Luna llena en Colegiales

Crónicas
Luna llena en Colegiales
Texto: Sebastián Lanzillota | Fotos: Silvana Morsenti

Los lobos oriundos de Escandinavia pasaron una vez más por nuestro Buenos Aires querido para, en esta ocasión, presentarnos su reciente y aclamado The ninth hour, más los clásicos de siempre. Un Vorterix repleto fue testigo de una actuación realmente memorable de los fineses. Y nosotros, así lo vivimos…

La jornada comenzó a rodar de la mano de Boudika, unos santafesinos sinfónicos y neoclásicos con chica al frente que desplegaron todo su arsenal sobre las tablas sin ningún tipo de tapujos. Sonaron muy bien y fueron aplaudidos por un teatro que empezaba a colmarse desde temprano. Los otros teloneros fueron los chicos de Magika, con un Juan Soto on fire y una banda en su máxima expresión. “Siglos de persecución” se llevó todos los laureles de una performance arrolladora de los powermetaleros. Los disfruté mucho.

A la hora pactada, las luces de Vorterix se apagaron para dar la señal de salida. La buena legión de seguidores se abalanzaba de un costado a otro mientras sonaban las primeras notas de la introducción de “We are what we are”, que enseguida fue interrumpida por la entrada de los protagonistas con la majestuosa “Closer to an animal”. La fiel representación vocal de Tony Kakko desde los primeros instantes nos dejó boquiabiertos (¡qué cantante, che!). La encargada de seguir la velada fue “Life”, con su correspondiente hermoso estribillo (una de las más celebradas). A todo esto, el señor Kakko no paraba de interactuar con el público, cualquier excusa era buena para hacernos partícipes de un verdadero espectáculo (que palmas de acá, que palmas de allá; ahora coros de este lado; en fin, todo un showman). “The wolves die young” sonó impresionante y fue seguidamente rematada por esa perlita titulada “In black and white”, que enloqueció a todo el recinto.

Pasaban los temas y llegaba el turno para, a mi entender, la insignia en la discografía de Sonata Arctica como es “Fullmoon” (una auténtica fiesta con todas las letras). Antes de realizar la típica despedida que antecede a los bises, “The power of one” se hacía presente en un set que parecía quedar corto. Luego de escasos minutos, la sensacional “Misplaced” nos daba la bienvenida al epílogo de la noche, para después terminar con la seguidilla “I have a right” y “Don’t say a word”.

El viernes 5, vivimos un concierto que careció de algún que otro clásico (punto de crítica de la masa metalera a la salida del mismo) pero, lo que no se le puede ni debe poner en jaque a una agrupación como Sonata es la entrega (como también escuché por ahí). Primero y por mi parte, creo que de vez en cuando está bueno que le den la oportunidad a canciones poco habituales para el vivo. Rompe con la rutina. Sorprende. Segundo y para terminar, los considero una garantía cada vez que los veo. Momentos imborrables quedaron en mi retina, sí, de esos que se cuentan a montones.  

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