202 (Santos Inocentes), Estamos en familia

Crónicas
202 (Santos Inocentes), Estamos en familia
Texto: Roma Marcaletti

Sábado 18 de noviembre. La banda 202 presentaba El álbum Santo, editado a través de Pop Art, Sony, en 2008. Trabajo que realza el legado de Santos Inocentes, con dos discos editados en la argentina por intermedio de Warner Music Argentina y Maverick en colabración con WEA latina, versionando los temas de sus obras Emporio Bizarro (1998) y Megatón (2001). Rha Cariola (voz), Osko Cariola (guitarra), teclados y coro), Emma Cauvet (batería y percusión) y Leonel Martinez Aledda (bajo), nos llevarían lejos de lo convencional en una noche impensada.

Son pasadas las doce, la gente permanece afuera haciendo la cola para entrar a The Roxy, en un sábado bastante fresco. Media hora después, con algunos problemas de listas y entregas de cds, abren las puertas. Somos el Óceano, grupo invitado como banda soporte, integrado por Diago Berta (voz), Sebastian Tallis (guitarra), Martin Ibarra (batería) y Pablo Quinteros (bajo), lidera el escenario. Ciertos detalles de sonido opacan un poco la performance, algunos se corrigen al poco tiempo, no así como el micrófono de la voz principal que se mantiene bastante fuerte durante las cuatro canciones restantes. Es un rock pop electrónico endulzante, que por momentos logra estadios potentes haciendo bailar a las personas que se iban acercando. En los temas Saltando desde Riscos y Samurai (singles que conforman el EP, grabado en 2016), la banda logra sentirse más a gusto con la situación y se da por completo, con un público que le cuesta participar. La voz del cantante es clara e interesante, los rifs sencillos y efectivos, las bases electrónicas novedosas, un combo pegadizo que logra mantener la atención de quien los escuche en un viaje por sobre todo alegre. Las manos de Diago Berta agitando en el aire, aportan al escenario cierto dinamismo, entre saltos y tragos de una petaca que cada tanto saca de la nada, que terminan con el gesto de un beso al caer el telón.

Sin hacerse esperar demasiado, siendo casi la una, 202 aparece crudo y pujante entre la oscuridad con Rockstar. Le sigue Paranoia Kamikaze y luego Microman uno tras el otro sin respiro. Hasta acá la banda se mostraba un tanto rígida, el cantante con sus pelos al viento mantenía los ojos cerrados en dirección a un costado, como si estuviera en su propio universo. Lo mismo que el público, quien de a poco se iba acercando tímidamente cerca del escenario, con sus cámaras encendidas, cantando como un susurro las canciones. “Qué bueno que está el faso!¨, esas líneas del cantante antes de arrancar Hombre Montaña, no sólo aclararon su viaje interno sino que fomentaron un antes y un después en el show, donde lentamente todo se iba a transformar en todo lo opuesto a la rigidez. El guitarrista toma más confianza y empieza a desatarse, sus solos son alucinantes sin pecar de arrogancia, y las voces que aporta a los coros marcan como un sello distintivo a la banda. A la setlist se le suma Arco, y la gente ya no susurra sino grita la letra, un tema con muchos cambios de tiempo en donde al resurgir detona de golpe. Al terminar el tema el silencio se desvanece de pronto cuando Rha dice: ¨Chicos, estoy enamorado…de mi¨, el público vuelve a estallar en risa y arranca Partículas. Con Santadélica, la guitarra ruge, la batería se vuelve más rápida y el cantante ya deja de mirar para el costado, mira de frente al público a quién le apunta con el micrófono para cantar los estribillos. Termina la canción, dan las gracias a la banda soporte y al público por asistir al recital ante la crisis económica que vive el país. El escenario se apaga, la banda se retira y vuelve sólo el cantante con una carpeta entre sus manos, ¨Johan Sebastian Mastropiero. Na, mentira voy a cantarles en a capella, no veo nada ¿queda mal que me ponga la carpeta entre las rodillas?¨, el público vuelve a reir a carcajadas. Se sienta y comienza a cantar con una voz hermosa Ni Siquiera, de repente se pierde ¨uy!, está es muy difícil… ¿y este?¨, sigue de improvisto con Desde el Papel, a todo esto deja las hojas al suelo y su voz toma otra profundidad mucho más sensible, casi como si reflejara su alma. El público queda en silencio. ¨Bueno, esto fue para ustedes que siguen tanto nuestra carrera¨. El clima en The Roxy se tiñe de un clima especial, en donde la gente disfruta relajadamente de un buen show, se abrazan, cantan y sonríen para sus adentros como añorando un tiempo pasado. Banda de nuevo al escenario y nueva charla:

-Ya te luciste Rauli?, aplaudan otra vez

- Ahora si Rochi

-Qué bueno!! porque hasta ahora venías diciendo sólo: bueno, bueno

El diálogo que no terminaba ahí entre los hermanos. Natural y divertido, mostraba la faceta de un proyecto de banda que tuvo su excelente carrera allá a fines de los noventa, y que ahora les permitúa mostrarse dueños del escenario como si realmente no estuvieran en él. Y eso le daba una magia única, que el público disfrutaba muchísimo. En Titán vuelve ocurrir lo mismo, en pleno tema el guitarrista le hace señas extrañas al cantante, quien avanza y retrocede sin saber bien a qué se refería, hasta que estalla: ¨no podes sacar esto en el medio del tema, ¿qué querés que vaya a comprar dos kilos de fruta?¨, mientras seguían tocando como si nada, y la gente riendo a más no poder. La noche está llegando a su final, el cántico “ole ole, Santo Santo¨, se vuelve un virus y toda la gente que llenaba el recinto no paraba de cantarlo, tanto es así que lo hace el cantante mismo, dejando una promesa de volver el año que viene. El último tema, Despertares, deja a todo el público cantando casi en gritos y saltando como si fueran a hacer un pogo. Casi las dos de la mañana, luego de sacarse una foto con el público, repartir púas –a través de extraños saltos que pega Osko a modo de hada madrina- y dar las gracias, el telón se cierra definitivamente tras una noche hermosa y bien divertida.