Un vendaval de rock montañoso

Crónicas
Un vendaval de rock montañoso
Texto: Sebastián Lanzillotta | Fotos: Seba Delacruz

En esta ocasión y, en el marco del Noiseground Festival Episodio 1 , la excusa de los polacos para embarcarse por primera vez a estas tierras fue la presentación de su célebre álbum Greenferno en The Roxy live, en una gira que además los traería por la provincia de Córdoba, Uruguay, Chile y Brasil. ¿Qué cómo les fue? Te lo contamos en las siguientes líneas.

Quisiera alabar, primeramente, la hermosa decisión de generar ya hace un tiempito y, por parte de la organización del Noiseground Festival, un espacio concreto y específico para todas aquellas tendencias musicales emparentadas con los sonidos setentosos, los cuales son mis favoritos. Ahora que cuento con la oportunidad de expresarme, bueno ¡un brindis por eso, entonces!

Vayamos al grano, los encargados de abrir fuego en la velada fueron los chicos de El caos reptante. Un escenario sombrío durante todo su repertorio no impidió ver el porte y la estampa que tiene esta tremenda banda del under nacional que sigue sonando de la hostia en vivo, a pesar de los años. Aggiornados al 100 % y con una impronta que me recordó bastante a los últimos coletazos de Los natas, los cuatro jinetes del apocalipsis cumplieron con creces del primer acorde hasta el último. El aperitivo más álgido llegó cuando las tres bestias de Picaporters tomaron posesión en las tablas, incluso no es exagerado decir que la gente empezaba a arribar en manadas para disfrutar del setlist de los oriundos de La Plata. Es que la técnica de estos pibes es superlativa, sobre todo cuando desenfundan esas gemas bendecidas de su ya lejano Elefantes. Ideal para amantes de Ambassador. El turno era para Dragonauta que, luego de los cimbronazos que sufrió su formación, se las sigue rebuscando al renovar su licencia para torcer cuellos. “Necrogalaxia” y “Muerte y destrucción” se llevaron los aplausos cerrados de la masa metalera que a esa hora copaba casi por completo las dimensiones del boliche de Niceto Vega.

Minutos antes de la hora señalada, Belzebong irrumpió repentinamente al ritmo de “Bong thrower”. Una puesta fiel al estilo que practican, juego de luces predominantemente en la gama del verde y una pantalla de fondo con dinámicas del terror más expresionista que te puedas imaginar. ¿De qué la va esta gente? Se los podría definir como un vendaval de rock montañoso sin cantante y con una fórmula propia en la que el stoner y el doom más groovero son felices cónyuges. ¿Se entendió?

La desértica “Names of the devil” (puede que la más junada por los presentes) levantó algún que otro tímido puño en un público silencioso por lo analítico. “Diabolical dopenosis” los bautiza definitivamente como el nuevo hijo bastardo de Black Sabbath en la última década. Y si hablamos de acordes disonantes extremos que albergan un pico de distorsión gustosamente paladeable, basta con escuchar en directo “Dungeon vultures” (¡cómo sonó!).

Aspectos evaluados por este “pseudo humilde” servidor / psicólogo frustrado. Rectitud envidiable: tema tras tema sin descansar como en un mismísimo disco. Actitud inmutable: rostros monocordes, despegados de cualquier emoción, pareciera que nada les da miedo. Cordura pronunciada: agradecimientos ni bien terminan de ejecutarse las canciones y vuelta a las posiciones. Diagnóstico: profesionales que saltan al ruedo y conectan sus armas a los amplificadores con el propósito de peinarte para atrás, dejando bien en claro que el deber está por encima de la familia (?).

Tanto para los curiosos que perdieron la virginidad ese viernes por la noche como para los reincidentes aficionados al dolor (del placentero), los provenientes de Kielce consiguieron sacarnos una sonrisa diabólica hasta que conciliemos el sueño (por lo menos). La maquinaria estuvo engrasada de su prólogo a su epílogo. Muchos dejaron sus cervicales, algo de su vestimenta y LA DIGNIDAD para asistir a un nuevo crimen de los polacos. Seguro se fueron conformes.

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