Festipez: Una buena noticia.

Crónicas
Festipez: Una buena noticia.
Texto: Carlos Noro | Video: Jorge Sebastián Noro

La vuelta del Festipez (luego de que el mismísimo Minimal nos había dicho hace un tiempo que sentía que había perdido algo de la idea original) es una buena noticia en varios sentidos. Primero porque permite ver a cuatro bandas bien distintas arriba de un escenario importante, con buen sonido y con las comodidades suficientes para que el público disfrute. Segundo porque si uno hace cálculos, pagar 350 pesos en puerta por estas cuatro bandas parece irrisorio. Tercero, por lo que implica el festival en sí desde el punto de vista del público. Un Patio del Konex lleno con más de 2000 personas es un gran número, es una prueba suficiente de que la juntada funciona y da ganas de más. Cuarto y no menor, una interesante justicia poética a la hora de repartir el backline. Algo infrecuente, todas las bandas compartieron la misma equipada con un sonido perfecto gracias a Mauro Taranto y Ramiro “Rama” Nogueiras quienes se repartieron las perillas y su capacidad superlativa para potenciar cada propuesta.

Futbol: No detenga su motor.

Tempranito y puntualmente a las 5 de la tarde Fútbol subió al escenario. Con un Konex que recién se iba poblando pero que ya contaba con una interesante cantidad de gente (recordemos que desde hace una semana el calor sigue siendo obstinado en Buenos Aires) fue curioso como los que iban llegando se ubicaban en el sector derecho del escenario. ¿La razón? Al menos al principio del set que arrancó con “Terraplén” aquel espacio contaba con un respetable sector de sombra, por lo tanto, Federico Terranova en violín y algunas voces, fue el más mirado en un primer momento. Luego la sombra fue ocupando el resto del lugar y el público fue espaciándose sin problemas. Si uno tiene que elegir un adjetivo para definir el trío (que completan Juan Pablo Gambarini en guitarra y Santiago Douton en batería y voz) seguramente sería alguno que transite entre la velocidad e intensidad. Siempre excesivos y alegres la música de Fútbol es rápida, simple y por momentos compleja, algo que puede sonar contradictorio pero que cuando uno ve a la banda en vivo comprende a la perfección. Entendiendo que continúan la presentación de su disco Favio (una especie de alegoría relacionada al cineasta y a la cultura popular) propusieron una lista de temas que en la primera parte se refirió al disco en cuestión y en la segunda recorrió el resto de su discografía que puede ir desde lo irónico “Barquillero” hasta lo histórico “Ceferino”, lo popular “Las golondrinas” o lo insólito “Madre” sin mediar ninguna explicación en el medio. El cierre en el medio de aplausos dejó a la mayoría con una sonrisa en el rostro. A toda velocidad Futbol contagia alegría y eso en los tiempos que vivimos, no es poco. Véanlos en vivo, no se van a arrepentir.

Sur Oculto: La gran montaña musical

Los cordobeses de Sur Oculto desde hace tiempo son mencionados como una de las bandas a las que hay que prestarle atención principalmente por lo que generan en vivo. Lo cierto es que a pesar de proponer un formato de trío infrecuente (Sebastián Teves en bajo, Emanuel Borgna en batería y Andrés Arias en teclas) cuando uno escucha lo que suenan parece poco creíble que haya solo tres personas detrás de los instrumentos. Capaces de establecer alianzas internas a lo largo de las canciones, lo que por momentos potencian las secciones rítmicas y por momentos deja libertad para narrar individual y musicalmente lo que sucede, la gran virtud de los muchachos es no dejarse atrapar por ningún estilo. Entonces su ¿Rock progresivo? ¿Post rock? ¿Rock Instrumental? es intenso, melódico, climático y en los momentos de climax construye una pared sonora que permite escalar hacia otra dimensión. A lo largo de su set uno tranquilamente puede imaginar que está viendo una especie de soundtrack  fílmico sostenido en el nivel de dramatismo que logran con algunos pasajes. El cierre deja con ganas de más y abre la pregunta de cuanto de improvisación tiene lo que se ve y escucha en el escenario. La sensación es que para ellos la música es un estado de ánimo arrollador y envolvente. Impecables.

Poseidotica: El viaje hacia otra dimensión.

A esta altura es difícil pensar un show de Poseidotica sin las visuales que acompañan cada una de las canciones. Con el tiempo para el quinteto se ha convertido en vital importancia generar un impacto visual que complemente su propuesta musical. Lo han logrado con trabajo, imaginación y calidad, lo que ha ampliado aún más su alcance y su manera de entender la idea de dar un espectáculo. Entonces, si hubiera que definir en que consiste mezclar el rock con la psicodelia en nuestros días, acá está la respuesta. Tal vez por eso y por esta búsqueda permanente de crear una multiplicidad de sentidos, el cuarteto es hoy una de las bandas que tranquilamente podía estar tocando en cualquier festival local e internacional sin achicarse frente a figuras de renombre. Hoy Posei, a fuerza de tocar e invertir esfuerzos en profesionalizar su propuesta, pasa un gran momento sostenida en un despliegue musical en el que cada uno de los integrantes aporta desde lo individual para que el todo sea posible. Entonces no es casual que ellos mismos llamen a su música un viaje y arranque con una canción como “Viaje de Agua” que con su repiqueteo melódico es capaz de hacer entrar en trance a un público que a esa altura casi colmaba el Konex. Luego “Tiempo y espacio” haría lo mismo construyendo una especie de remanso que luego explotaría inusitadamente. La conclusión es que Poseidotica hoy puede llevar la mente a otros estados. Tal vez eso sea el verdadero viaje para los muchachos.

Pez: La banda de las mil canciones.

Una de las cosas más interesante que tiene Pez en estos momentos seguramente pasa por la cantidad de canciones que puede elegir para su repertorio en vivo, lo que finalmente trae como conclusión que la experiencia de verlos la mayoría de las veces es una incógnita. Difícil saber si uno se va a encontrar con la expresión más filosa, más cancionera o más colgada de la banda. La música para ellos parece estar más cerca de ser un estado de ánimo y eso se percibe en cada presentación. En este contexto arrancar el show con una seguidilla de canciones como “Fuerza”, “Roma”, “¡Vamos!” y “Ahogarme” fue una manera concreta de enganchar al público con cierta intensidad que para algunos y algunas es gesticular y mover la cabeza y para otros y otras es arrancar un pogo. Es curioso que en los últimos años coincidiendo con algunos discos que explotaron cierto énfasis rockero - pesado en algunos conciertos de Pez haya pogo. Seguramente tiene que ver con la manera que un público más joven disfruta de la música. Está bien que así sea porque hay lugar suficiente para el disfrute.  Precisamente la idea a lo largo de la noche, pasó por encontrar distintas maneras para dar forma ese disfrute. Entonces también hubo lugar para canciones más simples y climáticas como “Todo lo que ya fue” o “Gala” (que por una cuestión no muy clara sonó dos veces) que rápidamente se mezclaron con otras más gancheras como “Para las almas sensibles” y “Haciendo real el sueño imposible” de las que podríamos decir que, además de tener una lírica que declara principios, son una manera de linkear al grupo con su faceta más cancionera.  Es claro que en este tipo de canciones la incorporación desde hace un tiempo de Juan Ravioli, la mayoría de las veces en teclados, pero también en guitarra y voces según lo pide la canción; ha sido un acierto principalmente porque le da a la contundencia y precisión que logran Minimal, Fósforo García y Franco Salvador cierto color que hace brillar los temas más calmos. Sin embargo, es justo decir que el trío original a esta altura funciona de una manera tal natura que no necesita mirarse para sonar como corresponde en el escenario. El nivel de interacción fluye con tanta naturalidad que el aspecto relajado que muestran no es para nada una impostura. El resultado es la libertad a la hora de proponer musicalmente caminos que recorrer.

Un sonido claro y potente, a excepción de algunos momentos en los que la guitarra bajaba extrañamente de volumen, permitió incluso adelantar el futuro que tendrá un disco nuevo a mediados de año y una serie de presentaciones en los que el grupo será la banda de Lito Nebbia a para tocar temas de Los Gatos. Las canciones en cuestión “Pelea del horror” y “1986” parecen seguir con la idea de retomar cierto aire ochentoso a la hora de componer. Entonces los estribillos fáciles y recordables se potencian, mientras el segundo de los temas parece ser una continuidad de la atmósfera adolescente que relataban canciones como “Cassette” hace un par de años.

Alguna referencia a la actualidad política “Hay va el capitán Nestor”, dijo Minimal y la dedicatoria de “Os Garcas” con la frase “mi desprecio a todos los garcas” terminaron de redondear un show que con “Lo que se ve no es lo real”, “Introducción declaración adivinanza”, “El desengaño” y “Desde el viento a la montaña hasta la espuma del mar” tuvo un cierre de esos necesarios para vencer el calor y la cotidianeidad porteñas. Si ese fue uno de los objetivos, misión cumplida. Gran noche.