Beach (ex Winger, Dokken y Alice Cooper entre otros) es a esta altura su ladero en la versión contemporánea de la banda. Con un estilo bien rockero y melódico aporta el gancho necesario para que las canciones cobren una fluidez orgánica, algo imprescindible fundamentalmente en las canciones de la primera época del grupo. Con su aporte “Slow and easy” cobró fuerza de Rythm and Blues y fue un momento alto gracias a su interpretación. En la otra guitarra de ninguna manera podríamos decir que es casualidad que el recientemente incorporado  Joel Hoekstra ( ex Night Ranger, Trans Siberian Orchestra entre otros) recuerde  desde su aspecto físico a dos pesos pesados que transitaron una de las épocas doradas de la serpiente, John Sykes y Adrian Vandenberg. Su función es la misma que se exigía a aquellos guitarristas y que incluso llegó a cumplir en algún momento Steve Vai: aportar un sonido más técnico y virtuoso a la propuesta general del grupo. Sin mucho despliegue, el rubio lo logró con contundencia  imponer su estilo en  las canciones más ochentosas del grupo como “The Deeper and The Love”, “Bad Boys”  o “Still Of the Night”, a pesar de  que su solo al igual que el de Beach, haya resultado aburrido e innecesario más allá de ser un momento de descanso para las cuerdas vocales del cantante.

Precisamente a la hora de evaluar las cuerdas vocales de Coverdale, es bueno realizar un par de aclaraciones. A esta altura no es ninguna novedad de que su garganta ha sido afectada considerablemente por el paso del tiempo. En este punto ingresaron con fuerza protagonica los dos últimos integrantes de la banda.  Tanto Michael Devin (ex Lynch Mob, Jason Bonham's Led Zeppelin Experience)  como el italiano Michelle Luppi (ex Vision Divine) cumplieron una función clara mása allá de su aporte instrumental. Tanto uno como el otro, con muy buenas y voces junto con la ayuda de Beach y Hoekstra en algunos casos puntuales, sirvieron de soporte vocal para un Coverdale  que a pesar de estar en mejor estado que en otras ocasiones, recurrió de este artilugio válido para sostener su desempeño. Así canciones como “Love Ain’t No Strager” y “Fool For Your Loving” sonaron como fueron concebidas, más allá del paso del tiempo. En esos momentos Whitesnake demostró el peso de su historia e hizo explotar al estadio casi colmado. Brilló Coverdale y brilló la banda en su plenitud. Seguramente para todos los asistentes, esos momentos habrán valido el precio de la entrada.

El resto del set se basó, como dijimos, en un recorrido básico por la discografía de la serpiente blanca. Entonces todo el estadio fue esta vez el que le dio una mano enorme al viejo y querido David para “Is this Love” o “Here I Go Again” en otros de los momentos emotivos, al igual que el frenesí  rockero de “Give Me all Your Love” o la sospresiva “Judgement Day” que contrastó para bien , con la oscuridad y pesadez que propuso, con el resto del set 

El cierre con la ya mencionada “Still Of The Night” y una versión de “Burn” que hizo extrañar a Glenn Hughes que había estado el miércoles en el Teatro Vorterix, dejaron la sensación de un show divertido y manejado con el oficio suficiente para no hacer agua. La gran pregunta es cuánto de la serpiente blanca habrá en el futuro.  Como no lo sabremos, nos quedamos con la alegría de haberla visto de nuevo entre nosotros.

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