Viaje al Agua en siete Bandas, camino de introspección.

Crónicas
Viaje al Agua en siete Bandas, camino de introspección.
Texto: Roma Marcaletti y Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

¿En qué momento el hombre aprende de sí mismo? durante las adversidades, con ellas se vuelve más sabio y fuerte. A un día de las elecciones legislativas, bajo un clima triste y poco alentador (recordemos que horas antes se había confirmado el hallazgo del cuerpo de Santiago Maldonado, algo que, a su modo, cada uno de los grupos recordaron con dolor) cientos de personas se reunieron en la Ciudad del Konex para ser parte de una comunión, que entre líneas significó mucho más de lo que realmente fue, y que sólo puede ser repensado a días de haberlo disfrutado en carne propia.

El primer contacto con el gran manto de agua impaciente, son las olas que te arrastran hasta el interior. El primer escenario y la banda que abría el gran Festival Viaje al Agua Vol.2, no fue sino Hungría en las tablas que se emergían entre columnas, como la majestuosa Atlantis. Una muy afortunada elección de nuestros anfitriones, Poseidotica. La música guiaba con fuerza, muchos empezábamos a despertar fuera de todo tiempo y espacio. Entre notas de una guitarra (Diego Manatrizio) que se movía en una dinámica progresión y una batería (Facundo Semerena) carente de bases monótonas, este dúo originario de Temperley, nos envolvía en una locura psicodélica ingeniosamente presentada. Definir lo que sucede en el escenario es hacerlo en términos de una batalla dialéctica. Todo lo que sucede ahí arriba parece ser ruidoso y cacofónico pero en en realidad esconde un nivel de pericia notable. Si la batería propone viajar hacia al limites de sus posibilidades, la guitarra es capaz construir una música surrealista donde el uso de los pedales (en especial la idea de utilizar autosamplers que sirvan de base para la propia música) genera que todo se potencie y se amplifique fractalmente hacia el infinito. Entonces, el resultado fue una revelación que dejó a muchos en estado de trance, sorprendidos. Sobre todo casi llegando al final, con el tema Parece bizarro pero es algo de Buda (Magyanország Vagy Halál, su segundo trabajo realizado en 2016) el dúo nos mostró una de sus características esenciales: el sentido del humor, al utilizar una de las escenas de la serie The Office no sólo como parte de su apuesta audiovisual, sino como parte estructural de la canción. Recomiendo adentrarse a su primer trabajo, Fjóplavi (2014), en el que hacen algo parecido pero con el séptimo capítulo de la décima temporada de Peter Capusotto. Sin duda alguna, un placer que debe presenciarse en vivo para experimentar de verdad un trabajo inquieto y curioso.

Dentro del océano, tras el primer oleaje, Güacho abría las puertas al segundo escenario a cielo abierto. Con los rayos del sol aún refractándose en el agua, la gente de a poco se fue acercando, algunos quedaban tendidos bajo el sol, mientras la mayoría permanecía flotando de pie frente a una banda de la cual no hace falta tanta presentación. Desde La Plata, el power trío presentó parte de su último trabajo Vol. III La persistencia de la memoria, realizado de manera independiente y autogestiva. Surrealismo gobernado por los sentimientos, y si de viajes hablamos, mirar el pasado es la clave de este disco para saber proyectar un futuro, o el cierre de su trilogía. El camino exige una transformación para el crecimiento, y Güacho lo ha demostrado, con un sonido menos encasillado y por ello más inigualable. Sin perder su esencia de rock pesado y valvular han ido incorporando elementos más experimentales que han transformado al trío en una hermosa máquina de construir paisajes inmersos en la naturaleza y en la gran ciudad. Entonces el contraste hace que todo fluya con tanta naturalidad que resulta imposible no sentirse convocado a sumergirse en ese diálogo que establecen con aquello los rodea. En este sentido “El Hambre y la Sed” y “El Idioma de los Bosques”, funcionan como una síntesis de aquellos mundos. La primero, vibrante y pesada, la segunda construyendo con paciencia, firmeza y sutileza un viaje a la propia mente. Capturando a la audiencia (fue un acierto que tocaran afuera casi al atardecer), Joaquín Castillo (bajo), Lisandro Castillo (guitarra y voz) y Hernán Torres (batería), cerraron su tan esperada performance con dos clásicos indispensables para los conocedores de su discografía: Frío Verdadero y Amanecer en la Frontera (En la orilla del océano Vol I, 2012). Para seguir con la locura que desata esta banda, el viernes 24 de noviembre estarán acompañando la celebración de los cincos años de Elefante Guerrero Psíquico Ancestral, en Niceto.

Nuevamente arrastrados al fondo del mar, en el escenario de las columnas denominado Exiles Records. Nos esperaba una banda oriunda de Caseros, provincia de Bs AS, conformada por Andrés Robledo (voz y guitarra), Alejandro Novoa (bajo) y Nicolás Heis (batería y coros). Con tan sólo dos discos cosechados, el primero No Termina Más, producido por Sergio CH (Los Natas, Ararat, Soldati) durante el 2013; y Al Borde del Filo, tres años más tarde. Las Diferencias, guarda en su haber, un premio a Nueva Banda de Rock (Gardel, 2017) en sus casi cinco años de joven trayectoria. Lo primero que llamó la atención, no fue la voz que por momentos se fundía con la guitarra, sino la simple complejidad de un trío que sabe cómo moverse arriba de un escenario. A lo largo del tiempo el trío ha sabido confirmar lo que insinuaba. Si bien siempre tuvieron a flor de piel una sensibilidad que los acercaba al rock pesado bien groovero, hoy tienen un sonido que los lleva hacia el blues o hacia el soul con una espontaneidad que asombra. La sensación es que los muchachos tocan en función del feeling que van construyendo en distintas dimensiones: entre ellos, con sus propios instrumentos y con la audiencia. Tal vez por ello los covers Amor de Primavera (Tanguito, 1970) y A dónde está la libertad (Pappo´s Blues, 1971) sensibilizaron a un público que de a poco se iba agigantando y dieron la pauta de que iba a ser difícil superar tal nivel intensidad a lo largo del festival. El gran cierre fue con “Está viniendo” transformada en una zapada enérgica que incluyo un solo de batería notable: Nicolás Heis tomó uno de sus palillos y golpeó sistemáticamente el otro haciendo sonar el redoblante. La sensación general es que el trío había sido una aplanadora. Impecables.

En el agua de este Viaje, se fueron dando diferentes tipos de fenómenos dentro de un mismo prodigioso ecosistema. Y no fue hasta la llegada de Morbo y Mambo en el escenario de Jägermeister, cuando el primer Tsunami desestabilizó al Konex. Habiendo presentado hace poco su nuevo disco Muta, esta agrupación como más de diez años de trayectoria, supo conquistar a un público que no dejó de bailar hasta la última canción. En este sentido lo que propuso esta pequeña orquesta que integran Mateo Aguilar (batería), Manuel Aguilar (bajo), Ignacio de Andrés (guitarra), Maxi Russo (trombón), Andrés (trompeta) y Mauro (teclado) e incluso Walter Broide en alguna canciones; fue generar un vibración energética que terminó haciendo emerger la alegría que se mantenía escondida en cada uno de todos los presentes. Todos sabíamos que los días que estábamos transitando no iban a ser fáciles. Entonces la sensación fue que mientras en aguas más profundas, la justicia de una muerte intentaba gritar en manos de sus opresores, nosotros estábamos dando lucha en nuestra superficie para no ser doblegados. La música fue, no el escape perfecto, sino más bien todo lo contrario: una auténtica forma de decir presente contra toda adversidad. Estos marplatenses radicados en Buenos Aires, lograron demostrar la excelencia y la profesionalidad ante todo, con temas de su nuevo disco como Panamá y BS80, versionando los ya conocidos Kerosene (Morbo y Mabo LP, 2011) y 442 (Boa, 2014) e hicieron bailar a casi todo el público. Gran acierto haberlos convocado.

El sol ausente, el viento cada vez más fuerte y como una señal en el cielo Atrás Hay Truenos, esperaba la llegada de su público para formar parte, de lo que en retrospectiva se convierte, en unos de los Festivales más emblemáticos. Cuarteto nacido en Neuquén, pero también radicado en Buenos Aires, se compone por Roberto Aleandri (voz, guitarra y sintetizadores), Ignacio Mases (guitarra), Diego Martínez (bajo, coros y sintetizadores) y Héctor Zúñiga (batería y percusión). Con una estética y una visión bien marcada, esta agrupación experimental presentó parte de su último trabajo Bronce (2016), un resumen claro de todo su trabajo realizado hasta el día de hoy, compuesto por EP instrumentales y dos discos que vale la pena escuchar: Romanza (2012) y Encanto (2013). Dentro de su set, con canciones de letras cortas y guitarras cercanas con algunos toques noise y postpunk, la gente que estuvo presente quedó atrapada en un ambiente casi onírico, casi espectral que vagaba por paisajes desconocidos.

Cuenta la leyenda que Poseidón utilizaba las tormentas como una reflexión de su furia, y me pregunto sino fue Poseidotica quien, con su energía, invocó al Dios de los Mares para formar parte un capítulo en la historia Argentina. Fuera cual fuera la razón, una lluvia inesperada alcanzó a cambiar el cronograma, impidiendo que nuestros anfitriones continuaran su show en el patio, dando paso a la siguiente banda en la sala de las columnas.

El segundo Tsunami estaba por estallar, pero créanme, este estaba realmente enojado. Motosierra, banda uruguaya conformada por Walo Crespo (batería), Leonardo Bianco (bajo), Juanmitz Bertols (guitarra) y Marcos Motosierra (voz), irrumpieron como la tormenta: con toda la agresividad y la fuerza que los define. Los cuatro uruguayos son algo así como cuatro forajidos tratando de destruir todo a su paso. Poco importa si suenan bien o no, menos la prolijidad. El objetivo e tocar, escupir, vomitar las canciones. Ahora el océano se agitaba nervioso, espeso y directo. El sonido más crudo y saturado de toda la velada, con un cantante que capturaba toda la atención de la gente no sólo por sus gritos, sino por sus excéntricos bailes y sus saltos inquietos arriba y debajo del escenario. Increíble, una banda que no es para todos, pero que sin duda alguna cuando pasa arrasa con todo, y eso no se ve todos los días. Diecisiete años de trayectoria, con más de cinco discos grabados, estos muchachos saben impactar, sólo esperemos que vuelvan.

Llegando a la cumbre máxima y cerrando lo que fue un viaje de aprendizaje, Poseidotica, se instalaba de a poco y con mucho esfuerzo en el escenario que los hermanos uruguayos abandonaban. Retomando su espectáculo como si nada hubiera pasado: Hernán Miceli (guitarra), Santi Rua (guitarra), Martin Rodríguez (Bajo) y Walter Broide (Batería), dejarían un recuerdo imborrable. El primer invitado de la noche Maxi Russo (trombón) de Morbo y Mambo, acompañó en los temas Xantanax (Crónicas de un Futuro, 2011) y Las Cuatro Estaciones (Inframundo, 2005). El segundo invitado sorpresa fue Baltasar Comotto, quien forma parte importante de la historia en el rock nacional. Destacado guitarrista formó parte en trabajos de Luis Alberto Spinetta, Andrés Calamaro y del Indio Solari. Junto con él interpretaron Aeroruta (Dilema del Origen, 2015), y lo más hermoso de la noche: el cover de Ana no Duerme (Almendra, 1969) que cobró una hermosa intensidad rockera. El tercer invitado a subir a las tablas fue Paco (Referente de la disquería Exiles unos de los sponsors del Festival), amigo de la banda quién ayudó a cubrir una inesperada ausencia. Juntos dieron vida a la canción de Billy Idol: Rebel Yell (Rebel Yell, 1983), una verdadera sorpresa. Fue mágico escuchar una voz que de a poco cobraba confianza y se unía a la del público en un momento muy divertido. Coronando la lista de invitados, que a esta altura es un lujo cotidiano para los Posei, los hermanos Aguilar de Morbo y Mambo (batería y bajo) subieron para unir fuerzas en los temas: Viaje de Agua y Dinastía Nocturna (Dilema del Origen, 2015). Casi las once de la noche, el Dilema del Origen daba por finalizado el festival en donde los mismos Posei, en una actitud poco frecuente, debieron acortar su propia lista para sortear los contratiempos de horarios y de clima.

Mientras la gente se dispersaba y volvía del trance, el mundo se acomodaba a una nueva experiencia. En este viaje, plagado de diferentes matices, muchos estilos y propuestas es importante reconocer el espíritu libre del hombre, quien se embarca día a día, en una aventura que no tiene límites, y en ese descubrir aprende de sí mismo y del mundo que lo rodea. Estas magníficas bandas, demostraron una por una que el arte es un medio de expresión, que no se compra ni se vende, se autogestiona y se trabaja para ser disfrutada entre todos. Es justo elogiar a Poseidotica por ser los ingenieros, una vez más, de toda esta hermosa locura que nos ayuda a afrontar la realidad y darle un conjunto de momentos sublimes a nuestra cotidianeidad. Haber logrado que el Konex sea sede para el despliegue de un conjunto de bandas que todos hemos visto en infinidad de lugares, es una pequeña victoria. Que siga creciendo.  

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