Helloween en vivo: La reunión de las calabazas.

Crónicas
Helloween en vivo: La reunión de las calabazas.
Texto: Carlos Noro | Fotos: Estanislao Aimar. Gentileza de Metal-Daze

Reunión de los alemanes para un show inolvidable.

El número 7 para muchos es tomado como mágico porque se compone del número 3 considerado sagrado y el 4 que representa lo terrenal. Por esta razón suele considerárselo como un puente entre el cielo y la tierra. No sabemos si los Helloween saben de esto, pero si que el número siete ha sido un número mágico en sus carreras. No por nada a finales de los ochentas realizaron un disco doble que es la piedra filosofal del power metal. El icónico Keeper of the Seven Keys: Part I (1987) y Part II (1988) contienen todo lo que un manual imaginario del género podría detallar: temas rápidos, coros inolvidables, voces melódicas, una técnica instrumental impecable y una temática y gráfica acordes: un especie de épica fantástica en el que la humanidad debe cambiar su manera de entender el universo para no encaminarse a la autodestrucción, relatadas la mayoría de las veces con una mirada cínica o paródica.

Treinta años de esa obra maestra hicieron que se dejaran los rencores de lado y que finalmente sean también siete (creer o reventar) los Helloween que retomaran aquella obra clásica y organizaran una retrospectiva musical hacia adelante y hacia atrás de su propia carrera con un nivel de producción que hasta el momento la banda no había tenido. Entonces los actuales Andi Deris, Michael Weikath, Sascha Gerstner, Markus Grosskopf, Dani Löble junto a los históricos Kai Hansen y

Michael Kiske compartieron por primera vez escenario y lograron, al menos en argentina, su show con mayor nivel de convocatoria (desde 1996 para acá habían realizado nueve visitas pasando por Obras, Hangar, el viejo Teatro Colegiales, Groove e incluso Rosario y Córdoba).

En este contexto, la gran pregunta de la noche era como el grupo lograría amalgamar las distintas épocas y sonidos sin dejar nada de lado, pero al mismo tiempo logrando encontrar una unidad que permitiera que un show extenso (dos horas cincuenta) tenga la fluidez necesaria para que no sea un pastiche ni un auto homenaje berreta. Contrariamente a lo que uno podría esperar el grupo actuó como tal, por lo que se vio a todos los integrantes transitando canciones de diferentes épocas sin ningún tipo de pruritos sobre la participación en tal o cual canción. Desde el minuto cero todos fueron Helloween y eso fue el gran acierto de la noche.

Sabiendo de las expectativas por el pasado, la extensa “Helloween”, fue la primer canción de la noche. Cantada a dúo entre Kiske y Deris fue una gran carta de presentación de la banda y en especial para los cantantes. La primer noticia fue que todo rastro de problemas en la voz de Kiske (en México se los acusó incluso de hacer playback) había quedado en el olvido, logrando a lo largo de la noche momentos altísimos. Lo de Deris sería clave también. Sin tener el caudal vocal de su compañero de la banda, fue capaz de encontrar su lugar como maestro de ceremonias. Con un carisma a toda prueba, supo brillar en sus propias canciones y acompañar con humildad el desempeño de Kiske en lo que concreto un ida y vuelta siempre divertido y por momentos bien intenso. La canción en sí, tuvo una gran versión en vivo, logrando reproducir la idea original de relatar la incertidumbre y la oscuridad de la noche en que se festeja Helloween. Desde el minuto cero, la enorme pantalla, que fue clave a lo largo de la noche, y el grupo fueron capaces de relatarnos la historia y llevarnos por los intrincados caminos de su música. Más tarde “Dr. Stein” sería la primera explosión de la noche con las voces de Deris y Kiske bien repartidas para relatarnos de manera risueña y alegre la historia de Frankestein.

Previo a “I´m Alive” la tercer canción seguida perteneciente a los Keepers… Kiske presentó a Seth y Doc, dos personajes animados con cabeza de calabaza que desde la pantalla irían presentando las canciones a modo de separador. Tal vez algo repetitivos, a lo largo del show fueron perdiendo efectividad pero cumplieron su función: permitir el descanso a tanto despliegue en el escenario. La canción en cuestión tuvo un ritmo arrollador, sostenida en un sonido impecable algo que se trasladaría a la gran mayoría de canciones de la noche.

Pasado y presente

Nos vamos a ir al 2000 con el disco The Dark Ride. Ahí hay una canción que comienza con un piano y que en el título tiene la palabra volar” dijo Andi Deris en un castellano casi perfecto para presentar una de las canciones de su etapa al frente de la banda. Muy festejada por todo el estadio, dio la pauta de que mucho del público prefiere el presente por sobre la historia de la banda, algo que las canciones que vinieron después terminaron por confirmar: “Are You Metal?” extrañamente tuvo el nivel de efervescencia de los clásicos, siendo un de los temas más flojos de la última etapa de la banda, “Waiting for the Thunder”, una canción un poco mejor lograda, también ganó muchos aplausos mientras que “Kids of the Century” nuevamente con Kiske en las voces, pareció pasar desapercibida para la mayoría del público cuando es una canción que representa y representó en vivo mucho de lo que puede dar las calabazas alemanas.

Otra vez los siete en el escenario (es importante aclarar que inesperadamente Kai Hansen interpretó todas las canciones de la banda incluso aquellas de las que no fue parte en lo que fue una linda muestra de anti egoísmo) se reunieron para hacer una divertida versión de “Perfect Gentleman” (de Masters Of the Rings el disco con Deris más revisitado de la noche) en la que el frontman sumó a Kiske alegremente a lo largo de la canción para generar un lindo intercambio de sonrisas, elogios y chistes mutuos. El descanso de los dos cantantes sería la puerta de entrada para unos de los momentos más altos de la noche. Kai Hansen se hizo cargo de las voces para dar lugar a un medley que representó con fidelidad la atmósfera del primer disco de la banda “Walls of Jericho” de 1985. Si hasta ese momento había habido momentos altos, la interacción que logró el grupo enganchando “Starlight / Ride the Sky / Judas /Heavy Metal (Is the Law)” en las que las dos últimas se unieron a través del solo, fue sencillamente para el recuerdo. Todo el sonido, la melodía y la furia de la época fueron reproducidas tan fielmente que incluso aquellos desconocedores del material terminaron por preguntar a viva voz de dónde había surgido tal demostración de poder. Aquí los grandes protagonistas fueron el mencionado Hansen y Markus Grosskopf. Si bien toda la banda se escuchó afilada, el primero demostró porqué es el guitarrista más importante del estilo logrando una mezcla de precisión y gancho con una fluidez que se profundizó a lo largo del set. El segundo se hizo cargo sin problemas de una serie de canciones donde las melodías de bajo rigen con vehemencia, dando la pauta de que a pesar de estar escondido entre tantas guitarras gemelas, lo suyo es clave a la hora de generar un sonido tan identificable como el de los alemanes.

La balada “Forever and One (Neverland)” trajo de nuevo a los dos cantantes al escenario con el objetivo de apaciguar la furia y generar otro clima. Tal vez podría haber sido un gran momento para realizar una versión acústica de un canción que según Deris “está hecha para el corazón”. “A Tale That Wasn't Right” continuó en la misma senda algo que “I Can” (un muy festejado clásico de la era Deris) culminó con aplausos dando la pauta de que el set transitaría momento más rápidos, mezclados con otros más melódicos recibiendo siempre una buena respuesta del público.

Un muy sentido solo de batería en el que el actual baterista Dani Löble realizó una batalla rítmica frente una serie de imágenes de archivo de Ingo Schwichtenberg (baterista original de la banda que se suicidó a raíz de una fuerte depresión en 1995) sirvió de paso a que nuevamente Kiske en soledad construyera una versión monumental de dos temazos como “Livin' Ain't No Crime / A Little Time” con la banda a pleno mostrando su caudal melódico. La vuelta de Deris fue para hacer otra canción de su época “Why?” junto a Kiske. “Esta es una canción que siempre pensé que podría haber cantado él” dijo señalando a Kiske y tuvo razón: juntos construyeron una versión tan potente como sentida en otros de los momentos altos de la noche.

“Sole Survivor” y “Power” servirían para que Deris termine por transitar sus propias canciones, mientras que “How Many Tears” sería la única que, entre velocidad y melodía, incluiría a las voces de Hansen, Deris y Kiske en una misma canción, en otro de los momentos inéditos para la historia del grupo.

A la hora de los bises, todo aumentaría en emotividad. La intro “Invitation” del Keeper II daría lugar a “Eagle Fly Free” y una versión sencillamente emocionante de “Keeper of the Seven Keys” una canción que en quince minutos mostró todo el valor que tiene la Hache alemana para la música pesada. Fantasía épica, melodía, intensidad, dramatismo podrían ser lo adjetivos para dar cuenta de estos momentos para una canción que literalmente tiene todo lo que hay que tener para hablar de power metal. En un lindo gesto, progresivamente se irían retirando cada uno de los integrantes del grupo, siendo presentados por el resto de sus compañeros. No casualmente lo haría en última instancia Sascha Gerstner, el integrante más joven de la banda (en edad y en cantidad de años en el grupo) quien tuvo su merecido aplauso. Si bien todas la miradas en lo que respecta a la faceta instrumental apuntaron con razón a la enorme dupla Hansen y Weikath (quienes se prestaron el protagonismo si ningún tipo de problemas a lo largo de la noche) su labor fue superlativa aportando coros y siendo capaz de aportar melodía y fuerza según las necesidades de la canciones. En el caso de Weikath, la presencia de su actual coequiper fue clave, permitiéndole una labor extremadamente libre a lo largo de la noche. Algunos podrán interpretar esto como una manera de desentenderse de lo que pasa, la verdad es otra: más allá que no demuestre demasiada alegría en los momentos claves, resulta imposible pensar las guitarras gemelas de Helloween sin su aporte.

El final con dos versiones no tan prolijas de “Future World” y “I Want Out” con algunos pifies de Dani Löble (algo lógico luego de tocar más de dos horas cincuenta sin parar) y alguna entrada a destiempo de Kiske trajo globos naranjas y papelitos de colores. La sensación había sido la de vivir un show histórico que superó las expectativas con la que la mayoría había llegado al Luna Park. Helloween tuvo su fiesta y fue capaz de llevarnos desde la tierra porteña al cielo musical. Inolvidable.