El CV del ingeniero

Crónicas | Alan Parsons Live Project
El CV del ingeniero
Texto: Carlos Noro | Fotos: José Becerra

Cuando un piensa que en el Currículum Vitae de Alan Parsons incluye el haber sido Ingeniero de Sonido en Abbey Road (The Beatles), Atom Heart Mother (Pink Floyd), The Dark Side of the Moon (Pink Floyd) y más recientemente The Raven That Refused to Sing (And Other Stories) (Steven Wilson) hay muy poco que discutir en cuanto a su lugar en la historia. En la época donde la experimentación sonora no contaba con la ayuda de lo digital, fue un innovador y abrió el camino para muchos. Aún hoy se siguen destacando sus innovaciones en cuanto a lo que implica disponer los requisitos técnicos para que las ideas musicales tomen forma real y concreta.

Entonces un show de Alan Parsons Live Project (una denominación actual de su propia y exitosa carrera musical que inició a finales de los setentas con gran éxito comercial) se caracteriza primero y principal por lograr un sonido perfecto. Un lugar complejo como el Luna Park (que suele tener tantas buenas como malas noches en cuanto a sonido) esta vez no falló. Como pocas veces propuso una claridad y una nitidez pocas veces escuchada.

En el contexto de un Luna Park casi lleno, la gran particularidad de la noche fue la composición del público que ocupó la mayoría de las butacas. Esta vez no encontramos esa heterogeneridad rockera a la que estamos acostumbrados. Una propuesta como Alan Parsons podría incluirse tranquilamente dentro del género A.O.R (Adult Orient Rock o rock orientado para adultos) que aquí fue muy popular en radios como Aspen Classic. No hubo ni voluptuosidad rockera ni sonidos hiperdistorsionados. La propuesta pasó por la sutileza y ahí ganó vuelo. Un público masculino y femenino que en general rondó los cincuenta años tuvo su momento de disfrute principalmente porque hubo un set pensado para lograr ese objetivo.

Entonces desde el  inicio con “I Robot” hasta el final con “Games People Play”  una interesante tensión atravezó la propuesta general de un set sostenido exclusivamente en recorrer los hits de la carrera proyectual de Parsons. En este punto nos encontramos con una banda que no le tuvo miedo a sonar radiable “Damned If I Do”,  a sonar ochentosa en “Psychobabble”, a proponer baladas bien edulcoradas en “Don't Let It Show”,  “Don’t Answer Me” o “Days Are Numbers”  pero siempre pareció tener en mente que por detrás de cada canción hay una impronta sinfónica y progresiva que sostiene la propuesta. Cuando el grupo orientó sus canciones a ese espacio musical, canciones como “Luciferama”, la suite de dieciséis minutos llamada “The Turn of a Friendly Card”, el mini medley entre “Breakdown/The Raven” la oscura “(The System of) Dr. Tarr and Professor Fether” derivada del disco inspirado en Edgar Alan Poe que inició la carrera de Parsons, la banda tomó un interesante vuelo siempre sutil y extremadamente prolijo en donde cada integrante se permitió proponer lo que sabe hacer con su instrumento mientras parte del público transitaba su propio viaje

En este sentido es necesario hacer hincapié tanto en la virtud de cada integrante para lograr el protagonismo del que hablamos y refrendarlo en el escenario. Con una ordenada presentación en la que cada quien era mencionado por Parsons en el momento en que el músico cobraba protagonismo como voz principal, lo interesante fue percibir que para aquellos que desconocíamos esta formación de este Live Project, a lo largo del set cada músico tomó un protagonismo más que interesante. P.J. Olsson (voces y guitarra), Guy Erez (bajo), Todd Cooper en saxo y voces, y Dan Tracey (guitarra y voces), y Tom Brooks y Manny Focarazzo (teclados),  Danny Thompson (batería) y  Alastair Greene en guitarra y voces fueron rotando sus lugares a lo largo del show, al igual que Parsons quien desde una tarima al lado de la batería ejecutó la guitarra, el teclado y cantó en varias ocasiones. De esta manera hubo momentos más que interesantes en el que la banda se transformó en un coro de siete voces de impecable performance logrando una armonía poco frecuente en propuestas más contemporáneas. Es bueno destacar en este sentido los desempeños de Thompson y Greene, indudablemente los encargados de brindar al sonido general una impronta algo más rockera lo que le dio el dinamismo necesario para el fluir de las canciones.  

La sensación final luego de un efusivo aplauso del público, fue la de haber visto un show donde todo salió como había sido pensado. Tal vez poniendo en juego su curriculum Alan Parsons supo hacer presente su propio proyecto. Su público agradecido.

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