Gabo Ferro en vivo: El sonido del silencio

Crónicas
Gabo Ferro en vivo: El sonido del silencio
Texto: Carlos Noro | Fotos: Cecilia Dalla Cia

Gabo Ferro y un hermoso ejercicio de deconstrucción de su sus propias canciones .

Seré mi propio padre y así voy a aprender/que irse es volver a volver” repite Gabo una y otra vez sobre el escenario a media luz del Torquato Tasso. “Volver a volver” es la canción número dieciséis y la que cierra formalmente el recorrido ordenado y metódico por “El Agua del Espejo”el disco a presentar y en el que a dúo con Juan Carlos Tolosa ¿mata? Sus propias canciones para convertirlas en un material nuevo con una intensidad propia y novedosa. El aporte de Tolosa en es esta especie de muerte simbólica es clave: la canción en cuestión cobra nuevo brío e intensidad, se transforma en un devenir incesante que el piano sostiene con soltura y oficio en uno de los grandes momentos de la noche. 

Casi una hora y media antes, voz y piano habían comenzado a hermanarse con “Sigo el río” que extrañamente (para lo que estamos acostumbrados) mostró a Gabo de pie aunque con una silla a su lado. Esta actitud lo acompañaría en varios momentos de la noche y sería crucial para dar cuenta de la transformación de las canciones. Si bien la idea de lo performático y de que las canciones atreviesen el cuerpo es parte clave de lo que genera Gabo en vivo, verlo de pie y sin su guitarra fue encontrarse con la dimensión corporal de sus canciones. Entonces “Cuando el amor no entra”, además de potenciar el aire de boudeville que reproduce en el disco lo obligó a enroscarse con lascivia a la silla, que a lo largo del show le sirvió como acompañamiento, como apoyo o como descarga. Esto último tuvo su punto máximo en “Como la maleza” que además de ser unos de los puntos alto de intensidad, culminó con la silla arrojada al piso. Mas tarde construyó sentido en “Por qué no llorás un poco” en la que esa misma silla caída sirvió de apoyo para relatar la historia de la canción.

Un público extremadamente silencioso, incluso sin tener muy en claro la necesidad de aplaudir o no al final de las primeras canciones, fue el contexto necesario para que las mismas tuvieran brillo especial. En parte sostenidas en este necesario clima de silencio y en parte gracias a la interacción generada en escena, cada una tuvo sus momentos de silencios necesarios y sublimes. Si tuviéramos que elegir algunas, “El Extrañante” y “Voy al negar el mar” fueron las que más brillaron en este punto. La primera porque esos silencios potenciaron el dramatismo y la intensidad lograda entre piano y voz, la segunda por que en una versión casi jazzera construyó un subir y bajar de intensidades inolvidable, en el que los momentos de calma fueron la puerta de entrada a esas dimensiones.

Entre canciones que parecieron compuestas para piano (la bellísima “Sobre madera rosa”), otras con arreglos bien atentos a la literalidad de la canción (el piano ejecutando pequeños pasitos en “Soltá) un Gabo cómodo con lo que sucedía en relación directa con la maestría de Tolosa a la hora de seguir sus acciones construyó una interpretación donde las palabras y la acentuación de las mismas fueron elegidas con una crudeza que va más allá de lo acostumbrado. No fue casual que dos de las veces en al que la palabra dolor se hizo presente (en “Solo tenemos Ciencia” y en la ya mencionada “Soltá) Gabo se haya tomado el tiempo, el aire y la garganta para sacarla de sus propias profundidades. Tampoco lo fue en esa actitud rockera y desafiante a la hora de cantar “Volví al Jardín”. Luego de escuchar esta versión parece difícil imaginar otra manera de cantar como crece el propio jardín cuando sacamos aquello que no permite que florezca.

Gracias a Juan Carlos que hizo que estas artesanías se conviertan en joyas” dijo con sinceridad Gabo antes de presentar dos canciones que no están incluidas en el disco pero que son en sus términos “necesarias” (en obvia referencia al momento que vivimos). “Lo que da terror” fue llevada al mínimo en una versión sutil, pequeña y liberadora, mientras que “La silla de pensar” fue una emocionante descarga de poder que hizo a los presentes, desde la emoción, llevarse la idea de que nadie está solo. Aplausos y la sensación de haber vivido un momento de profunda belleza. No es poco frente a los tiempos que corren.

 

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