El oceáno interior

Crónicas
El oceáno interior
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Con un The Roxy solo para elegidos, los alemanes de The Ocean trajeron su particular mezcla de música progresiva, sludge, post rock y viaje introspectivo. Este fue el resultado.

Mirando en retrospectiva no fue casual que en la entrevista que le hiciéramos la semana pasada, la mente maestra de The Ocean Robin Staps insistiera en el carácter conceptual de la banda ligado a las profundidades oceánicas y a las profundidades del ser humano. Pelagial  es el disco capaz de unir estas dos dimensiones densas, oscuras y profundas en la obra de los alemanes y tal vez la obra más acabada de los germanos. Entonces tampoco fue casual que casi todo el set se remitiera a tocar el disco de punta a punta transformando el show en un verdadero relato musical de lo que sucede al ser humano cuando bucea en lo más profundo del interior.

En este contexto la banda dirigida por el ya mencionado Straps, un verdadero militante del Do It Yourself incluso vendiendo sin dramas su merch antes del show, se dedicó a tratar de trasladar la diversidad de atmósferas y la intensidad de ese disco al vivo y en directo, un desafío bastante complejo si conocemos la complejidad vocal e instrumental que propone cada obra de los alemmanes.

Desde el inicio con “Mesopelagic: Into the Uncanny” hasta el final con la épica “Benthic: The Origin of Our Wishes” la banda se dedicó desde lo instrumental a tratar de calcar aquello logrado en estudio. A tal punto llegó esta obsesión que el mismo Staps eleigió la arriesgada opción de tocar todo el set con pistas programadas incluyendo incluso sus efectos de guitarra lo que le permitía solo dedicarse a tocar su guitarra excluyendo los miles de efectos y pedales necesarios para dar curso a cada canción. En este contexto no hubo mucha opción, si alguno de los músicos olvidaba alguna parte, el resultado sería fatal causando un descalabro difícil de describir. Entonces canciones como  “Bathyalpelagic II: The Wish in Dreams” donde el grupo fue desde lo más extremo a lo melódico sin ninguna mediación, “Abyssopelagic II: Signals of Anxiety” en donde la banda creó las clásicas paredes sonoras tan típicas del post rock,  “Hadopelagic I: Omen of the Deep” donde el sonido hizo recordar al sludge más pantanoso o “Hadopelagic II: Let Them Believe” donde la referencia a Tool fue más que evidente, necesitaron  una comunión colectiva (no olvidar que la banda se hace llamar The Ocean Collective también) que no tuvo fisuras principalmente porque la concentración tuvo niveles extremos.

Sin embargo, este contexto y sostenido por una impecable apuesta visual en video que todo el tiempo recordaba que las canciones no solo navegan por las profundidades del mar sino también por la mente del ser humano, hubo un protagonista inesperado. Frente al estatismo propio de este tipo de propuestas (con músicos y cantantes más acostumbrados a ejecutar sus instrumentos que a interactuar con el público) aparecería sorpresivamente la figura del cantante Loïc Rossetti quien sabiendo que era el único no comprometido en la ingeniería instrumental de las canciones, transformó los interludios más extremos en una especie de catarsis física que lo hizo arrojarse al público en repetidas ocasiones, subirse a la valla, cantar en el medio del público, dejarse arrastrar coherentemente en un pequeño mar de manos y por sobre todo darle una impronta cuasi hardcore a los momentos más pesados de los alemanes. Sin descuidar el aspecto vocal (impecable en los fraseos más cantados, agresivo en los momentos más extremos) la sensación fue que le puso el cuerpo a la propuesta de una manera sorprendente construyendo en definitiva dos maneras de entender la música (la ejecución musical en sí y el desempeño vocal) que a pesar de parecer excluyentes convivieron sin problema.

El cierre fue para dos canciones del resto de la discografía “Rhyacian: Untimely Meditations” y “Firmament” que a pesar de sufrir una pequeña confusión instrumental fueron un plus a un show que con Pelagial había valido por sí mismo. La sensación es que habíamos nadado sin rumbo pero había sucedido en nuestro inconsciente. Gran viaje. 

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