Lamb Of God, Carcass, Heaven Shall Burn: Sonido Infernal

Crónicas
Lamb Of God, Carcass, Heaven Shall Burn: Sonido Infernal
Texto: Carlos Noro

Alemanes, ingleses y norteamericanos protagonizaron un festival. Este fue el resultado.

Heaven Shall Burn: Metalcore a la alemana.

Los alemanes de Heaven Shall Burn tienen poco y nada de la tradición sonora alemana en su propuesta. Aquí no hay melodías a lo Accept, ni guitarras gemelas a lo Helloween ni ese heavy metal bien aguerrido de Rage o Grave Digger. Por el contrario la sensación al verlos en vivo es que si a algún desprevenido se le dice que nacieron en algún pueblo fabril estadounidense, seguramente se lo termine creyéndo. Entonces para entender lo que hoy hacen los germanos hay que saber que a finales de los noventas, la música extrema se volvió melódica y se mezcló con el hardcore creando algo que los críticos bautizaron metalcore. En este contexto, los teutones que están por cumplir 20 años en escena salieron con todo a presentar su más reciente placa “Wanderer”. Si bien a esa altura Groove estaba lejos de colmarse, un interesante grupito les hizo el aguante reboleando patadas, pogueando y haciendo algún mosh. Desde arriba la banda propuso lo esperable: mucho despliegue y movilidad por parte de toda la banda, destacándose especialmente el vocalista Marcus Bischoff (casi siguiendo un manual imaginario de actitud hardcore) y el guitarrista Alexander Dietz (bien inquieto a la hora de ejecutar su instrumento y construir los cortes y quebradas propios del estilo). Sin embargo, el gran problema estuvo a la hora del nivel sonoro propuesto a lo largo del set. Si bien el estilo, por su nivel de compresión en intensidad, necesita sonar fuerte para ganar en contundencia; lo que sucedió fue un exceso a tal punto de que terminó afectando la nitidez del audio de manera notable. El resultado fue la imposibilidad de distinguir la mayoría de las canciones, principalmente porque el efecto bola de ruido se hizo presente en los momentos donde la banda ejecutaba piezas instrumentales más complejas. El resultado final, a pesar de que algunas canciones como “Voice of the Voiceless” o “The Weapon They Fear” insinuaron una interesante postura política (la banda además tiene un fuerte discurso ecológico) fue la imposibilidad de entender la dimensión exacta de la propuesta de los alemanes. Una lástima que el nivel excesivo de sonido haya conspirado con la posibilidad de sumar nuevo público para la única banda de la noche que seguramente buscaba crecer en ese punto.

Carcass: Cirujía a corazón abierto

No descubrimos nada si decimos que Carcass es una de las bandas más representativas a la hora de mencionar estilos como el grindcore, el death metal, el death metal melódico y sub estilos como el goregrind entre otros. Ese status de leyenda hace que para Bill Steer y Jeff Walker sea redituable girar cada tanto con la banda (sumando dos músicos correcto en guitarra y bateria como Daniel Wilding en batería y Ben Ash en guitarra) y financiar, por ejemplo, otro tipo de propuestas que poco tienen que ver con los libros de medicina que incluenciaron las letras de los primeros discos. Con un sonido que también estuvo fuerte pero que jamás alcanzó el nivel atronador del set de los alemanes, el objetivo en esta propuesta de ser soporte de LOG (algo que no había sucedido en las anteriores visitas) fue el mostrar un set corto y contundente que recorriera cada una de las épocas de la banda. Entonces no fue casual que el inicio haya sido para “316L Grade Surgical Steel” parte de “Surgical Steel” (el muy buen disco que lanzaron hace unos años luego de diesciete años de ausencia) para luego encarar con “Buried Dreams” del icónico “Heartwork” y más tarde caer en “Reek Of Putrefaction” de la primera época. Esta dinámica entre temas nuevos, viejos y clásicos fue la elegida a lo largo de la noche entonces no resultó raro que la genial “Heartwork” este emparentada con canciones como “Corporal Jigsore Quandary”. En el universo extremo y enfermo de Carcass todo fluye con una contundencia admirable.

Gran parte de esa fluidez estuvo sostenida en el dúo Steer y Walker que mencionamos al comienzo. El primero vestido con oxfords y camisa apretada como si estuviera en 1974 le aportó al sonido general del grupo un gusto por la melodía completamente infrecuente dentro de la música extrema. Entonces fue divertido verlo bailar y saltar incluso en los fraseos más rápidos o proponer todo su feeling rockero en canciones como “Keep on rotting on the free world” (del injustamente polémico Swansong). De alguna manera la guitarra de Steer sabé que detrás de todo está el rock y su gran virtud es ponerlo en práctica incluso en las propuestas más extremas en lo que lo convierte en el gran ganador de la noche. En este contexto Jeff Walker sabe que es el encargado de construir la agresividad que la banda necesita para ser como es. Entonces, aunque aparenta que está dando un show caótico en el que arroja miles de puas o incluso porrones de cerveza; gran parte de la estructuras de las canciones reposan su capacidad melódica como bajista y en su voz que, si bien denota el paso del tiempo, siguen conservando ese tono enfermizo que es su marca registrada. Tal vez por esta mixtura, a la hora del cierre con “Carneous Cacoffiny”, la sensación fue que los ingleses supieron dar un show a la altura de su historia. No es poco.

Lamb Of God: Uno por todos

Apenas “Laid to Rest” (uno de los hits de la banda) dio inicio al show, la sensación fue que gran parte del público que había ido llenando de a poco los espacios de Groove venía por los estadounidenses. Otra vez el volumen sonor resultó excesivo pero a diferencia de lo sucedido con los alemanes, la cosa se pareció a lo que sucedió con Carcass. A lo largo del set fue acomodándose hasta lograr un audio aceptable lo que no es poco en una noche en donde al sonido le costó encontrar lugar. En este contexto, con un público entregado de antemano, al que se le presentó un tema reconocido como disparador del show y un sonido bastante bien calibrado; uno podía suponer que todo se transformaría en una noche bien intensa. Lo cierto es que al menos esta vez la versión de LOG en vivo resultó algo desdibujada. Si bien la actitud hardcore Randy Blythe (gritando, saltando, escupiendo y gesticulando) contagió entusiasmo resultó muy extraño lo que sucedió a su alrededor. Especialmente en el caso Mark Morton y Willie Adler la falta de energía al principio del show fue notoria. Si bien sus guitarras propusieron melodías interesantes (aunque algo repetitivas) el gran problema fue su falta carisma que incluso contagió al estático John Campbell encargado del bajo. La sensación fue que ellos estaban en una sintonía y Blythe en otra. Seguramente esta fue la explicación por la cual la banda realizó mini parates entre y tema y tema donde el vocalista se quedó a jugar con el público. De buen humor incluso se permitió mencionar la lucha docente “la educación es la salida” antes de “Walk With Me In Hell”, devolvió al público una extraña billetera con pastillas que le arrojaron diciendo “las drogas no son para mi”, todo en el contexto de un despliegue incansable que contrastó radicalmente con el resto de sus compañeros, prolijos pero al menos esta noche, con poca demostración afectiva.

 

Chris Adler desde el fondo del escenario fue un caso aparte. Su labor como baterista puede definirse con un solo adjetivo: precisión. Cada uno de sus golpes muestra una clara preferencia por la técnica y por la economía de recursos. Entonces mucho de la contundencia que tienen canciones como “Hourglass” o “Red Neck” con la que cerraron el show, descansó en sus manos. Seguramente su función en la banda no sea agitar a las masas, lo que contrasta con la música que produce el grupo en general: intensa, groovera y ganchera. En este contexto tal vez el desligue de un público enganchado con las canciones (que fue una especie de catálogo de grandes éxitos) y la entrega de Blythe es lo que queda como conclusión de esta nueva visita de los norteamericanos. Demasiado poco para lo que prometen.