In flames en vivo: Los equivocados somos nosotros

Crónicas
In flames en vivo: Los equivocados somos nosotros
Texto: Carlo Noro | Fotos: Jorge Sebastián Noro

Vimos por segunda vez a los Suecos en Argentina y otra vez nos fuimos disconformes.

Siempre es difícil hablar de una banda cuando el camino que elige no es el que vos esperás. Muchas bandas han hecho cambios rotundos (Anathema, Paradise Lost) y sin embargo, para nosotros (esto es bien subjetivo) siguen teniendo un atractivo distinto o peculiar. A principios de los noventas In Flames fue uno de los pilares donde la música extrema se volvió melódica. Death metal melódico fue el nombre elegido para el género en lo que en su momento era casi un oxímoron. Precisamente uno escuchaba death metal para alejarse de las melódico, algo que los suecos demostraron que podían contrarrestar proponiendo guitarras gemelas a lo Iron Maiden, melodías coreables y velocidad inusitada.

Pasó el tiempo, llegó el ñu metal, el metalcore y lo suecos vieron un futuro promisorio en los Estados Unidos subiéndose al tren de esa movida. Cambiaron las melodías, por el groove, los riffs entrecortados y literalmente dejaron de lado todo aquello que los distinguía anteriormente. La propuesta se hizo más ruidosa y los cambios de formación no se hicieron esperar hasta llegar al punto de que hoy el vocalista Anders Fridén parece ser la única cara realmente visible de la banda. El resultado fue concreto: tours en Estados Unidos, participación en festivales y un cambio radical que reemplazó pasado por puro presente. En lo que respecta a Sudamérica la cosa fue esquiva. A diferencia de otros grupos solo vinieron en el 2009 para una doble fecha en el boliche The End de Flores que no había dejado un buen recuerdo: la voz se había escuchado poco y nada y la banda no había estado ni cerca al sonido hi fi que propone en los discos.

Esta segunda visita, sirvió para confirmar esto que contamos. Los suecos se enfocan en su presente y solo dan algunas pistas, que los fans más antiguos pueden adivinar, de su pasado. No por nada el show arrancó con dos canciones del nuevo disco Battles “Drained”, “Before I Fall” y otra del flojísimo Siren Charms “Everything's Gone”. Las tres mostraron cuál es la búsqueda de los suecos hoy: sonar pesados, sostenidos en un ritmo percusivo y entrecortado. Muy por debajo aparecen las melodías pero sin la efectividad que en algún momento tuvieron. Hoy la cosa va por otro lado y el público (ecléctico pero orientado desde el look al metal más moderno) se engancha con la propuesta saltando y pogueando más allá de que el sonido no sea todo lo claro que la banda precisa.

Extrañamente Anders Fridén vuelve a tener a lo largo del show el mismo inconveniente que el el 2009, otra vez su voz está por debajo de la mezcla lo que hace concluir algo lógico: evidentemente el sueco canta de esa manera y su caudal vocal no alcanza para empardar el nivel de ruido que propone la banda en vivo. Tres canciones bien reconocibles “Take this Life” (con un estribillo que le debe casi todo a Jonathan Davis de Korn), la muy interesante “Trigger” (de la época de transición entre el viejo y el nuevo sonido) y “Only for the Weak” una de las viejas que estuvo lejos de reproducir la vibración de las guitarras gemelas originales; fueron una seguidilla bien efectiva para la banda y para el público aunque el sonido no terminaba de encontrar su lugar: el doble bombo tomaba protagonismo innecesario, lo que hacía dificultoso encontrar los riffs que regían cada canción.

 

A partir de aquí el grupo se encargaría de ir mostrando sus canciones con en un evidente énfasis en el nuevo disco del que también sonarían “Save Me”, “The Truth” y “Here Until Forever” y “The End” (con el que cerrarían el show) mezcladas con muchas de la última etapa y solo “Moonshield” y “The Jester's Dance” de la viejísima época que sonaron algo descontextualizadas entre tanto sonido comprimido y metal moderno. En este sentido las influencias norteamericanas son evidentes, Fridén habla como norteamericano y nos hace gestos como si fuera un rapero en lo que resulta al menos curioso, la banda no tiene miedo a dejarse llevar por sonidos más electrónicos e incluso sumar pistas pregrabadas a su repertorio, mientras que el público luce enganchado en lo que es una verdad incontrastable: In Flames es esto y los equivocados, al menos esta noche, somos nosotros. No hay duda. 

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