Zakk Sabbath en Groove: Víctima de su historia.

Crónicas
Zakk Sabbath en Groove: Víctima de su historia.
Texto: Carlos Noro | Fotos: No permitidas por el manager de Zakk Wylde

Si bien sabemos que la relación entre Zakk Wylde y Black Sabbath es evidente (desde el punto de vista de varios que el rubio haya sido EL reemplazante de Randy Rhoads le da cierto sustento para considerarse un continuador de del sonido de la bruja negra) la decisión de salir a a hacer una gira mundial con un formato denominado Zakk Sabbath parecía exagerada. Desde el vamos ir a escuchar covers de black sabbath sabiendo la cantidad de temas buenos que tiene el rubio en sus distintos proyectos, podía terminar un espectáculo autoindulgente y demagógico sin mucho más sentido que divertirse un rato. Tal vez ese haya sido su objetivo. Lo cierto es que mucho de eso sucedió en la noche de Groove.

La primer noticia antes de entrar (curiosamente dieron puertas a alrededor de las nueve de la noche algo infrecuente en los shows internacionales) fue la decisión del manager de Wylde de que no hayan fotógrafos acreditados oficialmente (una cuestión completamente ajena a la prensa argentina que promocionó el show). La respuesta de los profesionales fue diversa: algunos decidieron sacar fotos “a escondidas” y otros como nosotros preferimos que nuestro profesional no arriesgue su equipo y al mismo tiempo de cuenta al menos simbólicamente que su trabajo necesita de condiciones básicas para desarrollarse. ¿El resultado? No hay fotos del evento.

La segunda noticia es que la convocatoria de Wylde ¿o de “Sabbath”? En Argentina alcanza para que se llene un lugar como Groove, un domingo por la noche y con entradas caras, lo que no es poco para el momento económico que vive el país. Hay una fidelidad casi reverencial al violero, mezclada por un público rockero al que no le importa escuchar las mismas canciones una y otra vez: es más, por lo que viene sucediendo este año en comparación con otras propuestas más jugadas, lo clásico tiene un lugar clave en el corazón de los fanáticos de la música pesada en nuestro país.

Intuyendo esto Wylde, tomó como base una serie de canciones que no escapan demasiado a lo que uno puede esperar de un show de la bruja negra. Entonces, el previsible inicio de la lluvia pre “Black Sabbath”, se transformó en “Supernaut” y más tarde en “Snowblind” en lo que puede servir de muestra para lo que sucedería a lo largo del show. Lo primero que podemos es decir es que cuando el trío (completado por el baterista Joey Castillo ex QOTSA y Danzing entre otros; y Blasko ex Rob Zombie actual Ozzy en bajo) se decidió a seguir las melodías creadas por Iommi – Butler – Ward, al pie de la letra las canciones fluyeron con una intensidad rockera más que aceptable. Tal vez por eso más tarde “Children Of The Grave”, “Behind the Wall Of Sleep” o “N.I.B” o en especial “Fairies Wear Boots” fueron las más festejadas: al menos en esos momentos el rubio seguramente se dejó transportar a aquellos momentos en que escuchaba los cinco primeros discos de la bruja negra encerrado en el cuarto de la casa de sus padres. El resultado fue que las versiones sonaron bien convincentes principalmente porque tanto bajo como batería supieron qué necesitaban las canciones para potenciarse: por eso aportaron groove cuando las canciones lo pidieron y pesadez y oscuridad cuando lo reclamaron.

Claro lo que sucedió en la noche de Groove no termina ahí. Sabemos que con el tiempo Wylde se ha convertido en un guitarrista técnico y pirotécnico donde la velocidad y el piripipi lamentablemente son parte de sus intervenciones. También sabemos que con cada intervención nos puede llevar a recorrer todas las escalas musicales posibles, mostrarnos miles de yeites e incluso aportar una serie de armónicos que son su marca registrada. En eso hay algo cierto: cuando una ve al barbudo realizando estirando las cuerdas sabe que allí está él. Es su sello y su manera de entender el instrumento. En este sentido, el gran problema a lo largo del set fue el abuso de estos recursos hasta el cansancio. Si bien un gran sector del público esperaba estas intervenciones por lo que fueron festejadas, la sensación no fue que no debieron haber sucedido sino que debieron haber tenido una variedad de recursos que le dieran dinamismo al show. Siendo claros: si en un set de trece canciones, a séptima u octava canción vemos que el violero realiza el mismo gesto de irse a la derecha del escenario, estirar un solo que nada tiene que ver con la canción que está tocando, para luego volver al lugar donde tiene el pie del micrófono ponerse la guitarra detrás de la cabeza y tocarla sin mirar; algo no esta funcionando. La conclusión es que el músico no se esfuerza por trascender y darle climas a las canciones. Es más tampoco se nota demasiada interacción con el trío. Jamás rockean juntos sino que cada uno propone su versión de las canciones sin tener demasiado en cuenta lo que sucede en el escenario en ese preciso momento. Esto tienen momentos de lucimiento personal (el uso de cencerro por parte de Castillo en “Lord Of This World” o el bajo distorsionado de Blasko en “N.I.B”) pero no logran una estabilidad durarera a lo largo de las canciones.

A esto debemos sumarle un punto clave. Además de tener la voz algo afectada, resultó grotesco que utilizara una serie de cartulinas enormes apoyadas en el retorno para leer cada una de las letras de las canciones. Teniendo en cuenta que es un profesional y que viene tocando un set igual en cada lugar que visita parece inverosímil que no se haya aprendido ninguna de las mismas. Esto que puede ser un detalle, desde punto de vista de lo que sucedió en la noche de Groove generó que el show se viera afectado. Mientras cantaba se lo vio estático y sin mucho espacio para dar rienda suelta a arreglos de viola para las canciones, lo que tal vez también haya sido una de las causas llevó a que el show no tuviera sorpresas: al tercer tema ya todos sabíamos que el barbudo se iba a quedar estático detrás del micrófono a la hora de cantar las canciones y se iba a mover como dijimos a la hora del solo. En este sentido solo una parte de “Fairies Were Boots” y una parte de “War Pigs” fueron la excepción. Tanto en una como en la otra, tal vez por haberlas tocado tanto junto a Ozzy, recordó parte de la letra algo que le dio una soltura que no logró en el resto del show. En este contexto, el cierre con un larguísimo solo en el que se subió al techo de Groove caminando por las escaleras a la derecha del escenario, fue coherente con lo que sucedió a lo largo de la noche. Si bien el show fue entretenido, la sensación fue la de que el trío y en especial Zakk tienen con qué para generar propuestas más atractivas. Ser una banda de covers de Sabbath es demasiado poco para su historia (más aún si tenemos en cuenta los inconvenientes ya mencionados). Una nueva vuelta con alguno de sus proyectos tal vez lo revindique. Estaremos contentos si sucede.