Militantes de la canción

Crónicas
Militantes de la canción
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro.

Satan Dealers conmemoró el aniversario diez de uno de sus discos y propuso un impasse en su historia. Allí estuvimos.

“Se necesita un descanso, no se cuando nos veremos” fue la frase que eligió Adrian Outeda casi al final del show para darle el cierre (al menos por ahora) a la historia de los Satan Dealers. Antes, por casi dos horas un público que colmóThe Roxy para ver el canto de cisne del grupo pudo encontrarse con lo que venía a buscar: una de las pocas bandas locales que fue capaz de hacer un rock and roll sensible y salvaje sin olvidarse del punk y de las canciones. En este contexto no es casual que esta última fecha haya tenido como marco el homenaje al tercer disco del grupo El ardor de los perfumes prohibidos un verdadero punto de quiebre para la banda principalmente porque definió la posibilidad de resignar las canciones en inglés y para empezar a cantar en nuestro idioma; permitiendo construir una especie de poética rockero - cancionera que seguramente fue disfrutada por muchos y muchas durante todos estos años.

De alguna manera aunque no fue tocado de punta a punta y en el orden en que fue grabado (otro pequeño acto de rebeldía en la despedida) el ánimo general del show estuvo signado por la atmósfera que propone el disco. Entonces “Nada tiene por qué”, con el que arrancaron el show, “La calle brilla a mis pies” con el que lo continuaron u otras canciones como “Bajo la Piel” que fue muy festejadas cerca del final fueron distintas maneras de, sin exagerar, militar la defensa de la canción (esa con una linda melodía y un mejor estribillo) en sus más diversas formas. Entonces a lo largo del show cada quien fue haciendo lo suyo en post de colaborar a que esto suceda. Tanto Alejandro Canucci desde un bajo siempre potente y melódico como Cristian Salvucci desde los parches; funcionaron casi como termómetro estructural de las canciones, siempre manejando los tiempos para que cada riff caiga en el momento preciso. Martin Pinheiro y Vito Rey fueron dos caras de la misma moneda, siempre filosos y gancheros la sensación fue que las canciones de épicas personales se hermanaron perfectamente con su guitarras, algo que se volvió a repetir cuando un ex integrante de la banda, Franco Morresi, se subió al escenario durante tres cuartos de show para aportar una tercera guitarra a las canciones más incendiarias.

Por su parte, la figura de Outeda funcionó a lo largo del set como aquella capaz de darle con su voz y su interpretación un color especial a las canciones, por lo que no fue extraño que temas como “Detrás del sol”, “Oscuros Muros” o “Se paraliza en mi” con la que cerraron al show, sonaron rockeras y arrogantes como deberían sonar en un mundo ideal todas las canciones rockeras.

En este contexto y con un público respetuosamente enganchado con las canciones (algunos cantándolas y otros solamente observando) Satan Dealers puso punto a su carrera en un show en el que supieron demostrar cual es su legado. Si ese punto será final o seguido; solo será sabido por ellos. Ojalá sea un hasta luego.

, , , , , , , ,