Sepultura en vivo: Un mesías mecánico con futuro

Crónicas
Sepultura en vivo: Un mesías mecánico con futuro
Texto: Sebastián Sanchez. | Fotos: José Becerra

Te contamos por qué el presente de Sepultura goza de buena salud y mira hacia el futuro.

El principal desafío para las bandas que llevan muchos años en actividad siempre ha sido el de mantenerse vigentes. Algunas lo logran a base de vivir de sus éxitos de siempre, aferrándose a lo tradicional y repitiendo fórmulas que les permiten llenar estadio tras estadio. Habrá otros que tienen opciones más modestas en cuanto a elección de lugar, pero que también mantienen un nivel decente de convocatoria. Tal vez el ejemplar más extraño es ese que arriesga un poco más, y que continúa creando material con la idea de ir más allá de simple hecho de contar con una excusa para salir de gira y no detener la rueda.

Sepultura tiene un pie en cada uno de esos reinos. Conserva un nombre de prestigio, sigue girando y se puede decir que todavía logra sacar material de calidad. Tal vez ya no genere el entusiasmo de antaño, pero sería un grave error subestimar la capacidad de Andreas Kisser y sus muchachos, porque disco a disco, la banda sigue apostando a eso que hizo de su nombre algo interesante, el jugar con varios aspectos musicales propios de la música brasileña, pero mezclando elementos del thrash, el hardcore y hasta lo progresivo. Los hermanos Cavalera parecen ya ser cosa del pasado para la banda, y el seguir dando rienda suelta a sus creaciones los libera de expectativas y les permite mantener un cierto halo de humildad, que se percibe en la buena onda de la banda hacia el público. Sin temor de adelantar conclusiones, no es poca cosa.

No llegamos a Groove para el show de Against, así que pedimos las debidas disculpas, y procedemos a honrar a Avernal. Perdón por el tono, pero la puta madre que buena banda que nunca decepciona. Sonido demoledor, violas afiladas, una voz “podrida” pero que se entiende, buenas letras, y un largo etcétera de una buena que fue mejorando disco a disco, que tuvo un importante cambio de integrantes y que ni lo sufrió. Hay que aplaudir a una de las mejores bandas pesadas de nuestra escena, que trasciende géneros y estereotipos sin hacerse problema alguno. Tocaron bastante de La Quimera de la Perfección, su más reciente trabajo, pero el cierre con “Huacalera”, salida del brillante Réquiem para los Rebeldes, fue todo lo que podía esperarse y más. Concluido el último acto soporte, ya no quedaba más que hacer tiempo hasta que Sepultura apareciese en escena.

La apertura con “I Am the Enemy” tuvo a los muchachos comenzando a todo pulmón. Andreas Kisser habrá quedado como líder, pero definitivamente parece que el rol no le pesa, ya que el guitarrista sigue tan afilado como siempre y a medida que progresan las canciones se va notando lo bueno que sigue siendo y lo variado de su técnica y composición. Derrick Green ya tiene su lugar ganado a los gritos, pero la alternancia entre voz limpia y podrida le da un toque más dinámico a la banda. Si la base es todo, entonces es fundamental hablar de Eloy Casagrande. Este muchacho se lleva todo por delante, no porque desbanque el promedio de edad de la banda, sino porque tiene una técnica impresionante. Definitivamente no alcanzan las palabras para describir lo que toca, la potencia y las variantes de ritmos que aplica. Qué bueno que tenga como anclaje a Paulo Junior en el bajo, ya que logran una excelente combinación para formar la parte troncal de todas las canciones. Todas estas conclusiones surgen de un análisis posterior, ya que en el momento mucho no se pudo hacer, más que intentar prestar atención a cada detalle de la dinámica entre los músicos.

Una gran parte de la lista de temas estuvo dominada por piezas salidas de Machine Messiah, su último trabajo, algo lógico porque se trataba de una gira relacionada con ese disco. Más allá de todo, se destacaron el instrumental “Iceberg Dances” y “Sworn Oath”, un tema largo pero que tiene muchos cambios de tonalidad, lo que logra mostrar a la perfección en donde se encuentra Sepultura hoy en día en cuanto a composición. El gran interrogante es si eso logra que el público se enganche con la propuesta. Sin dudas hubo aplausos, buena onda entre banda y público y viceversa, y agradecimientos que tuvieron como protagonista a Andreas.

Antes habíamos hablado de lo que Sepultura representa a nivel nombre y peso, y de mantener la vigencia de dichos elementos a lo largo del tiempo. Es ahí donde la banda podría encontrar una cierta dicotomía entre su pasado y su presente, pero no parece haber conflicto en la banda en cuanto a ello. Resulta evidente que no reniegan de su pasado, ya que al concluir el tramo general del show vino el turno de los clásicos. ¿Qué pasó? Pues que no hubo uno solo que no disfrutase con temas como “Territory”, “Refuse/Resist”, “Arise”, “Ratamahatta” y “Roots Bloody Roots”. Pogo, saltos y canto incluidos, el púbico respondió con creces.

Así fue que Sepultura se pasó nuevamente por Buenos Aires, con una gran presentación y un buen nivel de convocatoria como pruebas de ello. El pasado no los persigue ni tampoco buscan escaparle, pero es claro que la banda siguió adelante y eso ya es todo un logro. Solo el tiempo dirá que les depara a Kisser y compañía, aunque no hay dudas de que el futuro sigue quedando firmemente entre sus manos.


 

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