Mentalmente enajenados.

Crónicas
Mentalmente enajenados.
Texto: Sebastián Lanzillotta

Lacuna coil llegó al país por cuarta vez en su carrera y el recinto elegido para la ocasión fue el coqueto Groove de la calle Santa Fe. Con una nueva formación pero con la energía de siempre, cruzaron el Atlántico tal como nuestros abuelos para deleitarnos con un concierto impecable y, particularmente, mucho más estético que en otras oportunidades.

La flojera que caracteriza a un domingo, un clima levemente fresco y la sobrecarga de shows que soportó la ciudad en todo el verano, podrían haber sido atenuantes para que la asistencia fuera ínfima, pero no fue así. Los prometedores Slania se llevaron las primeras ovaciones de la noche y, en particular, su versátil cantante, una fémina que bien podría suplantar a cualquier colega en el mundo. A cualquiera, sí. ¡Impresionante! Los segundos en caldear los ánimos de los presentes fueron los chicos de Jemma, con una performance atroz pero lastimosamente escueta. ¡Nos dejaron con ganas de más! La gente de Nerea cerró la cosa, otro gran proyecto que divaga por los suburbios del under local. ¡A no perderles pisada!

   Culminado el lapso de pruebas de instrumentos y arreglos varios, todo quedaba listo para que los italianos entren en escena y así presentarnos su última placa titulada Delirium. Y de repente, la luminaria se apagó minutos antes de lo previsto y una erupción de júbilo inundó Groove. Teníamos ganas de ver el repertorio de unos renovados Lacuna coil, así que luego de una intro satisfactoriamente interpretada y cuidada, Cristina Scabbia y sus laderos se dejaban ver en el escenario. Siguiendo la tónica de su reciente material discográfico, la banda se presentó perfectamente uniformada de pies a cabeza al estilo pacientes de un hospital psiquiátrico, ataviados con una suerte de camisas de fuerza y unos maquillajes poco ortodoxos. El delirio se apoderó de todos los asistentes al ritmo de “Ultima ratio”. La dosis aumentó con los primeros compases de “Spellbound” y superó todo lo previsible con la corrosiva “Die & rise”, provocando el fervor de una audiencia que se dejó llevar por las invitaciones de una frontwoman pletórica que rápidamente se haría con las riendas del recital.

   Los temas que abrieron dejaron bien en claro que pese a la partida de varios de sus miembros originales; Cristina, Andrea y Marco han encontrado una alineación a la altura con Ryan Folden tras los parches y Diego Cavallotti en las seis cuerdas. Tras explicarnos a qué aludía Delirium, ”Blood, tears, dust” (tortuosa como pocas) sonó como un óptimo ejemplo sonoro del concepto. “Trip the darkness” se encargaría de que la nostalgia se nos fuera de nuestras mentes (temazo de la primera ola).

Con un show que lentamente se acercaba a su fin, el turno era para esa canción que hacen suya aunque en realidad no lo sea, me refiero a la eclipsante “Enjoy the silence” de Depeche Mode. La cual quizás tiene unos arreglos más electrónicos que la original, además de un juego de voces original que garpa y bastante. La abrumadora “The house of shame” sería la anteúltima prevista, dejándonos los registros más agresivos de Andrea y las agudas notas de Cris. El cierre fue con “Zombies” (¡empachado!).

A decir verdad, el dueto Scabbia/Ferro se llevó todo el protagonismo (¡es lo más aceitado que vi en años!). Se compaginan cada vez mejor y son un hermoso contraste entre la rotundidad de él y la elegancia de ella (en todo sentido, divina). En resumen, pocas objeciones se le pueden anteponer al arrollador directo de una agrupación que no para de evolucionar y moldear su propuesta disco a disco. No obstante, el idilio entre la banda y sus seguidores está intacto a pesar del paso del tiempo (hasta vi cuarentones llorando)… si la locura es contagiosa, ¿o no?