Arraigo: Atravesando todo límite

Crónicas
Arraigo: Atravesando todo límite
Texto: Carlos Noro. | Fotos: Jorge Sebastián Noro

Desde la música pesada hasta la murga pasando por el folclore, Walsh y Jauretche. ¿Querés saber como hace una banda para crear un universo con todo esto? Entrá y fijate.

Seguimos tratando de visibilizar lo que la gente no quiere o no puede ver” dice Pablo Trangone a penas iniciado el show y de alguna manera trata de orientar a los nuevos, a los que venimos por primera vez, de qué se trata la historia de Arraigo. La tarea es compleja, principalmente porque tanto musical como ideológicamente las propuestas de resistencia suelen tener límites estílisticos o retóricos. No es fácil hacerse cargo de denunciar, gritar, explicar o explicitar lo que sucede sin caer en lugares comunes o repetitivos. La noticia es que los muchachos, están dispuestos a trascender límites propios como ajenos y que en esa búsqueda logran construir un universo tan propio como original y convocante. Seguramente para llegar a este estado han ido realizando tanto búsquedas propias como colectivas que han permitido que cada quien sienta su aporte al colectivo que han formado. Cada una de las canciones es capaz de generar en quien las escucha algún tipo de reflexión sobre las desigualdades que nos atraviesan. Es en este punto donde la banda termina por construir un espacio simbólico donde público y músicos hablan el mismo idioma. En sus letras aparecen Walsh, Jauretche, la crítica a los medios de comunicación, la represión policial, la revolución, la necesidad de disfrutar los momentos y del presente. También hay tierra y naturaleza, sufrimiento y felicidad. Suenan sinceras, convincente y creíbles, algo que no es poco en los tiempos que vivimos.

Si bien mucho de lo que sucede en el escenario se sostiene en la versatilidad del ya mencionado Pablo Trangone (con un increíble talento para sonar rockero y melódico así como también de adentrarse sin problemas a distintas formas de lo popular como el folclore, el tango o la murga acompañando sus intervenciones con instrumentos autóctonos); paralelamente y horizontalmente hay una banda capaz de proponer caminos melódicos de alto vuelo. Leandro Ramogida y Mariano Perret desde las guitarras eléctricas y criollas brillan principalmente porque se muestran como conocedores y sabedores de lo que necesitan cada canción. Tal vez por eso el grupo puede pasar del folclore tradicional a la pesadez y luego retornar a lo folclórico en canciones como la brillante “Pañuelos Negros” en uno de los grandes momentos de la noche porque simboliza mucho de la mixtura de la que hablamos. Leonardo Pazos en bajo y Federico Prieto en batería son capaces de brindar la solidez necesaria para que todo funcione. En una tarea mancomunada, mucho de la solidez que construyen hace que experimentos como la transformación de la bella canción de Lisandro Aristimuño “Tu nombre y el mío” en un medio tiempo denso, pesado y sentido que parece creado genuinamente por el grupo.

Si bien la base melódica del grupo se sostiene en la fuerza y contundencia de la música pesada (a veces con melodías más cercanas a las del power, otras al hardrock y en la mayoría de las veces a las guitarras gemelas) ese es el punto del partida para abrir el juego hacia otros estilo con una fluidez admirable. Entonces es notable como el bandoneón bien tanguero de uno de los invitados de la noche, el “Cuervo” Pajón se acopla de manera casi natural en canciones como “Traen la pregunta” y “Pide más Yuta al Malón” sin convertir las canciones en heavytangos. Si algo caracteriza el sonido de Arraigo tanto en vivo como en las grabaciones es la fluidez del maridaje que logra. Desde ese lugar el grupo se permite trascender los límites sin ningún tipo de tapujos, construyendo canciones de raíz genuinamente folclórica como “Zamba para los huérfanos” o “Carnaval de soledades” entre otras, sin perder aquello pesado y melódico que de alguna manera estructura la propuesta general del grupo.

 

Teniendo en cuenta esta posibilidad de mezclar sonidos la banda juega a sorprender a los desprevenidos y seguir ampliando los límites de su propia gente. Entonces para un público que muchas veces a lo largo del show el cantante se encargó de mencionar como “la familia Arraigo” no resulta chocante que “Escribe y dispara” tenga a Enzo Díaz en cencerro y güiro para que la canción tenga interludios de cumbia. Tampoco lo es cuando “Calaveras Porteñas” permite que ingrese una murga de Constitución que rompa los límites del escenario y del público. La gran sorpresa no es solo lo que sucede arriba el escenario, debajo del mismo cada quien construye un gran carnaval de pogos, bailes y abrazos; algo infrecuente dentro de una escena (la de la música pesada) donde bailar es casi un sacrilegio. Tal vez por eso cuando uno ve las caras de quienes en silencio se dirigen a la puerta de salida; cada rostro se muestra contento, feliz y aliviado. Tal vez haber sido parte de lo que los mismos Arraigo nombran como orgía haya cambiando un poquito de sus vidas o haya servido para seguir caminando. Nosotros nos fuimos felices de haber sido parte. A seguirlos.

 

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