Hay una banda

Crónicas | Oconnor
Hay una banda
Texto: Carlo Noro | Fotos: José Becerra

Oconnor presentó “La grieta” y demostró que más allá de la historia hay un presente que el que el todo, es más que la suma de las partes.

A diferencia de otras propuestas solistas en las que es imprescindible figura principal, Claudio O´connor ha sabido delegar responsabilidades y construir una banda en el más amplio sentido de la palabra. Sería injusto decir que su presencia no es importante, pero aún más injusto sería afirmar que todo lo que sucede tanto en los discos como sobre el escenario, remite solamente a lo que pueda generar él.

En este sentido desde el comienzo del set con dos canciones de La  Grieta “Diminitudes” y “Espejismos del Edén”, el muy buen disco a presentar durante la noche, las impresiones fueron claras. Por un lado con esta reciente formación con dos guitarras incluyendo a Iván Iñiguez y Fernando Cosenza quienes se repartieron a lo largo de la noche el rol de la guitarra rítmica y los solos; la banda ha ganado cuerpo y contundencia. Canciones como “Pagando por tu actitud”, “Enroscando al mundo” o “1976” sonaron renovadas y a la vez reflejaron la contundencia en que propone la banda. Precisamente mucha de la contundencia que uno puede percibir en vivo se debe a la interacción entre el bajo de Hernán García y la batería de Pablo Naydón. Los dos, grandes responsables de que Oconnor pueda ser denominada una banda y no como un proyecto solista principalmente desde el empuje y la composición que han  sabido proponer, aportan distintas cuestiones al desenvolvimiento general del grupo en vivo. El primero es el gran responsable de conducir a las canciones hacia el sonido Sabbathico que es el leitmotiv del grupo desde su inicio en 1999. Un bajo protagonista y que sabe dibujar riffs recorre cada canción con las características que el genial Geezer Butler supo enseñar. El segundo tiene la precisión necesaria para que cada canción tenga su propia impronta, por lo que el sonido es rockero, heavy o melódico según las necesidades mientras aporta desde los coros, cierto clima para darle más cuerpo a las canciones.

Entonces, de alguna manera la figura de Claudio O´connor se ve sostenida instrumentalmente por una banda que además de potenciar las capacidades de cada integrante, lograr una mezcla en vivo perfecta lo que hace al show muy disfrutable en franco contraste con otras propuestas que eligen el sonido brutal casi como una vulgar demostración de poder. Si a esto le sumamos que la pantalla gigante por detrás dela batería sirve para relatar algunos momentos de las canciones y  que las luces aportan muchísimo a los climas de cada tema, nos queda solamente relatar cual fue la respuesta vocal de Claudio en vivo. Sin exagerar y haciendo la salvedad de que quien escribe lo había visto con esta propuesta solamente una vez en vivo hace muchísimo tiempo, aquí O´connor muestra por propio mérito su capacidad como cantante que lo posiciona como una de las voces más importantes de la música pesada argentina. Hiper concentrado a la hora de ejecutar vocalmente cada canción, sonó melódico, rockero y agresivo según lo que pedía cada tema. Sin apelar a la demagogia ni intercambiar palabras con el público (más allá de alguna arenga o de una intervención puntual para frenar un conflicto innecesario dentro del pogo) cada intervención suya dio sentido a lo que sucedía en escena. Entonces una canción como “Jinetes del Rock” (un literal homenaje a Black Sabbath que para algunos puede sonar algo kitsch) en vivo logró una fuerza y una oscuridad descomunal, dando la pauta de que en directo el grupo sube varios puntos sus composiciones. Algo similar sucedió con la honestísima “Bendecidos”, con la pesada y políticamente actual “Egos en liquidación” y  con “Lo que más duele” con el inconfundible aire al Ozzy Osbourne de los ochentas mezclada con un estribillo impecable.

En este contexto a la hora del cierre, el quinteto transitó todos los estados planteados a lo largo del show. Fue intensa y veloz con “Caníbal”, melódica y con el público cantando en “Río Extraño” y finalmente bien rockera con en imprescindible “Se Extraña Araña” que tuvo como a lo largo de la noche el aroma a las distintas encarnaciones de la bruja negra. Un pequeño momento de descanso dio paso a los bises con una versión pesada de “Ana no duerme” de Almendra (canción que el grupo suele elegir para cerrar los shows) y una gran versión de “Memoria de siglos” el enorme tema de Hermética que por el propio mérito del quinteto no tuvo ningún tipo de presencia durante la noche. Gran show con una propuesta que brilla por mérito propio. No es poco. 

, , , , , , , , ,