No fue magia

Crónicas | Sebastian Bach
No fue magia
Texto: Carlos Noro | Fotos: José Becerra

Esta vez Sebastián Bach vino a la argentina a amigarse con su pasado. Pasó Hendrix, Rush, Aerosmith, alguna remera de Kiss y por supuesto Skid Row. Te contamos como estuvo.

Un matrimonio es como una banda, te ponés de novio, te enamoras, pasas lindos momentos, elegís convivir y el final es incierto. Algunas parejas y bandas siguen viviendo juntas toda la vida. Otras deciden separarse y ahí empieza a plantearse una pregunta clave ¿Cómo se hace  la división de bienes? La respuesta es compleja y en el caso de las bandas, que es lo que realmente nos importa, solo el tiempo da la razón de quién en definitiva se queda con la parte más sustancial de lo que sucedió en la historia

Un día, un exitoso matrimonio llamado Skid Row, terminó de manera abrupta. Los músicos se quedaron con el nombre y el cantante, Sebastián Bach, se fue a intentar desarrollar su carrera solista. Para los dos los resultados fueron erráticos. Los primeros quisieron continuar la magia y no lograron encontrar ni las canciones, ni un cantante que pudiera mantenerla; el segundo luego de un extenso periodo de búsqueda recién en el último tiempo pudo lograr un disco solista decente. Eso sí siempre mezcló sus composiciones propias con la de su vieja  banda, algo lógico si pensamos lo difícil que es pensarla sin su figura, que no paró de deambular en los videoclips de finales de los ochenta y principios de los noventas.

Lo cierto es que la última noticia que se tenía de la posible reunión de Skid Row fue a principios de este año. Subidos a la esperada reunión de Guns and Roses y la amistad entre Sebastian y Axl algunos especularon sin fundamento que una juntada era probable. No pasó. La banda siguió en la suya intentando con un nuevo cantante y el rubio siguió girando como si nada.

Tal vez entendiendo que las posibilidades de amigarse son nulas, dando lo que la gente quiere escuchar, queriendo decir que la magia de la que hablábamos está de su parte o simplemente argumentando con mezcla de las tres; esta vez Sebastián Bach se animó de una vez por todo a  hacerse cargo de su historia realizando un set con los clásicos de la banda que lo hizo famoso.

Esto suena raro para el que no fue al show, pero no tanto para los que estuvimos presentes, principalmente porque desde el comienzo la idea fue clara. Una desprolija versión de  “Little Wing” de Hendrix  dio paso a una seguidilla de ¡seis! baladas de Skid Row que literalmente hicieron explotar a un público que no había llenado el Teatro de Flores,  pero que mostraba una interesante mezcla de público masculino y femenino. “Breakin' Down”, “18 and Life”, “Wasted Time”, “Quicksand Jesus”, e “I Remember You”  fueron las elegidas y mostraron un poco la actualidad del rubio. Es cierto que con el tiempo ha ido bajando algunos tonos su desempeño y que le cuesta muchísimo transitar los momentos en que las canciones piden ir arriba. Cierto es también que como pocos se ha ido convirtiendo alguien con un manejo impecable del escenario y de la interacción con el público. Entonces, cuando no le da el cuero para transitar un fraseo de alguna canción hace cantar el público, aleja el micrófono, sonríe o arenga para que la gente participe, mientras que entre canción y canción habla un castellano horrible que causa risa. La sensación es que puede hacer cualquier cosa y saldrá impune, incluso interrumpir “I remember…” porque ve a uno en el público peleándose.  Esa manera de estar atento a lo que pasa con la gente le permite esconder las debilidades de su desempeño.  Lo bueno es que lo sabe y es su gran victoria es no esconderlo y reírse de eso.

Un polémico interludio con “Back in the Saddle” de Aerosmith sin la banda en el escenario, fue la manera de que el show fuera subiendo en intensidad rockera.  Aquí es bueno hacer una salvedad, es indudable que las necesidades de un set como este pasan principalmente porque el sonido tenga la soltura del rock y no la dureza del metal, entonces pareció extraño que un baterista como Bobby Jarzombek (Halford, Fates Warning), no sea capaz de encontrar ese pulso rockero necesario para el fluir de las canciones.  Algo desganado y literalmente sacándose las canciones de encima, ni siquiera en la pesadez de “Slave to the Grind” logró afinar la puntería obligando aún más a que Bach convierta su show de rebolear el micrófono en el leit motiv de la canción. Para colmo el resto de los integrantes tampoco sumaron como lo esperado. Rob De Luca en bajo (ex UFO), y un nuevo guitarrista Brent Woods (ex de los glammers Wild Side) tampoco lograron plasmar el espíritu de la canciones. Si bien en “The Threat” lograron aportar algo de onda, lo mismo que en “Rattlesnake Shake” fue decididamente errónea la decisión de meterle distorsión a la onda blusera de “Monkey Business” que mixturaron con una interesante versión de “Tom Sawyer” de Rush. Lo mismo sucedió en canciones comoAmerican Metalhead” cover de PainMuseum banda donde tocaba Jarzombek o en “Piece Of Me” con la polémica decisión de hacerla más aguerrida pero perdiendo el feeling en el contexto de un sonido que para colmo de males, no se terminó de acomodar.

De esta forma a la hora del cierre con bandera argentina en mano, una intensa versión de “Youth Gone Wild” y el cover de AC/DC “T.N.T” la sensación fue que el show había valido la pena por la fuerza de las canciones y por el carisma de Sebastian. Imposible aburrirse en un show de estas características, a pesar de que técnicamente no haya sido lo mejor que hayamos visto del rubio en Argentina. Por más que la magia haya quedado de su lado, esta vez solo con ella no alcanzó. Veremos que sucede la próxima.

 

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