Qué lindo volverte a ver

Crónicas
Qué lindo volverte a ver
Texto: Sebastián Sánchez | Fotos: Seba Delacruz

El hecho de que se edite un disco nuevo siempre es motivo de celebración, pero en el caso de Pez, hay un aire místico que lo deja más cerca de un ritual. Estuvimos para cubrir una gran convocatoria, en un Niceto Club a punto de explotar, y aquí compartimos algunas impresiones.

Pez es una tremenda banda, sólida y consistente, de eso no hay dudas. Goza de buena convocatoria, tiene status, y aún saca grandes discos, como el caso de su más que reciente Pelea al Horror, liberado hace muy poquito tiempo. Es una maquinaria aceitada, efectiva y contundente, con buenas melodías, aspectos directos en el vivo, y un poquito de delirio sano de vez en cuando. Hasta aquí no hay novedades. De hecho, para los habitués, todas estas características conforman una invitación inapelable al disfrute musical.

Entonces, lejos de quitarle atractivo, tener presente a una banda que no falla es un plus significativo. Y otra vez, siguió sin decepcionar. El show comenzó con la habitual puntualidad del recinto, que dicho sea de paso estaba a tope de capacidad, pasadas las 21.30 horas, y se prolongó hasta el principio de la medianoche, todo coronado por una noche climáticamente horrible, que no pudo contener a los concurrentes. Si por esas casualidades, aquel que lee no tiene idea acerca de esta banda, le podemos decir que está liderada por Ariel Sanzo en guitarra y voz, hombre que estuvo a cargo de voces y guitarra a lo largo de toda la velada. A su derecha se ubicaba Juan Ravioli, quien luego de estar un poco a cargo de otra guitarra, rápidamente se ubicó al frente de los teclados. Al fondo, Franco Salvador en batería, y del otro costado faltante, el resto de la base de la banda, con Fosforo García en el bajo. Todos colaboran con las voces, y todos le ponen una garra incalculable al sonido de la banda. No hay mucho más que decir al respecto.

Aún con las dificultades que representa un Niceto Club repleto como estaba, era imposible evitar darse cuenta de que la música de Pez atraviesa sentidos que poco tienen que ver con lo visual. Basta tomar como ejemplo la reacción que genera “Desde el viento en la montaña hasta la espuma del mar”, tal vez uno de sus grandes clásicos para entender este fenómeno, o cuando tuvieron a Pablo Pontoriero de invitado a cargo del saxo para ejecutar una versión notable de “Haciendo real un sueño imposible”. A eso de las 22.40 hubo tiempo para una pausa, matizada por música compuesta para la ocasión, de tintes casi electrónicos. Tras ese cuarto intermedio, la banda completa volvió a escena con una perfecta rendición de “Seminare”, canción eterna de Serú Girán. “Bettie al Desierto” volvió a dejar la piel de gallina, al igual que “Toda la mañana”. Habiendo casi empezado el show con su más reciente “Pelea al Horror”, el retorno a canciones que ya tienen más de diez años sirve como testimonio de la amplitud que la banda tiene para elegir entre su repertorio. Hubo más en el camino hacia el final, que se prolongó hasta casi la medianoche, y recontar cada detalle seria imposible.

Fue un show extenso y disfrutable de principio a fin, con las suficientes pausas para dirigirse al público que respondió siempre, y aprovecharon la presentación en solitario para tocar más tiempo, como estaba anunciado. Solo queda por concluir algo que a esta altura no debería extrañar a nadie, y es el hecho de que Pez ya es una banda eterna, que se apoya sobre una extensa carrera, y que rara vez decepciona en su actuación. 

, , , , , , ,