Volver a los diecisiete

Crónicas
Volver a los diecisiete
Texto: Carlos Noro | Fotos: Silvina Morsenti

Si hay algo que define al punk es ese sentimiento de eterno adolescente. En ese lugar se sitúan los muchachos de Descendents que a lo largo de su carrera han elegido hablarles a aquellos que no son ni lindos, ni populares, aquellos que viven a un lado del camino y claman porque las cosas cambien.

 Los vascos de Berri Txarrak fueron una interesante manera de calentar el ambiente. Sería injusto situarlos dentro del punk principalmente porque su propuesta toma influencias del rock alternativo, del hardcore y de muchos otros estilos. De ejecución precisa y con mucho despliegue, dieron un gran show a todo volumen. Poco importó que cantaran en vasco. Seguramente algo de la lucha de su pueblo está presente entre nosotros.

“Ustedes saben que en Estados Unidos ganó un tipo que se llama Donald Trump. Más que nunca todo es una mierda” fue la frase introductoria que dio inicio a Descendents en Argentina a “Everything Sux” todas una declaración de principios para una de las bandas más esperadas para los que promedian los treinta y pico y todavía rememoran sus días de juventud.

Tal vez por eso aunque uno vea en escena cuatro tipos grandes;  Stephen Egerton, Karl Alvarez  y Bill Stevenson junto a un Milo Aukerman quien continúa cimentando su fama de nerd con su aspecto físico y su profesión paralela de bioquímico que aún mantiene,  lo cierto es que cada uno de los que fue al Teatro Flores (músicos inclusive) dejaron por un rato de lado su achaques para volver a los diecisiete solamente por una noche.

Entonces a medida que van transcurriendo las canciones el nivel de efervescencia no aumenta principalmente porque nunca disminuye. Cada canción que va transcurriendo, entre las que podrían destacarse  “Hope”, “Rotting Out‘Pervert”, “Clean Sheets”, “My Dad Sucks” y “Silly Girl” principalmente porque el pogo y el mosh se potencian exponencialmente, generan tal nivel de alegría que es imposible mantenerse ajeno: todos participan, todos saltan y todos están enganchados con lo que sucede en el escenario.

Precisamente es admirable que pese al calor y al cansancio la intensidad no disminuya. Stevenson el único miembro fundador en los papeles propone desde los parches lo que necesita cada canción: un golpe simple pero preciso y contundente que sostenga la melodía y  la velocidad que hermanados construyen Alvarez y Egerton. Lo de Milo es un caso aparte. Además de que una caricatura suya sea la gráfica más reconocible de la banda (cuenta la historia que dejó varias veces el grupo para dedicarse a la universidad) físicamente es el prototipo del ratón de biblioteca, al punto de utilizar anteojos de marco bien grueso y una mochila de hidratación para mantener su nivel de líquido estable a lo largo del show. Sin embargo y contrarío a lo que podría esperarse, lo suyo es literalmente el corazón de Descendents. Canciones como “Nothing With You” o las pertenecientes al  reciente Hypercaffium Spazzinate como “Victim of Me” o “Shameless Halo” generan una intensidad indefinible. Más allá de que el sonido sea  solo aceptable,  la sensación es que las ganas de estar en el aquí y ahora de banda y público pueden superar cualquier contratiempo.

A lo largo de la noche y a través de una treintena de temas la sensación es que la banda viene a saldar una deuda, principalmente porque las circunstancias mencionadas con respecto a la profesión de Milo no han permitido a lo largo del tiempo que el grupo gire con mucha intensidad. Seguramente por esta razón suenan temas de todas las épocas como “Myage”, “I Don’t Want to Grow Up”  “I´m the one”  o “Bikeage” y en ellos se puede percibir como toda una generación que  hizo ingresar el punk al mainstream (un ejemplo podría ser Blink 182) estuvo demasiado influenciada por esta propuesta sin la contundencia y la efectividad de los originales.

El final, luego de más de una hora de canciones que sostuvieron  con alegría y picardía ese épica del perdedor que funciona como un outsider del sistema que mencionamos anteriormente;  fue intenso pero raro. Luego de un primer bis en el que sonaron “Feel This”, “Sour Grapes”,”On Paper” y “Catalina” Stevenson invitó a la banda a retirarse. Sin opacar nada de lo sucedido pero con un escueto “somos profesionales” que tal vez estuvo relacionado con un inconveniente de sonido, el cierre fue para “Smile” con un público extenuando, transpirado pero feliz.  La sensación es que para los que estuvieron fue una oportunidad única para ver una de las bandas de sus vidas y de volver a los diecisiete por una noche. Inolvidable y perfecta para muchos. Ojalá vuelvan, recién se fueron y ya los extrañamos.

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