El sueño del Señor Morse

Crónicas
El sueño del Señor Morse
Texto: Sebastián Sánchez

Aunque a algunos les cueste creerlo, en este país hay entusiastas de todos los géneros musicales posibles, y definitivamente el rock progresivo en su forma más actual no carece de seguidores. Ante un público sumamente variado en composición y edad, el veterano Neal Morse y su banda de bestias brindaron un show inolvidable.

Las cartas estaban barajadas desde el principio, y con un Teatro Vorterix a plena capacidad, Neal Morse y sus muchachos tenían la no fácil tarea de recorrer en su totalidad un disco doble lleno de variantes y matices. The Similitude of a Dream se compone de dos partes, cada una superando la hora de duración con comodidad, y con ese planteo se iría a desarrollar el show, siguiendo de manera exacta el orden de canciones de aquel disco. Al no haber sorpresas en cuanto a la lista, lo que quedaba experimentar era el aspecto en vivo de tamaña obra, y justamente ahí fue donde la banda no defraudó.

De modo que de un lado teníamos a un público sumamente variopinto, tanto en edad, apariencia, o cualquier otro aspecto imaginable, y sobre el escenario a una banda compuesta por músicos de talento innegable. Ya profundizaremos sobre cada uno de ellos a medida que se haga oportuno.

En cuestiones generales, el show comenzó con una apertura climática a cargo de “Long Day”, con un recinto y escenario sumidos en la oscuridad. A medida que los integrantes de la banda se acomodaban en sus posiciones, y ante el clamor del público, un Neal Morse encapuchado y con una linterna que iluminaba su rostro dio la patada inicial a una primera parte que no dio descanso en cuanto a la sucesión de temas. Todo el disco se va desarrollando de una manera casi continua, y las canciones van fluyendo con una facilidad muy bien lograda, y esa misma sensación se replicó en el vivo. Con un estilo casi teatralizado, el Señor Morse hizo uso de su voz y su teclado en un principio para llevar a todos en lo que pareció ser un viaje de ida y vuelta hacia la mente humana. Un aspecto a destacar, es que hay una serie de melodías que se repiten desde principio a fin, siempre discernibles pero con interesantes variantes instrumentales y vocales, y que parecen formar un hilo conductor para toda la obra. A lo largo del show, Morse cantó, uso su teclado, toco guitarra eléctrica y acústica (12 cuerdas si la memoria no falla). Un siempre histriónico Mike Portnoy se hallaba a cargo de la batería, con una técnica que encajó a la perfección en un grupo de estas características. Aportó voces en algunos momentos, hizo sus acrobacias con los palillos, se dirigió al público (con quien realmente parece haber afinidad, parece que le gusta venir a Buenos Aires), y todas esas cosas que quienes conozcan o hayan visto en vivo a este señor conocen. Eric Gillette se hizo cargo de la guitarra eléctrica, y cantó en varias oportunidades, con una destreza absoluta. En esta dinámica, a cada músico le tocó ser el centro de la escena en algún momento (generalmente en varios) del show, y Gillette hizo su aporte sin problemas.

Hay que hacer menciones especiales para Randy George, a cargo del bajo, que mostró su habilidad en todo momento, y Bill Hubauer en teclados, que también tuvo que hacer uso de su voz en muchas oportunidades, y hasta un saxo durante un tema en la segunda parte del show. Si hablamos de eso, se agradeció el intervalo entre parte y parte, pero la performance, la fluidez de los temas, la variedad de estilos y canciones, hizo que la experiencia de más de dos horas estuviera llena de disfrute y asombro. Mencionar tema a tema sería un despropósito, y la cantidad de momentos singulares que se sucedieron a lo largo de la presentación es igual de innumerable, pero resta decir que no faltó oportunidad para que cada músico se hiciera un lugar para si dentro del show. Eso sí, tras concluir la presentación de ambas partes de The Similitude of a Dream, hicieron el típico acting de los bises para regresar y despacharse con nada más y nada menos que otros tres temas, “Author of Confusion”, “Agenda” y “The Call”.

Neal Morse es un gigante del género, pero también es generoso con sus compañeros, y sabe explotar las fortalezas de cada uno al dejarlos hacer de las suyas. Cada rol estaba calculado y ensayado, pero la ejecución de cada pieza no dejó de ser sorprendente. Como nota aparte, Portnoy prometió regresar a Buenos Aires en octubre, y de no estar equivocados, con otro proyecto denominado Shattered Fortress, que tendría al virtuoso Gillette en viola nuevamente, así que será cuestión de estar atentos.