Batalla Ganada

Crónicas
Batalla Ganada
Texto: Carlos Noro | Fotos: Martín Darksoul. Cortesía Revista Jedbangers.

Suecos, noruegos y argentinos en un minifestival. Gran noche para algo de lo más extremo de la música pesada.

Betrayer: Bajo control

Betrayer fue una interesante introducción local a lo que vendría después. A pesar de no coincidir estilístisticamente con las propuestas que vendrían a continuación (tal vez el máximo referente de lo que hacen podría ser Arch Enemy principalmente por la presencia y el estilo vocal de Silvina Harris), la conexión vino por la mixtura entre la melodía y las propuestas más extremas. Con audio algo fuerte pero nítido, el grupo fue transitando un conjunto de canciones que se tornaron más disfrutables cuando estuvieron estructuradas con algún riff más identificable resignando velocidad. Dos invitados, Emanuel Lescano de Exilio para hacer "Retaliation" y Mario Ian para hacer “Bajo Control” del muy buen Entre el cielo y el Infierno de su paso por Rata Blanca, sirvieron para que, en el primero de los casos, el grupo muestre su faceta más extrema y en el segundo intente bajar un cambio, concretando una versión que sonó algo forzada en la interacción Ian – Harris. La contundencia del show, concretó un aplauso respetuoso por aquellos que comenzaban a llenar Groove. A juzgar por lo visto, fue merecido.

Abbath: Atronando el infierno

Si bien todos suponíamos que el objetivo de Abbath (para quienes no lo conocen, legendario vocalista de Immortal) era presentar el muy buen disco solista que lanzó el año pasado (aprovechando que la corta extensión del set lo haría posible), lo cierto es que el noruego eligió hacer una mixtura entre su banda histórica, su participación el el supergrupo rockero - extremo I y su trabajo más reciente. Fiel a su fama de jodón y borrachín, desde el comienzo el vocalista dio la pauta de que para él la música está más cerca de ser un espacio de joda que contrasta con la seriedad propia de aquellos caracúlicos que promueven la ortodoxia del black metal. Tal vez, para muchos sea insólito verlo tirar algún pasito o hacer caras como si fuera una especie de Gene Simmons luego de haberse tomado tres litros de tinto, pero lo concreto es que sus morisquetas no afectan su desempeño, ni el de sus compañeros de banda, algo que si sucediera terminaría por perjudicarlo seriamente.

En este contexto el set tuvo una estructura bien clara en la que la única canción del proyecto I que sonó en toda la noche, “Warriors”, funcionó de línea divisoria. Las primeras tres canciones, como era de esperarse fueron para su debut autotitulado. Así pasaron “To War!”, “Winter Bane” y “Ashes Of The Dammed” en donde la apuesta fue sonar lo más alto posible, algo que afectó claramente a las mezcla de la canciones y al audio en general. Sin exagerar, cuando toda la banda ejecutó las canciones al unísono, fue complicado diferenciar las melodías de guitarra del resto de los instrumentos, lo que hizo que se perdiera mucho de lo bueno que tiene el primer disco solista del escandinavo. Cuando el turno fue para las canciones de Immortal con la seguidilla “In My Kingdom Cold”, “Tyrants” y “One By One” la cosa mejoró algo, principalmente porque el sonido primitivo que poseen las canciones en sus versiones originales, pudo ser adaptado fácilmente a la mezcla sonora que venía proponiendo el show. Paradójicamente, recién a la hora de la última canción de su disco solista, la muy buena “Count the Dead” y el cierre final con la contundencia de “All Shall Fall” la cosa empezó a acomodarse, lo cual para muchos dejó cierto sabor amargo. La sensación fue que aún con ciertos problemas de sonido, Abbath dio un show que de tener un audio a su favor, podría haber estado más que bueno. Veremos la próxima.

Amon Amarth: La patria vikinga.

Luego de una lógica espera (hubo que armar toda la puesta de los suecos, incluyendo la batería un telón y un escenario con una pequeña escalera que permitió la movilidad de los músicos a lo largo de la noche) la primer noticia fue que desde el minuto cero en que Amon Amarth subió al escenario, los problemas de sonido fueron parte de la historia, algo que no sorprende si pensamos en el lugar que hoy ocupan los escandinavos en la escena mundial de la música pesada. Si hay algo que puede destacarse hoy de los suecos es las dimensión que ha tomado internacionalmente su propuesta. Con mucho trabajo detrás y mucho empeño, hoy son una figura repetida a la hora de nombrar festivales en todo el mundo, algo que no es menor para un grupo tan aferrado a la cultura escandinava. En este sentido gran parte de su crecimiento se debe a la enorme figura de Johan Hegg quien a lo largo del tiempo ha sabido construir alrededor suyo una épica pagano - vikinga que convence principalmente porque cada movimiento y cada gesto apunta sin descanso a esa historia. Entonces resulta más que creíble cuando promediando el show se detiene y en un inglés de acento muy particular menciona historias de la cosmovisión vikinga, así como también parece querer comerse crudo a los cristianos en cada gesto y en cada movimiento. Si bien desde el punto de vista técnico no tiene un rango vocal conm muchas variantes, cada canción tuvo su impronta; por lo que empezar con “The Pursuit of Vikings” y pegarla con “As Loke Falls” resultó tan pero tan contundente que no se necesitó mucho más para convencer a un público muy enganchado con la propuesta.

 

Desde el punto de vista instrumental, la banda resulta convincente principalmente porque a pesar de no salirse demasiado de lo que uno puede esperar de una banda de death melódico (donde el balance entre la melodía y lo extremo suele ser bastante repartido) hace lo que sabe con contundencia y oficio. Entonces fue muy interesante escuchar las canciones que vienen del muy buen disco Jomsvikings ( nombre unos míticos mercenarios vikingos) principalmente porque demuestran el muy buen momento que están pasando. “At Dawn's First Light”, bien ganchera y veloz fue muy festejada porque demostró la habilidad de hacer brillar las violas gemelas por parte de Olavi Mikkonen y Johan Söderberg seguramente aprendidas en cientos de escuchas de discos de Iron Maiden, “First Kill” dio la pauta de todo lo rabiosa que puede resultar la banda cuando Hegg se convence que es la reencarnación de un guerrero vikingo mientras que “The Way of Vikings”, con una marcha un poco menos veloz se sostuvo en la gran labor del recientemente incorporado Joakin Antonio Wallgren (nacido en chile pero adoptados por padres suecos) quien supo mantener con maestría y en alianza con el bajo de Ted Lundström el pulso de la canción. Mas tarde “Raise Your Horns” inauguró la arenga para beber, cuerno mediante, antes de salir a batallar en otros de los momentos muy festejados por un público que a lo largo de la noche transitó por las diversas maneras de poguear y arengar que propusieron las canciones. El resto del set se sostuvo principalmente en los clásicos que tiene la banda, con la particularidad que la mayoría de ellos refieren a los momentos en el que las melodías pueden corearse como canciones de cancha. Pasaron “Cry Of the Birds”, la extrema “Deceiver Of The Gods”, las violentas “Death in fire” (con agite previo anti Brasil mediante) y “Runes Of my memory” (en donde Hegg imagina su muerte en batalla); pero Groove se vino literalmente abajo con el “o oo o o” que generó “War of the gods” una canción que encendió a todo al público sostenida en su gancho y su contundencia. El final con “Guardians Of Asgaard” y “Twilight Of The Thunder God” no hizo más que confirmar las virtudes de los suecos y dejar bien en claro que sus meritos a nivel internacional son más que merecidos. Con una propuesta clara y contundente Amon Amarth ganó la batalla. Por ahora no hay quien se les plante.

 

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