Steve Vai: Tocando con el corazón.

Crónicas
Steve Vai: Tocando con el corazón.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Jimena Savelli. Cortesía prensa Show

“Con la guitarra en la mano / ni las moscas se me arriman; / naides me pone el pie encima, /y cuando el pecho se entona, / hago jemir a la prima / y llorar a la bordona”, decía el Martín Fierro para contar la función de la guitarra para el gaucho. Además de ser el vehículo para cantar sus verdades se convertía en una extensión de su cuerpo. Por eso la primer cuerda (la prima) y la sexta cuerda (la bordona) hacían algo imposible para un instrumento: generar sentimientos propios de los seres humanos. Seguramente Steve Vai jamás oyó hablar ni de José Hernández, ni del Martín Fierro ni tampoco sabe de historias de gauchos matreros que se se enfrentaron a los gobiernos opresores. Sin embargo, hay algo que coincide entre aquel gaucho y este Vai. Si hay alguien que hoy puede darle sentimiento y vitalidad a un instrumento es el flacucho Vai. Una nueva visita, nada más ni nada menos que en el contexto de última fecha de un tour de 114 presentaciones celebrando el 25 aniversario de su icónico disco “Passion and Warfare” fue una la manera perfecta de dimensionar todo los que contamos. Este es nuestro relato de una noche para el recuerdo.

Si bien el objetivo del set era revisitar su obra más reconocible (que irónicamente jamás había presentado en tour específico antes de estas presentaciones) la noche comenzó y terminó con una pequeña pincelada de los que representa la carrera de Vai. Entonces luego del risueño comienzo en el que él mismo desafía a Ralph Macchio a un duelo de guitarras en la película “Crossroads” ( donde el mismísimo Vai se encargó de poner las manos en las dos ejecuciones) el turno fue para “Bad Horsie” una canción que a pesar de ser de 1995 sonó moderna y superpesada. En este sentido, a lo largo de toda la noche los músicos que secundaron a Vai aportaron su impronta para que la pesadez y la contundencia estuvieran presentes. Tal vez el gran responsable de esto fue la batería de Jeremy Colson, quien sin perder la pericia técnica necesaria para sostener lo que sucedería a lo largo del set fue capaz de proponer un golpe certero y contundente. Philip Bynoe fue un verdadero pulpo en el bajo, mientras que Dave Weiner tuvo la difícil tarea de complementar con su guitarra la tarea de Vai. Resultó victorioso por mérito propio y por la generosidad de la estrella de la noche capaz de dar lugar a que cada uno de los músicos se luciera.

Luego de “Whispering the Prayer”, una bella canción que mostró el lado Zen que tanto le copa al guitarrista, el turno fue para el recorrido total de “Passion and Warfare”. Si hasta ese momento el guitarrista había mostrado algo de sus recursos, el inicio del show implicó abrir la caja de pandora de los mismos. Al igual que el el disco el inicio fue para “Liberty” que tuvo la particularidad de ser presentada por Brian May desde la enorme pantalla que estaba por detrás. Insólitamente el mismo Vai decidió detener el inicio de la canción por una cuestión práctica: se había olvidado de cambiar la guitarra algo que en palabras del violero le dio suerte al permitir que el histórico violero de Queen lo llame “maestro” dos veces. A partir de allí el recorrido fue casi sin descanso no solo por el disco sino por la capacidad técnica e interpretativa del guitarrista. Sin exagerar cada una de las canciones aportó algo a conocer en la manera de entender la música de Vai. Si bien “For the love Of God” como se presumía fue el momento cúlmine de la noche por sintetizar todo aquello que pregona melódicamente la música de Vai, otras canciones como “Greasy Kid´s Stuff”, “Sisters” o “Love Secrets” colaboraron a construir el universo místico, virtuoso y por sobre todas las cosas melódico, que construyó el guitarrista en este “Pasión y Guerra”.

Como era de esperarse la pantalla que estaba por detrás fue el vehículo para que algunas canciones incluyan sus videoclips originales y para que otros invitados se sumen al show. Entonces fue muy divertido ver a Joe Satriani literalmente dialogando con Vai y disfrazándose de manera insólita para lograr una versión de “Answers” que subió varios puntos. De la misma manera John Petrucci aportó lo suyo a “The Audience is Listening”, una de las canciones más divertidas que ha compuesto cualquiera de los héroes de guitarra que conocemos.

A esta altura un público literalmente exaltado por lo que sucedía, se debatía ente vitorear a Vai y mirar el show respetuosamente. En el contexto de Luna Park colmado (algo que no es poco para una propuesta instrumental) seguramente el objetivo de varios haya sido contagiarse de algo de la magia del genial Vai. Entonces no fue casual que en el ingreso al show los integrantes de seguridad se encontaran con no una, sino varias personas tratando de ingresar con sus guitarras. Tal vez hayan pensado que algo de la magia podría trasladarse y tal vez haya sucedido.

El final luego de decir muy emocionado “esto fue Passion and Warfare” potenció la idea de homenaje. Si algo faltaba para cerrar la noche era el homenaje al enorme Frank Zappa quien le dio la gran oportunidad a Steve cuando era casi un adolescente. La elegida con video en vivo de Zappa mediante, fue para la graciosa “Stevie´s Spankin” que desde el punto de vista conceptual sirvió para dimensionar de dónde viene todo lo que propone Vai. Seguramente mucho de lo que ha logrado como showman tiene que ver con la locura de Frank. Entonces no sorprende que el violero baile, revoleé la guitarra, recomiende llegar a casa y hacerse el guitarrista desnudo frente al espejo y que toque la viola, literalmente, con la lengua. Lo insólito es parte de su manera de entender la música y eso para los que comparten su visión, tiene un atractivo irrefrenable.

El cierre definitico con “Fire Garden Suite IV - Taurus Bulba” luego de “Racing the World” también sirvió para subir puntos al atarctivo del show . En el medio de la canción bajó del escenario para tocar en el medio del público, algo que resultó dificultoso por la cantidad de fans que se abalanzaron para tocarlo. El cierre final fue para Vai solo en el escenario visiblemente emocionado y despidiéndose no solo de Argentina sino también del tour. La sensación fue la de habernos cruzado con un guitarrista de otro planeta, capaz de sortear el caraculismo y el mal humor al que nos tienen acostumbrados otros héroes de guitarra y mostrarnos que la guitarra es una parte tan vital de su vida como sus manos, sus piernas, su cabeza o su corazón. Tal vez esé último órgano sea el que define su relación con la música. Esa podría ser la razón que permitió haber vivido este intenso show que presenciamos en el Luna Park. Inolvidable.