Los Espíritus: Resistencia psicodélica.

Crónicas
Los Espíritus: Resistencia psicodélica.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Mariano Sclocco PH (cortesía prensa de Los Espíritus)

Los Espíritus estrenaron su tercer disco y eligieron profundizar sus virtudes. Su público, agradecido.

La mitología músico popular suele decir que el tercer disco es el que deja en claro para qué está un grupo. Es el que termina de definir su sonido y el que puede servir para dar el salto de calidad o popularidad que un grupo necesita para consolidarse. Agua Ardiente es el tercer disco de Los Espíritus e indudablemente va marcar mucho de lo que suceda de aquí en adelante con la banda. Dos Teatros Flores sold out dan la pauta de que hay un público que los sigue con una expectativa sorprendente.

A lo largo del show, uno puede entender que la propuesta de la banda genera un efecto que va más allá de lo musical. Si bien las canciones son las que convocan (la gran noticia es que hay grandes canciones), hay algo más intenso y profundo que fluye en el ambiente. ¿Comunión? ¿Empatía? ¿Energía? Parece difícil responder qué es aquello que hace que un público heterogéneo (rockero, blusero, indie, joven, viejo, masculino, femenino, diverso, etc.) sienta que están hablando en su idioma. Incluso el mismísimo Ruso Verea, todo un referente a la hora de preguntarse de qué se trata la buena música (la que libera, la que emociona, la que transforma) disfruta el show en el primer piso e incluso se anima a tirar algunos pasos con su compañera. Quien escribe, luego de que post mirada cómplice reciba su saludo y un elogio en forma de “te vi el parche de la h”, se anima a trasladarle la inquietud junto con la frase “que bueno verte acá”. La respuesta es bien concreta “esto es distinto, es lo que nos ayuda a soportar la mierda que nos venden”, dice y tal vez esta sea la manera más concreta de definir qué es lo que está pasando con Los Espíritus.

El inicio del set dio la pauta de que la banda cumpliría con su palabra (se había prometido la presentación del disco), por lo que Agua Ardiente fue transitado de punta a punta y en el orden con el que fue trackeado, lo que dio la pauta del nivel de convencimiento que el grupo tiene respecto al mismo. En este sentido, desde el inicio con “Huracanes” hasta el final con “El Sacio” la sensación fue la de encontrarse con un conjunto de canciones sostenidas en un fluir y una cadencia tan cautivantes como intensas. Para llegar a estos estados el grupo propone desde lo musical y lo lírico abrir distintos caminos para contar sus historias. Entonces a la innegable referencia al blues más clásico o al blues rockero que tan bien supieron crear Manal, Pescado Rabioso o Color Humano entre otros; le agregan distintas cadencias que van desde lo psicodélico hasta lo valvular, lo arrabalero y lo primariamente rockero sin escalas. El resultado es claro: las canciones de Los Espíritus son tanto para escuchar como para bailar, son tanto para cantar como para recordar, tal vez porque dentro de esa amplitud está su propia búsqueda. Con un audio lo suficientemente claro como para que cada uno de los integrantes pueda aportar el brillo propio, cada una de las canciones del disco tuvo su espacio de lucimiento. Entonces la faceta más psicodélica (una psicodelia popular argentina) brilló con intensidad viajera en canciones como “Jugo”, “Luna Llena” y “El Viento” sostenidas por lo que la banda puede generar desde lo instrumental. Sin lugar a dudas aquí tienen especial protagonismo la interacción que logran Pipe Correa en batería, Fer Barrey en percusión y Martin Fernandez Batmalle en bajo, construyendo una base rítmica que dibuja una paleta de colores bien ecléctica en cada canción. Luego; Santiago Moraes en Guitarra Acústica y voces y Maxi Prietto en Guitarra y voces junto a Miguel Mactas en Guitarra se encargan de aportar aquello que permite que cada tema tenga una identidad clara y diferencial. Mientras este último es capaz de darle una impronta bien melódica a cada tema, los dos primeros se reparten las voces y lideran el ánimo de cada canción. En este punto el grupo brilla principalmente porque la relación entre la propuesta instrumental, que suena simple, pero esconde una complejidad estructural y las líneas vocales jamás está disociada, lo que termina por darle solidez a cada una de la canciones que brilla por mérito propio.

Seguramente por esta solidez instrumental, no suena forzado que la faceta psicodélica conviva desde lo lírico con un interesante posicionamiento político ligado a la realidad que nos rodea. Entonces canciones como “La Rueda que Mueve al Mundo” (un relato de como el sistema en el que vivimos nos obliga a ser parte de algo que no queremos) ,“La Mirada” (una viñeta porteña del desprecio al otro) y “Las Armas las Carga el Diablo” (una feroz crítica a la violencia política) mantienen la misma cadencia musical (en unos casos más blusera en otros más rockera) pero muestran un giro interesante desde la relación con el otro. El efecto es instantáneo, sin ninguna frase demagógica por parte del grupo, espontáneamente la gente comienza a cantar en contra de Macri después de cada una de estas canciones, dando la pauta de que Los Espíritus, a su modo, proponen un espacio de rebeldía, reflexión y resistencia frente a la época en que vivimos.

La segunda parte del set, luego de un breve descanso, fue un recorrido por aquellas canciones que son parte de Los Espíritus (2013) y Gratitud (2015) pero transformadas por el nuevo sonido que propone el reciente disco. Entonces, sin dejar de lado las dos facetas que mencionábamos antes (la psicodélica y la de posicionamiento político) fue interesante escuchar como canciones como “La mina de huesos” , “Jesús Rima con Cruz”, “El gato” entre otras hoy han ganado fuerza en cuanto a experimentación y vuelo transformándose en grandes espacios lisérgicos; en contraste con otras como “Perro Viejo” o “Negro Chico” que sonaron bien crudas y descarnadas, potenciando lo realista de las descripciones. A la hora del cierre con “Vamos a la luna” (cantado como un mantra por todo el público) “La crecida”, “Las sirenas” y “Noches de Verano” fueron el espacio ideal para que todo el público, bien enganchado con la propuesta transformara esta comunión imaginaria en un espacio concreto de participación. Al otro día seguramente varios volverían a reafirmarla. La sensación es de haber visto una banda que, coincidiendo con el Ruso Verea, tranquilamente puede ser el símbolo de algo distinto que se está gestando. Por ahora, con shows como este, es muy difícil que fallen.