Medicina rockera, con un toque de blues

Crónicas | The Pretty Reckless y Sick Porky
Medicina rockera, con un toque de blues
Texto: Sebastián Sánchez | Fotos: Seba Delacruz

En la actualidad, sorprender al público parece ser cada vez más difícil. Sin embargo, mientras muchos buscan la gran cosa nueva, siguen existiendo artistas y bandas que logran combinar elementos ya probados, consiguiendo, como mínimo, mantener vivo al rock and roll. No es una tarea fácil, pero afortunadamente hay personas dispuestas a hacerlo. Tal vez, ese deseo que mantiene viva a la música, es el mismo que hace que legiones de personas asistan tanto a pequeños conciertos como a grandes festivales. Como cierre de esta introducción, una pregunta al aire: ¿Sigue siendo noticia que una chica lidere una banda de rock? Para nosotros que hemos visto de todo, hace mucho tiempo que no. Lo bueno, no estamos solos, y vaya que era hora.

Pues vamos a lo relevante, que fue el comienzo del show. La ardua tarea de hacer de soportes cayó en manos de los muchachos de Sick Porky, ya viejos amigos de la casa y bastante veteranos en esto de dar batalla por el rock. Objetivamente, la banda viene con un disco nuevo bastante refrescante bajo el brazo, hablamos del genial Alucinatorio, y cuenta con experiencia acumulada en esto de aprovechar oportunidades al máximo. Aquí viene el primer análisis con resultado positivo de la noche.

En primer lugar, Vorterix estaba repleto desde temprano, lo que en si puede haber sido un accidente, pero lo que importa es que la banda soporte pudo desplegar su show de visitante ante una audiencia completa y expectante. En segundo lugar, el sexteto sonó de maravilla e hizo uso de una buena parte de su arsenal para ganarse al público. Todo funcionó a la perfección, desde la voz de Carlos Villafañe, pasando por el trio de hachas encarnado en Jeremias Stutz, Leandro Mousseaud y Mariano “El Tata” Martínez (mención especial para los colores de la casi-cabellera del último, entre Martín Karadagian y el Profesor Locovich, si no entiende, googlee), y la base formada por el bajo de Leandro Spatola y la batería del “ViejaSibona. Si las nuevas joyas como “El Barro, Mi Enemigo” o “El Malnacido” no son suficientes, el clásico “Buitro” o los más recientes “Hordax” y “Los que no temen” deben haber contribuido al agite del público. Los planetas se alinearon, las huestes celebraron a los gritos y aplausos, y el cierre con “Pura Sangre” con un Villafañe gritando a todo pulmón “Reina el Cerdo” le puso el broche de oro a una performance envidiable.

Tras semejante comienzo, hubo que esperar bastante (o al menos eso pareció) para el acto principal. Aun así, sucede que el show seguía de manera puntual, y a unos diez minutos de pasadas las 21 horas, la banda se fue haciendo presente sobre el escenario. Si ante cada aparición de una persona que pudiese pertenecer a The Pretty Reckless sobre el escenario, se desataba un griterío de aquellos, imaginen lo que pasó cuando la banda salió a escena. Es posible que buena parte de los gritos provinieran de la acumulada post-adolescencia que había en el lugar, pero para ser honestos el entusiasmo estuvo tan repartido como las edades de los presentes. Es la variedad que hay que celebrar, la que hace que todo valga la pena para los artistas. Cuando Taylor Momsen, indiscutida reina rubia de la noche, ocupo su lugar en las tablas, el lugar explotó por los aires y libres se alzaron cientos de pantallitas luminosas de celulares para captar el momento. Un signo de los tiempos, mis queridos, otro de los tantos elementos que ya no sorprenden. ¿Qué puntos puedo destacar de la banda para aquel que lee esto y no tiene idea de aquello sobre lo que estoy hablando? En principio, tienen un sonido rockero en esencia pero que tiene un interesante anclaje en el blues. Así es la voz de Taylor, oscilante entre esos estilos, y queda muy bien. No creo que sorprenda, como dijimos al comienzo, que sea mujer, aunque si puede impactar que es bastante joven. Pero se nota que hay experiencia acumulada, buen manejo de escenario y público y eso no es poca cosa.

La buena química con el público estuvo siempre ahí, y la sólida base musical aportada por Ben Philips en guitarra (quien también se encarga de la composición junto con Momsen), Mark Damon en bajo y Jamie Perkins en batería sirvió para mucho más que simplemente acompañar la voz de la señorita. Hubo grandes momentos, desde el comienzo con “Follow me down”, las muy festejadas “Oy my God” y “Make me wanna die”, “My Medicine” y “Zombie”. “Back to the River” (que en el disco tiene a Warren Haynes de los Allman Brothers como invitado en viola) marcó ese tono de rock sureño y blusero que se destaca en la banda, y algo similar podría decirse de “Who you selling for”, tema que también da nombre a su último disco.

La rotación de público era evidente de a ratos, muy probablemente debido al calor que hacía en la zona central del lugar. Mención aparte para la gente de seguridad del lugar que hizo un excelente trabajo, ayudando donde hacía falta. Ya más cerca del final, “Going to Hell” y “Take me down” sirvieron para el casi-cierre. Ya eran pasadas las 22 cuando se dio la clásica situación de abandono del escenario, luces bajas, clamor popular y bis a cargo de la banda haciendo “Fucked Up World” para un cierre definitivo que hasta tuvo un bastante extenso solo de batería. No hay mucho más que decir de una buena noche. Y tal vez, eso sea algo bueno.

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