¡Fuck Donald Trump!

Crónicas
¡Fuck Donald Trump!
Texto: Sebastián Lanzillota | Fotos: Seba Delacruz

Solamente cuatro producciones discográficas en su haber le alcanzan a Brujería para seguir siendo los pilares de los sones más extremos en español. La promoción de su último álbum, el magistral Pocho Aztlan, era la excusa perfecta para una nueva visita a la Argentina, en el marco de su gira “A toda madre o un desmadre”. Esto fue lo que nos dejaron, ¡ pinches cabrones!

Teniendo en cuenta el riguroso horario que rige los recintos en la noche porteña, la velada dio inicio realmente temprano. A las 19 hs ya estaba todo listo para Castigo y su metal extremo de pura cepa, directo, sin rodeos. Interesante propuesta para no perderles pisada. El turno ahora era para Viral infection, quienes transmitieron electricidad a una sala expectante. Lo suyo es un compendio de death metal, deathcore y ribetes del metalcore más primigenio (onda Overcast). Muy recomendables. Con un poco más de público frente al escenario, Coral (proyecto solista del exviolero de Tren loco, Facundo Coral) descargó toda su furia. Particularmente me encantan y en vivo es una de esas bandas de la renovada escena nacional que tenés que ver sí o sí. ¡Dejan todo! La última de las agrupaciones soportes fue Sicario, un thrash sórdido con una polenta extraordinaria. La verdad que se llevaron mis mejores impresiones. ¡Excelentes!

La mancha negra de seguidores y fans se empezaba a aglomerar poco a poco. Luminarias apagadas y un Uniclub lleno, humo por doquier, flashes esporádicos, hora de Brujería y a lo que vinimos. El mítico “Brujerizmo” rompió el silencio con ese inconfundible death/grind pulido en medio de su bestialidad. Uno a uno fueron sucediendo los temas con sus respectivas coreografías y referencias actuadas. “Colas de rata”, “La migra”, “Raza odiada” y “La ley de plomo”, podemos decir que fueron los más festejados por la masa, que desplegó como nunca un arsenal de mosh pits durante todo el setlist.

La batería de la mole Nick Barker (ok, Hongo Jr.) es un show aparte, digno de admirar: técnica + velocidad + precisión + contundencia. ¿Y Shane Embury? Un auténtico asesino de las cuatro cuerdas. Que, dicho sea de paso, ¡no sé cómo no las corta en plena actuación! Terriblemente maltratadas a diestra y siniestra por sus laureadas falanges sin descanso alguno. Y un Juan Brujo prendido fuego, en la cúspide de su nivel. Es que el grindcore, reconocido por su sonido sucio, disarmónico y que se podría definir como la vil representación de la porquería humana, para ser apreciado requiere de músicos de gran fuste. ¡Y vaya si lo son!

Repentinamente se despidieron con “Matando güeros”, llevando los ánimos del espectáculo a su mismísima cima. Los últimos acordes (ahora sí) fueron para “Marijuana”, la parodiada versión de la reconocida “Macarena” (con baile incluido del Brujo), toda una tradición en sus presentaciones que ratifica su desmadre en un nuevo paso por el país.

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