Cautivos del sistema

Crónicas
Cautivos del sistema
Texto: Sebastián Lanzillotta

La legendaria voz de Alberto “Beto” Zamarbide y su nueva banda internacional visitaron una vez más el suelo porteño para repasar su flamante disco más los clásicos de V8 y Logos. El barrio del Abasto, pero más precisamente Uniclub, fue testigo de una muy emotiva velada.

La jornada musical arrancó desde temprano con los púberes de Dejando de ser, un heavy ortodoxo pero aderezado por el espíritu de los primeros discos de la Bay Area de San Francisco (en particular los de Metallica). Me gustó el trabajo de las guitarras y la garra escénica que le pusieron. El heavy metal más true se apoderó del escenario con Paranoia, una agrupación bien acorde con el plato principal de la noche. Buenas canciones con líricas de corte netamente social, de esas que les pedimos a las nuevas generaciones (o por los menos quien les escribe) para que la esencia del género no se licúe. Sonaron bien y los covers que eligieron para rematar su repertorio ayudaron a levantar los ánimos de una masa negra que lentamente empezaba a arribar.

Con un público en su mayoría cuarentón, unos minutos más tarde de lo pactado las luces de Uniclub se apagaban para calentar nuestras gargantas de la mano de los impetuosos acordes de “Cautivos del sistema” (“esto va a estar zarpado”, se escuchó entre la multitud). El bombo de Jorge Iacobellis (el otro integrante argentino, ex Hirax) retumbaba en nuestras inmensidades en los primeros temas a más no poder (realmente atronador). Turno para embarcarse en la arrolladora y ganchera “Wisdom” (mi favorita de Primal), que fue recibida con algarabía por las primeras filas.

Entre tema y tema, se pudo escuchar a un reflexivo Alberto Zamarbide en cuanto a la realidad política nacional e internacional y de cómo nos llega esa realidad. Pero también hubo tiempo para el mazazo de la noche, ya que el propio “Beto” nos informaba del deceso de Guillermo Sánchez (bajista de Rata blanca, entre otros) que desde hacía unos días peleaba por su vida en un sanatorio por motivo de una septicemia generalizada a causa de una bacteria.

Algunos inconvenientes con el micrófono al momento de la muy coreada “Parcas sangrientas”, inconvenientes que se prolongaron por unos minutos más en las siguientes canciones pero que no empañaron para nada la fiesta que vivimos ese día. El delirio de los fans más añejos llegó sin duda con “Brigadas metálicas”, que vio a la gente saltar envuelta en abrazos (¡qué lindo es el metal, por dios!). La seminal “Como relámpago en la oscuridad” encaraba la recta definitoria de un show con muchos condimentos y memorable.

Casi dos horas de repertorio y la primera canción del primer disco de metal pesado nacional comenzaba a sonar, el juicio final era inminente. Una fecha plenamente satisfactoria, que se vio culminada por la imponente actuación del “Beto” quien, al frente de una prodigiosa alineación, demostró nuevamente la plena vigencia de un estilo y una manera de entender el heavy metal.