¡Arde Troya!

Gabo Ferro y Luciana Jury/ El veneno de los milagros/ Oui Oui Records/ 2014
Reseñas | Las bodas químicas: Juguete de Troya. Independiente (LBQ Discos), 2016
¡Arde Troya!
Texto: Sebastián Lanzillotta

Con una personalidad bien definida que propone vientos de cambio a la movida local, Las bodas químicas ya tiene en las calles su Juguete de Troya, una producción que va desde el blues y la psicodelia rockera hasta los sonidos más autóctonos de nuestras latitudes. Todo eso sin dejar de lado un ápice el formato canción. Interesante, ¿no?

Posiblemente hayas oído hablar de este enérgico power trío en los últimos años, luego del revuelo que causó su placa debutante. Es que la jugada les salió perfecta, suenan ágiles, descarados y para nada monótonos. Y se vino la secuela, nomás. Juguete de Troya es una auténtica gema que, a mi entender, gravita alrededor de su track homónimo, un temazo que ocupa poco más de 4 minutos y que los pinta de cuerpo y alma (no vas a poder parar de cantarlo).

Las bodas químicas puede ser indie, garage, rock añejo, o una suma de estos en cada pieza. Si hasta hay momentos pseudo protagonizados por cataratas ansiosas de bases ¡electrónicas! que se retuercen, se detienen y siguen en un trance divino. Pulgares arriba, tanto para las canciones ingrávidas con mantas de pequeñas percusiones sobre las que gime el genio de José Eduardo Lavallén Iglesias, como para las de largos paisajes psicodélicos, salpicados de un stoner bluesy. La base rítmica a cargo de Nicolás Miguel Daniluk Rodríguez (batería y voces) y de Ignacio Andrés Tersoni (bajo y coros), es de lo más ensamblado a nivel nacional. Se entienden de pe a pa y da gusto percibir eso, en verdad.

A medida que transcurre la obra, pareciera tornarse cada vez más complejo esto de acercarse al concepto de unos músicos tan versátiles e inquietos (y bienvenido sea), que de seguro han querido exorcizar sus demonios personales mediante unas melodías desnudas y al mismo tiempo preñadas de emoción.

Efectivamente y para ir cerrando, es un disco de LBQ por los cuatro costados: muy bueno, freaky y atrayente como su corta pero intensa carrera lo indica. Esta última siempre dominada por los regates al aburrimiento con su eclecticismo de múltiples referentes, la renuncia al mainstream y los shows oscuros. Más de media década ya y sin síntomas de agotamiento. ¡Viva el under, carajo!