Cuando las canciones hablan

Crónicas | Ricardo Iorio
Cuando las canciones hablan
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro

Nos fuimos hasta Ramos Mejía (el curioso microestadio del boliche Pinar de Rocha) a ver el debut de Ricardo Iorio con su proyecto en Buenos Aires. Él mismo y sus canciones tomaron la palabra.

Es claro que Ricardo Iorio es de esos tipos que tienen la fortaleza necesaria para reinvertarse. Así como hizo primero con V8, luego con Hermética y sorpresivamente ahora en Almafuerte; le toca empezar de nuevo. Por primera vez eligió  continuar con un proyecto solista que a diferencia de las otras rupturas ya había comenzado a insinuar con tres discos Ayer deseo, hoy realidad (2008), Tangos y milongas (2014) y Atesorando en los cielos (2015) que se sumaron al ya lejano Peso Argento que había editado en 1997 en colaboración con Flavio Cianciarulo de los Fabulosos Cadillacs. Esta vez bajo su apellido Ricardo eligió armar una banda extensa y ecléctica. Primero reclutó a Walter Adrian Martinez para muchos el mejor baterista que pasó por Almafuerte,  acompañado con su hermano Ruben Martinez en guitarra. A ellos  les sumó a los muy jóvenes Alejo Leon (Primera Guitarra), Joana Gieco (Teclados), Facundo L. Leon (Bajo) y como músicos invitados a Carina Alfie (guitarrista de Atesorando…) y Carlitos Cordone y Jorge Cordone quienes aportan la impronta tanguera pero que esta vez no fueron de la partida.

También a diferencia de otras rupturas y a pesar de que promediando el show Iorio diga “es difícil empezar de nuevo” se ve al cantante amigado con su propia historia. Entonces no fue casual que las primeras canciones remitieran al pasado más reciente, lo que implicó recorrer Almafuerte haciendo especial hincapié en los sus dos primeros discos Mundo Guanaco y Del entorno pero sin dejar de dar cuenta del resto de la historia. Así pasaron “Los delirios del defacto” una genial letra contra la dictadura, “1999” todo un síntoma de época pre crisis 2001 y “Sentir Indiano” un sincero homenaje a las culturas originarias entre otras que fueron construyendo esta primer parte dedicada a revisar lo más inspirado de la última parte de su carrera musical. Gran sorpresa fue en este comienzo la solvencia de la banda en especial la del jovencísimo Alejo Leon al quien no le tembló el pulso a la hora de ponerse en los zapatos del enorme Tano Marciello en el contexto de una banda con un sonido pesado y contundente principalmente sostenido en una baterista como Martinez muy conocedor de lo que implica manejar las variantes propias del metal pesado argento y en la contundencia de la base construida por Rubén Martinez y Alejo Leon que no decayó en ningún momento a lo largo de la noche.

Con un Iorio locuaz para bien y para mal  dejando frases interesantes entre tema y tema “si no hubiéramos elegido esto, sería ausencia”, por momentos balbuceando y en otros derrapando lo más interesante de la noche sucedió cuando sus canciones hablaron por sí mismas. “Se vos” fue cantada a los gritos por las más de tres mil personas y como es lógico fue difícil escuchar a Ricardo. Algo similar pasó con “Memoria de siglos” de la H, “Toro y pampa” de Almafuerte y “Voy a enloquecer” aquella canción con lírica  cambiada de V8. Las tres sonaron intensas, pesadas y contundentes. Desde lo instrumental contagiaron emoción y potencia, mientras que Iorio con la ayuda ocasional de un atril para leer las canciones (algo que por cierto fue una gran idea y le dio un aire pintoresco a su desempeño) supo interpretar cada frase con pasión. El resultado fue un público que a pesar de expresar su fanatismo desde el comienzo (Iorio es lo más grande del heavy nacional se cantaba antes del comienzo del show) renovó su amor que a esta altura es incondicional.

El instrumental “Horizonte Perdido” fue la introducción a un bizarro intermedio denominado Iorio Tv que incluyó una serie de fragmentos del programa de Capusotto así como también imágenes de sketchs de Fernando Peña mezclados con José Larralde y Juan Domingo Perón entre otros. Demasiado extenso y desgraciadamente reemplazo del interludio tanguero que venía haciendo, no fue muy bien recibido por el público que rápidamente pidió la vuelta de la banda al escenario.

Precisamente la vuelta incluyó la presencia de Alfie en el escenario para interpretar algunas canciones de “Atravezando…” mezclada con clásicos. Pasó “Guitarrera” bien rockera, una versión de “Robo un auto” muy prolijamente ejecutada por la guitarrista que le suma a la banda perfección instrumental para cerrar con una hermosísima versión de “Justo que te vas” con el recuerdo a los amigos de Iorio  y en donde Carina y Ricardo emularon por unos segundos la clásica foto de Randy Rhoads sostenido por Ozzy Osbourne.

La última parte del show con la vuelta de Alejo Leon a la primera viola fue una intensa demostración de lo que significa la carrera de Iorio para la música pesada argentina. Letrista impecable y capaz de dar cuenta de lo que ha pasado en el país a lo largo de los últimos cuarenta años, en ningún momento uno siente que este es un shows de covers. Esas canciones indudablemente le pertenecen. La ausencia de un hermano  en “Atravesando todo límite”, la exclusión en “Cuando duerme la ciudad”, la amistad metalera en “Amistades de tierra adentro” la opresión y la hipocresía del sistema  en “Tú eres su seguridad”, la persecución policial  en  “Presa fácil” y la amistades perdidas en “Del más allá” fueron los temas transitados desde lo lírico con un Iorio lógicamente cansado a raíz de un show tan intenso pero capaz de poner en juego su oficio interpretativo para dar cuenta de la particularidad de cada canción. Desde lo instrumental cada una de ellas fue buscando el gancho, la velocidad o la necesidad necesaria. En este sentido “Cuando duerme…” fue un punto alto construyendo un clima bien sabbathico sostenido en los teclados de Joana Gieco.

El cierre con “El amasijo de un gran sueño” fue el punto final del show y una declaración de principios. “Fue sin un porqué/mi gran sueños amasijado/mucho lo lloré/por inesperado cantó Ricardo en aquel momento refiriéndose a la ruptura de la H y en este a lo sucedido con Almafuerte. La sensación es que a estar altura es capaz de seguir confiando en sus propios sueños y que aquello que se pierde se transforma en otra cosa, esta vez conjugando pasado, presente y futuro. A seguir dejando que las canciones hablen por sí mismas. El buen camino estará asegurado.

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