Es solo rock and roll

Crónicas | Airbourne
Es solo rock and roll
Texto: Carlos Noro | Fotos: Kevin Nixon. Teamrock.com

Sabemos que el hard rock es un estilo donde la imitación o la inspiración son frecuentes. Así es como tenemos un montón de bandas que intentan parecerse a sus ídolos imitando modismos, letras de canciones e incluso melodías. La idea es divertirse sin pretensiones, lo que conlleva a que poco importe si una banda está aportando algo verdaderamente nuevo a la historia de la música. Sin que esto resulte negativo, Airbourne ha elegido este camino sin por esto merecer un juicio sobre derechos de autoría. Como casi nadie los australianos han sabido emular todo aquello que sus hermanos mayores (o sus padres) han aportado al rock and roll. Entonces tenemos una banda que parece haber comprado el poster de los de Angus Young y Bon Scott en 1978, pegarlo en sus habitaciones y a partir de ahí practicar hasta que todo tome forma. Para Airbourne, AC / DC es rock and roll y no hay mucho más que decir para dar cuenta de lo que implica la propuesta de los muchachos.

El soundtrack de Terminator 2 fue la intro que dio inicio para que los australianos salieran como una tromba al escenario. Hasta ese momento todo más que bien, a excepción del micrófono de Joel O‘Keeffe que no emitía ningún sonido. Si bien el público, enganchado desde el principio, le puso mucha onda “Ready to Rock” y “Too Much, Too Young, Too Fast” coreando sus riffs, tanto una como la otra fueron dos canciones perdidas hasta que el grupo decidió parar. Obviamente el sonidista recibió las puteadas y O´Keeffe medio en joda, medio en serio se sacó la guitarra y amagó a pegarle. La cosa se solucionó, el grupo retomó la segunda de las canciones y todo empezó a ser cada vez más rápido e intenso.

Mucha de esa rápidez e intensidad tiene que ver con lo que puede realizar en el escenario el mencionado O’Keeffe. Si bien todo el grupo lo secunda con solvencia (el único punto flojo podría ser la poca variedad de recursos del otro O´Keeffe, Ryan, en la batería) la sensación es que cada momento pasa por sus ganas y por su entrega. Tal vez por eso cada una de las canciones es extendida varios minutos por sobre sus versiones originales en lo que se transforma en una especie de as bajo la manga. No por nada un set que a simple vista parecía corto (12 canciones) termina por resultar más que suficiente para un público muy conocedor de la banda. Canciones como “Down on you” son la mejor pauta de esto. El riffs se extiende sin deformarse y hace que el publico coree, salte, grite o se abrace. En ningún momento alguien putea por la extensión. Todo parece ser parte del ritual hard rockero y del clima de fiesta en general.

En este sentido a medida que va pasando el show la cosa va subiendo en efervescencia. Hay lugar para que O´Keeffe muestre su envidiable técnica de arrojar vasos de cerveza a medio llenar al público y que en vez de mojar a todo el mundo, lleguen a las manos de algún afortunado. También se reproduce el ritual que si uno ha visto algún video en vivo del grupo, aparece con frecuencia: en “Girls in black” toma una lata de cerveza y la revienta literalmente en su cabeza. El público enloquece y festeja cada gesto excesivo mientras las canciones se suceden con un frenesí intenso y sostenido.

Una remera de Motorhead que muestra alguien del público hace que aparezca la pregunta obvia:¿Hay alguien al que le gusta Motorhead? El “Lemmy, Lemmy” a grito pelado es la introducción perfecta para “It‘s All for Rock ‘n‘ Roll” el homenaje póstumo a quien incluso les manejó el bus de gira en algún video.

A la hora del cierre con dos versiones a toda velocidad y obviamente extendidas de “Live it Up” y de “Runnin‘ Wild” que en algún momento derivaron en pequeñas referencias a “Paranoid” de Black Sabbath y “Dirty Deeds Done Dirt Cheap” de AC/DC la sensación es que todo había salido más que bien. Caras de felicidad y sensación de conformidad. Aunque los australianos no hayan inventado nada saben de qué se trata todo esto. No es poco.