Maximus Festival: El más allá de la música pesada

Crónicas
Maximus Festival: El más allá de la música pesada
Texto: Carlos Noro | Fotos: Gallo Bluguermann. Fotos oficiales Maximus

Segunda edición del Maximus Festival. Esta vez en Tecnopolis, con dos escenarios principales el Maximus y el Rockatansy y uno secundario, el Thunder dome. Esta vez la propuesta fue bien variada con respecto al año pasado. Este es nuestro recorrido que trancurrió desde las 13:30 del mediodía hasta las 11:00 de la noche sin descanso.

Se suele decir que para definir cuál es la propuesta estilísitica de un festival hay que mirar quienes son los grupos que cierran el mismo, por lo que un festival como el Maximus ¿Metalero? ¿Rockero? ¿Alternativo? ¿Modernoso? Dejó bien en claro que aquí la idea no es reproducir lAs tendencias más ortodoxas de la música pesada. Mientras más raro, mejor parece ser la idea y los resultados son bastante particulares.

Linkin Park y Prophets Of Rage: Las máquinas y el rap.

Indudablemente la actualidad de Linkin Park, los elegidos para cerrar el festival, está cada vez más lejos de aquel Ñu metal que los vio nacer y con el que de alguna manera se sumaron, sin ser parecidos pero compartiendo una época, al éxito de bandas como Korn o Limp Bizkit. Hoy el grupo liderado por Chester Bennington y Shinoda claramente elige encaminarse hacia los sonidos electrónicos al punto de dejar de lado cualquier tipo de intensidad rockera. Tal vez por eso el mismo Bennigton se anima a calificar de controversial su nuevo single “Heavy”. Si hay algo que define a la canción es precisamente el oximoron respecto a su nombre. Acá no hay distorsión ni guitarras pesadas, sino un manto de sintetizadores que los acerca más a la música electrónica contemporánea que al rock. Entonces incluso algunas de las canciones más reconocidas del grupo como por ejemplo "Breaking the Habit" o "Somewhere I Belong" cobran nueva forma principalmente porque el grupo intenta contagiar desde la óptica de su actualidad lo que sucedió en el pasado.

Tal vez por eso uno de los momentos cúlmines del show hayan sido "One Step Closer" y especialmente "In the End", principalmente porque un público muy jóven pareció hacer a puro grito lo que la banda ya no quiere hacer: dotar a las canciones de esa fuerza que tenían años antes. A juzgar por lo visto en vivo, el objetivo de L.P. va hacia otro lado. Gran sonido y propuesta visual para sostener este camino.

Prophets Of Rage el supergrupo conformado por los músicos de Rage Against The Machine (Tom Morello, Tim Commerford y Brad Wilky) ; B-Real, de Cypress Hill, y Chuck D y DJ Lord, de Public Enemy generaba una interasante expectativa principalmete por que el show de R.A.T.M. en 2010 había sido una gran descarga de energía que varios recordabamos. Ver la base instrumental de aquel show junto a tres leyendas del rap norteamericano era una propuesta difícil de resisitir, entonces más allá de que una interesante porción del público se fue luego del show de Slayer, muchos decidieron darle una oportunidad a la banda.

Desde el inicio con “Prophets Of Rage” la canción de Public Enemy que les dio el nombre, el objetivo fue ir transitando esa particular tensión entre el rap / hip hop y la música pesada que propuso siempre el grupo de Morello. Entonces rápidamente tanto Chuck-D como B-Real se situaron como aquellos capaces de relatar en palabras aquello que la música da entender con su fuerza y con su groove,

En este contexto la propuesta de los raperos fue la de repartirse el protagonismo sin egoismo. Entonces las canciones de R.A.T.M. comenzaron a fluir con una intensidad tan extrema que incluso hizo que aquellos que miraban con desconfianza al principio, rápidamente comenzaron a engancharse con las versiones a dos voces de “Testify”, “Take the Power Back” o “Guerrilla Radio” entre otras. Aquí el protagonismo de B-Real fue muy evidente, sorprendentemente cómodo con los segmentos más agresivos que De la Rocha escupía con furia. Si a esto le sumamos la capacidad e Chuck-D para darle su impronta a cada estribillo, el resultado es una banda que funcionó con fluidez, algo que no es poco para un conjunto de músicos con distintos recorridos musicales.

Algunas canciones de Public Enemy, como por ejemplo la icónica “Fight the Power”, otras de Cypress Hill “How y Could Just Kill a Man” en un mash-up con “Loco en el Coco”,sonaron convincentes en el medio de un set donde la furia en contra de la máquina fue protagonista a excepción del momento hip hop de la noche donde los dos rapero, sostenidos en soledad por las bases de DJ LORD, demostraron su talento para rimar canciones de Public Enemy, Cypress Hill y House Of Pain como si fueran una.

Como se prevía, la última parte del show, no hizo más que subir la intensidad. Entonces, entre las canciones más combativas de R.A.T.M. “Bullet in your Head”, “Know Your Enemy”, “Bulls On Parade” y “Testify” que sirvió de cierre para el show aparecieron sorpresivamente un tema nuevo, la interesante “Unfuck the world” y un cover the “Seven Nation Army” que hizo bailar a todo el mundo.

Antes el mismo Morello había mostrado la parte de atrás de su guitarra con la frase Por las madres de los desaparecidos” dando la pauta de que a pesar de que el diálogo directo con el público casi no existió esta vez, la impronta de militacia político social sigue firme en los integrantes del público. La foto final con los ex RATM levantando la mano en un gesto revolucionario, fue un cierre simbólico perfecto para un set a pura potencia y furia. Esperemos que varios hayan salido contagiados.

Slayer y Rob Zombie: Dos vulgares demostraciones de poder.

Aunque Slayer no esté en su mejor momento compositivo (Repentless está lejos de ser su mejor obra principalmente porque el nivel de distorsión y velocidad hace que las canciones sean dramáticamente parecidas) hay algo a esta altura innegable: en vivo Slayer tal vez sea la banda más pesada del universo y esta nueva versión con Paul Bostaph tras los parches no hace más que reafirmarlo, aunque este último no llegue a lograr la agresividad y velocidad constante que el genial Dave Lombardo le imprimía a la banda. En este contexto la sensación a lo largo del set es que cuando el tandem Kerry King, Tom Araya y Gary Holt prenden los motores, no hay forma de detenerlos.

Sabiendo esto, el quintento preparó un show donde progresivamente esos motores se fueron calentando hasta lograr una velocidad inaudita. Entonces si el grito antes de “War Ensemble” dio literalmente miedo no es dificil imaginarse lo que sucedió después cuando “Hell Awaits”, “South Of Heaven”, “Black Magic”, “Raining Blood” o “Angel Of Death”. Dficil determinar cual fue más rápida o corrosiva. Todas a su modo son Slayer. Imparables. Nunca fallan.

Como ningun otra banda que participó del festival Rob Zombie supo como nadie que el objetivo principal debe ser divertir al público. Entonces si tuvieramos que definir en qué consiste su show deberíamos decir que está mas del lado de un circo de freaks que de la propuesta rockera tradicional. La banda con los ex Manson Piggy D en bajo, Ginger Fish en batería y John 5 en guitarra desde su look aportan en este sentido. El primero con una máscars de drácula, pantalones de colores y en algun momento con un bajo con forma de cruz de madera, el segundo con una barba descontrolada y el tercero con clásico maquillaje de guasón consumido por anfetaminas (además de mostrar una variedad de guitarras tan curiosa como atrayente entre las que se destacan los homenajes a las películas de clase b). Precisamente este homenaje al cine de clase b es lo que sostiene conceptualmente la propuesta de Zombie (desde el look una especie de hippie anclado en los noventas) dando la pauta de que Rob sabe lo que quiere: contar qué es aquello que lo apasiona.

Desde lo musical lo que ha logrado la banda al estabilizarse a lo largo de los años, es contruir una propuesta groovera, riffera y por sobre todo divertida. Tal vez por eso el grupo suena de manera tan contundente, no hay ninguna pretención extra a la hora de hacer la música que hacen pero si un afina el oído puede encontrarse con las influencias de los setentas más psicodélicos en cada canción y en las locuras que proponen.

En este contexto en un set que fue pura diversión vale la pena destacar la insólita “Well, Everybody’s Fucking in a U.F.O.” con un chiste sobre algun argentino abducido por algun alien junto a dos muñecos de goma de dos aliens verdes dando vuelta entre el público y por supuesto las hiper gancheras “Never Gonna Stop (The Red, Red Kroovy)” y “Dragula” que cerró el show, solo por nombrar solo algunas que sonaron en el contexto de un set que hizo saltar y divertirse a todo el mundo.

Antes, fue el turno de algunas canciones de los geniales White Zombie. Pasaron “More Human Than Human” y la imperdible “Thunderkiss ´69” que incluyo “Blitzkrieg Pop” de los Ramones “una banda que amaba venir a la argentina y que no tenemos más con nosotros” demostrando que además de su reconocida amistad con algunos de los monchos, hay ganas de homenajear las raices musicales que lo formaron. El cierre con una aplauso eufórico, premió el esfuerzo y el despliegue de Rob y toda su banda. Uno de los puntos más altos del festival sin lugar a dudas.

Los otros protagonistas: buscando su lugar en argentina

Bien tempranito y con el sol de frente los estadounidenses de Red Fang subieron a mostrar a nivel masivo como el stoner rock puede ser bien pesado y a la vez ganchero y divertido. Si bien al comienzo les costó encontrar un sonido claro y nítido a largo del set se acercaron a lo aceptable. Canciones como “Prehistoric Dog” con la que cerraron dan las ganas para que vuelvan para tocar en un lugar más chicos. Es muy probable que logren contagiar a todos con su energía. Seguramente varios que no los conocían estarán muy contentos de estar ahí.

Tanto los alemanes de Böhse Onkelz como los norteamericanos de Five Finger Death Punch apostaron a sets contundentes y variados para darse a conocer en el país. Los primeros, cantando íntegramente en alemán (algo que no es un problema conociendo la historia de los Die Toten Hosen en el país) fueron por el lado más cancionero incorporando el gancho propio de la bandas alemanas. Con un sonido aceptable y con algunos que ya conocían su propuesta, se notan que vienen tocando para audiencias importantes (algo no menor en festivales como estos). Veremos si logrean hacer pie en el país. Tal vez su propuesta bien simple y cancionera enganche a varios.

Los estadounidenses, por su parte, son fieles representantes de lo dejaron los noventas y el ñu metal en la música. Tal vez por eso a veces tienen ese sonido corrosivo y comprimido que caracterizó a la última época de Pantera y a los inicios del metalcore mientras que por momentos eligen ser melódicos (incluso a animándose a baladas como “Bad Company” de los Bad Company). La mezcla en vivo no los acompañó demasiado en el contexto de una propuesta que suena a un montón de sonidos, yeites y bandas que y a han sido escuchadas y reproducidas hasta el cansancio. Dio la sensación que su éxito tiene que ver casi exclusivamente porque es un producto pensado para el público yanqui. Veremos si alguna vez vuelven.

Paralelamente y por una cuestión de logistica propia de la banda Hatebreed terminó tocando en un escenario cerrado que fue casi exclusivo para bandas argentinas. Lo cierto es que su propuesta de hardcore moderno y metalero brill’o por el sonido y la entrega de su público (siempre dispuesto al despligue físico). En este contexto y en función con lo sucedido como la banda, Asspera tuvo la posibilidad de ser la única banda argentina que pisó algunos de los dos escenarios principales y tocar a un horario donde había mas gente (promediando las dos de la tarde). Como siempre la banda puso en juego su propuesta: buen sonido principalmente porque los integrantes son músicos con un buen recorrido en la escena y letras que para algunos son graciosas pero que para otros pueden ser ofensivas. Depende del humor de cada uno, la banda puede gustar o no. No parece haber medias tintas.

Ghost a esta altura es una banda ya acostumbrada a visitar la argentina. En el medio de algunas polémicas en las que incluso ahora se conoce el nombre de los integrantes, la gran novedad fue esta vez que el grupo estrenaba todos los músicos que estaban en escena a excepción del icónico Papa Emeritus ahora con el nombre propio de Tobias Forge. A diferencia de su última visita en Vorterix se vio una banda en formación que todavía debe encontrar la sutileza y la precisión que exige su música. Con un sonido al que le costó acomodarse, solo algunas canciones como “Ritual” y “Cirice” sonaron convincentes más que nada porque uno las conoce y sabe de su calidad. Veremos si a futuro logran recobrar el nivel que los situó como una de las bandas más interesantes de los últimos años.

 

La sensación final es que el festival tiene mucho para seguir creciendo, pero no lo podrá hacer solo. Público, medios de prensa y bandas son importantes para seguir sumando ediciones. Veremos en qué se transforma.

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