Las curiosas formas del recuerdo.

Reseñas | Güacho “Vol. III La Persistencia de la Memoria”. Tomas del Mar Muerto. 2017
Las curiosas formas del recuerdo.
Texto: Carlos Noro

La primer sensación que se siente conVol. III La Persistencia de la Memoria, tercer disco de los platenses de Güacho es la de estar viviendo otro capítulo de la historia que empezó tímidamente con Vol I, se potenció con Vol II Historia de Viajeros y aquí al menos por ahora toma su versión definitiva.

La gran virtud de los muchachos es poner en juego un concepto (en este caso la idea de la memoria, de los recuerdos y de como interactúa con el presente) sin por ello ser literales o explícitos. Entre el rock pesado, el blues psicodélico y la canción en el más estricto sentido de la palabra (esa que tiene melodía y groove como base de funcionamiento) uno puede ir transitando cada uno de los estados musicales y viviendo junto a la banda pequeños viajes, algunas veces por paisajes con imágenes vívidas y la mayoría de las veces a través de distintos estados mentales.

A lo largo del disco, con una gráfica impecable que muestra al trío en la piel de juglares rodeados de recuerdos y criaturas, la propuesta es transitar las distintas dimensiones de lo que significa el recuerdo. Tal vez por eso, “Días pasados” nos invita a rememorar nuestra propia historia inmersa en la una naturaleza ficticia y mántrica, algo que “El Idioma de los Bosques” propone explorar lisérgicamente. Canciones como “Las Almas Dormidas” son pesadas y rifferas linkeando tanto con Colour Haze como con el rock pesado argentino de los setentas algo que seguramente es parte adn inconsciente de la banda, construyendo una interesante mezcla entre el stoner más volado y el rock argentino más ácido. Sin embargo esto no es todo: en el universo de Güacho también hay lugar para sumergirse en el blues rockero que hace mover la patita “Problemas sin solución” (con un aire al Pappo´s Blues más ácido innegable) o al blues lisérgico con la increíble “Luz Mala”, con una larga zapada que seguramente tendrá una extensión alucinante en vivo; generando una soltura y una variedad musical tan bien balanceada que termina por hacer el recorrido de las canciones bien fluído y disfrutable.

Sobre el final “La Guerra grande” vuelve a proponernos un riff bien contundente que funciona como un soundtrack de una batalla mental que termina de tomar forma con las dos épicas partes de Droga del Anochecer (A. No te Dejes Engañar) y Droga del Anochecer (B. No nos Deja Olvidar) tal vez una síntesis perfecta para describir a la banda. Si como dijimos aparece una evidente relación con el rock argentino de los setentas y el stoner, también es justo decir que el grupo aporta su personalidad a cada canción. A esta altura la cadencia que logra la voz de Lisandro Castillo con la música del grupo en general y con su trabajo de guitarras en particular es nada más ni nada menos una especie de mundo onírico inclasificable, así como también la homogeneidad y la contundencia con la que van anticipando las canciones el groove de la batería de Hernan Torres en hermanada con precisión al bajo de Joaquin Castillo. En esa interacción Güacho logra multiplicar los estados musicales al infinito, en lo que tal sea su marca más evidente. Tal vez por eso “El Espinazo de la noche” funciona como un canto mántrico de cierre en el que los recuerdos se hacen presentes. Muchas voces al unisono, entre ellas de Shaman Herrera como invitado dan la pauta de que la música para los platenses no tiene límite. Imperdible para quienes busquen salir del agobio cotidiano.