Nubes Lisérgicas

Crónicas | Samsara Blues Experiment
Nubes Lisérgicas
Texto: Sebastián Lanzillotta

Samsara blues experiment pertenece al puñado de bandas que se encargan de traer de vuelta lo que hace cerca de 50 años desarrollaron los grandes exponentes de la psicodelia a nivel global. Lo concreto es que, en su primer show en Buenos Aires, nos pasearon por gran parte de su historicidad discográfica y cubrieron a los asistentes sin ningún tipo de piedad con un manto de grumosas y ácidas cadencias. Aquí, la crónica…

Uno de los eventos más ansiados por quienes tienen un affaire con el sonido vintage/psicodélico de los 60’s, por fin se concretaba en nuestro país. Con tres discos de estudio en su haber, los teutones Samsara blues experiment debutaban por estas latitudes en un The roxy live de la calle Niceto a reventar y con un ambiente encumbrado en nubes lisérgicas.

    Los primeros temas nutrieron de una poderosa carga emocional a los presentes, demostrando y de movida, la convivencia de matices que labura el trío para engordar su musicalidad. Es el turno de “For the lost souls” (mi favorito por excelencia), para viajar mediante sonoridades que te abrazan cual tentáculos. La propuesta de Samsara, para quienes no los conocen aún, fluye con la intención de causar estímulos sensoriales en sus oyentes, y va desde lo más bestial de Black Sabbath a lo más experimental de Jimi Hendrix, pasando por ribetes de improvisación y búsquedas pseudo novedosas. Sones crudos que dan vida a una mixtura de sensaciones, alineadas en esa especie de jam in eternum. No obstante, sus canciones poseen una embriogénesis de ritmos catárticos que por momentos nos dejan estáticos y compenetrados.

   Corrían los minutos, y el público se atolondraba cada vez más hacia el escenario para medirse ante una capa de riffs añejos. El aroma a cannabis ya era abrumador, se adueñaba completamente del recinto para crear la atmósfera exacta y así embarcarse (por si aún te dejaban dudas) en la aventura de los coterráneos de Jürgen Klinsmann. Yendo a ellos, hay que decir que más allá de la aguardentosa voz de Christian Peters y de lo ajustado que suena Thomas Vedder tras los parches, su espigado bajista Hans Eiselt es el preferido por naturaleza. Es que no hay contras en un tipo que reúne: imagen + actitud + técnica. ¡Capo!

   Los acordes finales son para rememorarnos definitivamente las bases más desprolijas del rock, ese que le presenta batalla a la era de la información y opta por retener lo medular de un sonido más honrado y alusivo. ¡Vuelvan pronto! 

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