Acorazado Potemkin en vivo: El poder de las canciones

Crónicas
Acorazado Potemkin en vivo: El poder de las canciones
Texto: Carlo Noro | Fotos: Cecilia Dalla Cia

El trío presentó Labios del Río en Niceto y confirmó que es una de las bandas a la que es necesario seguirle la huella.

La simpleza del escenario (con una buena puesta de luces) pero casi sin decorado, tranquilamente puede explicar lo que genera Acorazado Potemkin en vivo y en directo. Ver al trío en Niceto es enfrentarse con la literalidad de esa afirmación: Federico Ghazarossian (bajo), Luciano Esaín (batería) y Juan Pablo Fernández (guitarra y voz) generan un magma vital que tiene la virtud de dar cuenta de la fuerza de las canciones de manera simple y descarnada. Tal vez por eso cuando los entrevistamos, Juan Pablo  nos hablaba de “la dimensión física del rock” como una forma de explicar como se produce el pasaje de las canciones de los discos hacia el vivo. Aquí no se necesita una gran puesta, ni parafernalia; el trío apuesta a generar su propio estado de situación. El resultado es bien intenso y atrayente.

Ayúdenme a cantar esta” fue la frase iniciática antes de “A lo mejor” una de las canciones más identificables de su disco “Remolino” (2014) para engancharla con “Cerca del sol” también del mismo disco. Tanto una como la otra fueron capaces de dar cuenta de mucho lo que sucedería a lo largo de la noche: las canciones cobrarían vida en versiones enérgicas y sanguíneas en función de la interacción del trío y de las necesidades instrumentales de cada tema. “Flying Sources”, la primer canción de Labios del Río se vio afectada por esto que decimos. Sin las invitadas que estuvieron en el disco (Mariana Päraway en voces y Juliana Moreno en flauta) la canción cobró otro rumbo, ganando en contundencia y proponiendo otro clima: lo que en el disco es sutileza, aquí fue contundencia rockera y distorsionada, en uno de los momentos más contundentes y transformadores de la noche.

Acorazado Potemkin es un buen ejemplo para quienes piensan que la formación de trío es el paradigma de la potencia rockera. Si bien a lo largo de la noche los invitados fueron sumando colores e intensidades, cada canción fue capaz de demostrar las distintas alianzas sonoras que el trío logra poner en poner en práctica. Lulo Esaín es sin lugar a dudas el torrente sanguíneo que hace que las canciones fluyan y exploten con potencia y decisión. Federico Ghazarossian es el generador del pulso vital de cada una de ellas. Sus cuatro cuerdas por momentos toman papel secundario y por momentos son protagonistas. Siempre presentes, tiene la capacidad de amalgamar todo aquello que sucede en vivo. Juan Pablo Fernandez (en doble tarea de voz y guitarra) toma el papel de un corazón capaz de darle a cada canción lo que ella necesita. Mientras que desde lo musical aporta una interesante búsqueda sonora (el uso de efectos, afinaciones y disonancias dan a la banda su marca registrada), desde lo vocal, su fraseo, por momentos casi recitado y con un inconfundible aire tanguero; sabe contar cada pequeña historia de manera sentida, dramática y siempre contundente. Juntos, las miradas y los gestos construyen sentido. El resultado es una química que explota en cada momento con una precisión admirable.

En este contexto, la ganchera “Soñé” otra de Labios… fue el argumento perfecto para aquellos que ligan a la banda con el post punk. Con un estribillo bien ganchero está dentro de ese conjunto de canciones que calzan justo a la banda porque permiten subir y bajar los momentos y estados casi sin aviso. “Las Piedras” una canción que pertenece al álbum Cuerpo (Canciones a Partir de Mariano Ferreyra)” en el que participaron junto a otros grupos, fue dedicada coherentemente a “Sergio y Germán los hermanos de Santiago Maldonado”. “Siempre jugando a escaparse y nunca lo pude abrazar/ Cuando un hermano no vuelve hay que salirlo a buscar/ Y llevar prestada su ropa, sus discos, su pelo, su voz/ Las ramas se abren en dos y otra vez/ Se abren en dos y otra más y la ves;/ Gomera del mismo palo y tirás.../ Y las piedras” dice la canción una y otra vez, en lo que es un triste paralelo con la actualidad: ayer fue Mariano, hoy es Santiago, mañana puede ser cualquiera, parece decir el trío. La música es una manera de hacer visible lo que quieren invisibilizar, pareció ser el mensaje. El momento fue tan intenso como emotivo.

“La cajas” además de tener la primer invitada de la noche, Elbi Olalla (de Alter Tango), tuvo una versión donde se expresó a flor de piel la angustia que genera el transitar la separación. El contraste con “Humano” fue evidente. Desde lo musical la canción propuso una melodía casi pop y desde lo lírico una mensaje críptico. Seguramente cada quien le dio su propia interpretación.

Como era esperable “Dos de nosotros” (versión libre de Two Of Us de los Beatles) vino enganchada con “Semilla de Piedra” (versión libre de la canción de Lila Downs). Tanto una como la otra mostraron distintas dimensiones. La primera más rápida que el disco pero relatando una historia que tranquilamente podría haber sido imaginada por ellos, mientras que la segunda mostró la pericia del trío para hacer suyas canciones de otros, generando una interesante re lectura de la misma.

“Sopa de Alambre” (el primer corte de Labios del Río) volvió a incluir una invitada. Esta vez el turno fue para Christine Brebes a cargo del violín eléctrico, quien le dio un interesantísimo vuelo a una canción que funciona como un testimonio de las dimensiones de la soledad. La invitación se extendió a “Santo Tomé”, una de las canciones más reconocibles del disco. Aquí el ánimo fue el otro, al punto que la banda se posicionó detrás del contador de historias que describe la canción. El resultado fue encontrarnos en medio de un recorrido donde hubo tiros, desamores y versos en guaraní. Fue, sin duda, uno de los grandes momentos de la noche dando la pauta de a dónde puede llegar banda a medida que se van sumando nuevos instrumentos a su propuesta.

“Roto y descosido”, con el bajo bien al frente, volvió hacer presente cuánto le debe el trío al sonido post punk de los ochentas, algo que “Haz de Luz” profundizó con maestría. “Mundo Lego” otros de las nuevos fue muy cantado por un público de por si participativo, al igual que “Pintura Interior”, una de las canciones más reconocidas de “Remolino”. Tal vez esto último tenga una razón concreta: la épica de la decepción es parte crucial del universo Potemkin, generando una clara empatía con su público que parece verse reflejado en aquello que relatan las letras y la potencia de su música. “Desayuno” fue parte de esto que decimos, al igual que “Reconstrucción” con el aporte del Cardenal Dominguez en las voces. Nuevamente el aporte de un invitado potenció la canción, generando un momento bien particular: el recitado pareció llegar a los oídos de cada uno de los presentes. Gran acierto haberlo incluido.

“La mitad” otro hermosa canción que habla de una ruptura, tuvo como invitada a Flopa Lestani “nuestra madrina”, en términos de Juan Pablo y nuevamente a Elbi Olalla . Si hasta el momento aquellas canciones que habían contando con invitados habían logrado sumar intensidad, dramatismo o potencia; la versión lograda, incluyó todas estas características al punto de resultar sencillamente conmovedora. Incluso el nivel de energía fue tal que se generó un extraño pogo que se extendió al estribillo ganchero de “Sabés”.

La última parte del show potenciaría la efervescencia y la emotividad por partes iguales. “La Carbonera” se hermanaría con “El Rosarino” un verdadero nuevo hit para la banda. Un escenario iluminado por luces rojas daría lugar a la graciosa “Puma Thurman” (muy festejada y cantada) para cerrar con “Los Muertos” antes de los bises.

La rápida vuelta trajo dos canciones con una tremenda potencia emotiva. Teclado y violín se sumaron junto al hermano de Juan Pablo, Mariano Fernandez Bussy (ex compañero de Federico en Me darás mil Hijos) para “Hablar de Vos”. Visiblemente conmovido por interpretar una canción que funciona de requiem para Santiago Tati Fernandez, que se quitó la vida el año pasado; fue imposible no sentir que esa pérdida puede ser la de cualquiera de nosotros. El clima oscuro y melancólico seguramente haya sido catártico para todos y especialmente para los hermanos que se fundieron en una abrazo conmovedor. El final fue con “El pan del facho” una canción tan actual como contundente para pensar nuestra propia realidad como argentinos y nuestra manera de entender lo que sucede a nuestro alrededor. Aplausos y la sensación de haber transitado por los estados personales y políticos, tanto de la banda como de nosotros mismos. Ver a Potemkin en vivo es una verdadera experiencia. No se la pierdan.

Bonus track: Alter Tango. Soporte de lujo

Antes de que Acorazado saliera a escena la propuesta soporte vino de la mano de Alter Tango una interesante agrupación que propone recorrer lo tanguero desde el punto de vista de los tiempos que corren. Los mendocinos, Elbi Olalla, en piano, Pablo Conalbi, en batería, Gerardo Lucero, en bajo, y Ezequiel Acosta, en bandoneón; propusieron una interesante lectura para quienes se acercan al tango de refilón. La presencia de Alejandro Guyot como invitado para incorporar voces a dos de sus canciones, fue un verdadero acierto principalmente porque dio cuenta de la intensidad rockera que está por detrás de la propuesta. La sensación es que los mendocinos lo saben y pueden aprovecharlo para generar distintos climas. Seguramente se habrán llevado a más de uno interesado en sus canciones.

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