Sauron 25 años en Club V: Lado A y Lado B

Crónicas
Sauron 25 años en Club V: Lado A y Lado B
Texto: Carlos Noro y Roma Marcaletti | Fotos: Seba Delacruz

Aprovechamos el festejo de los 25 años del señor oscuro para hacer dos crónicas bien distintas. Este es el resultado.

Sábado 25: El futuro llegó hace rato.

Por Carlos Noro

No es poco para una banda cumplir 25 años y mucho menos para Sauron, una banda que de esas que las vivó todas. Tal vez por eso Pato Larralde se emociona varias veces a lo largo del show, algunas recordando los inicios “Todo esto comenzó cuando Pepe (por su hermano JB Larralde) me invitó a que hicieramos algo juntos en una sala de 24 de noviembre y Belgrano”, otras mencionando a los amigos que ya no están y los que por suerte fueron conociendo en estos años y en varios oportunidades agradeciendo al público que llenó Club V para escuchar las historias lovecraftianas, lisérgicas y camperas que tan bien sabe relatar.

Lo cierto es que hoy por hoy el cuarteto tal vez esté pasando por uno de los mejores momentos sonoros de su historia. Si bien su particular relectura de la oscuridad sabbathica, el misticismo zeppeliniano y el rock pesado argentino de los setentas siempre fue su marca registrada a la hora de sacar sus canciones a la luz, hoy por hoy tiene una virtud innegable: conoce a la perfección la necesidad de cada una de las canciones, lo que permite que cada uno de ellas brille con la luz necesaria.

En este contexto, la oscuridad del Club V fue el escenario ideal para que todo suceda. El inicio con la climática “El árbol caído II” sin Pato Larralde en escena sirvió tanto para ajustar las perillas como para empezar a introducirnos en el universo Sauron. “Paisaje Final” una de las canciones más reconocibles del genial Sobrenatural (donde se recuperan leyendas populares argentinas) dejó bien en claro algo que se repetiría a lo largo de la noche: hoy por hoy la base que construyen Hernán Zicarelli desde el bajo y Claudio Fazio desde batería funciona como una pared sonora en donde se apoyan las canciones, tal vez por eso cuando la cosa va por cuatro canciones seguidas del imprescindible “El color que cayó del Cielo” todo cobra una intensidad que emparenta a lo que sucede con cualquier narración del enorme H.P. Lovecraft

La primera de ellas, “Al conocerse” suena rabiosa como es debido y nos lleva a imaginar a una historia de muerte y traición donde uno mismo lucha con sus propios demonios. “He perdido amigos” (con el correspondiente recuerdo a los que ya no están) es una gran alegoría de los peligros de las adicciones, por lo que suena tan angustiante y opresiva como es necesario, “El color que cayó del cielo” lleva al limite el genial el relato de Lovecraft y lo revive con singular maestría, “Las aves ya no vuelan más” es otro relato fantástico en medio de una clima lisérgico y pesado. Cada una logra encontrar su identidad y encuentran su relectura desde el presente, en uno de los grandes momentos de la noche. En todas, también Pato Larralde tuvo su momento de lucimiento principalmente porque acompañó su buen momento vocal (está cantando en una gran nivel) con los gestos, miradas y movimientos necesarios para relatar cada segmento de cada canción. Eso fue un espectáculo en sí mismo a lo largo de la noche.

No pareció casual que “Mis demonios” fuera la canción elegida para salir de la fantasía Lovecraftiana e ingresar a “La Guerra del Fuego”. Si hasta ese momento la banda había elegido hacer hincapié en generar distintos climas para cada canción aquí sostenidos en los riffs de JB Larralde la canción ganó en contundencia, velocidad y pesadez para construir un final donde quedó claro de qué se trata hacer música pesada para el cuarteto. Un gracioso audio que en su momento fue chiste interno para la banda, permitió el ingreso de Peter Barrett (ex bajista del grupo) como primer invitado de la noche. Dos canciones, la sabbathica “Los tristes” y la marchosa “Pastor de Glew” fueron las elegidas para recordar viejas épocas. El resultado fue bien contundente como a lo largo de la noche.

Un pequeño descanso de alrededor de diez minutos sirvió para dividir el set en dos partes bien marcadas. La segunda comenzó con “El cuento del fin del mundo” que sonó bastante distinta a la original principalmente por la manera de cantar que eligió Pato Larralde. Luego como era previsible sonó una canción de lo que viene “Ni la huella” (bien rabiosa y pesada) perteneciente al futuro "Los Ojos Del Cuadro (Nuestra Particular Forma De Ver Las Cosas)” para luego hermanar “Por costumbre” y “Pus de León” (dos canciones que no casualmente hablan de que como entiende la vida los integrantes del grupo). El cierre presentó otro gran momento, la versión de “Uggae”que tuvo como invitado a Dani Rodríguez en el Sitar fue un momento sublime, principalmente porque permitió el lucimiento de JB Larralde a la hora de construir la interacción con el instrumento oriental, lo que no hizo más que profundizar lo que se percibió a lo largo de la noche: su aporte desde las cuerdas es clave principalmente por su profundo buen gusto a la hora de encontrar los paisajes y caminos que precisan las canciones. “Humo el eléctrico” fue el cierre perfecto para una noche llena de emociones para unos y otros: Sauron cumplió 25 años y estamos felices de haber estado. Ojalá haya más futuro junto a ellos. 

Domingo 26: La leyenda de Sauron

Por Roma Marcaletti

Pasadas las nueve de la noche, un domingo ajeno al normal curso de la vida, vive dentro de un antro escondido en la profundidad del infierno. El tiempo que se escribe es sólo un concepto desfigurado y el espacio una excusa para evocar al peor de los miedos, el propio espejo en el que se refleja el dolor perpetuo de nuestros demonios.

Intro

El Brujo se asoma con su pesado libro encadenado a sus manos, donde se esconden las letras, pasajes de la locura que azotaron durante décadas su mente. Lo envuelve la antigua voz de una cítara marcada a morir entre los golpes de un derbake, iniciando así su conjuro UGGAE con los brazos en alto. La noche cae como un pesado manto a romperse en mil pedazos sobre un escenario en donde yace la llama viva de una guitarra que se estremece en un llanto mudo.

La batalla

En la fortaleza del mal los cuatro jinetes, guiados por LA LUZ MALA, buscan atravesar sus propias tormentas en busca de la libertad. Las almas expectantes contemplan en carne, incluso las más jóvenes, nuevas a iniciarse a un camino de ida al que no sobrevive una vuelta. La voz que se apodera de ellas, es capaz de modificar la falsa realidad y convertirla en su propia naturaleza, aquella que yace escondida en cada individualidad y que se despierta entre puños al aire como un todo sediento. Aparece SOLO LO MALO, de quien todo te quita y todo da, para descubrir de lo que no se ve en el camino. El ojo de Sauron en LA OSCURIDAD de la noche, es el faro que guía a quien tenga la valentía de mirarse a uno mismo. Sólo de la vida se aprecia lo bueno cuando se haya pasado por las sombras.

La historia

Arde la piel, la mente, el amor arriba y abajo del escenario. Veinticinco mil años de sol, de trayectoria, MADURA EL LIMON dentro de los cuerpos, extraña aventura. Las almas eran testigos de una noche que se perdía lentamente en la luz del fuego, Sauron corría hacia el sol. Cómo duele la muerte de quien nunca amo una gran banda como esta, MENSAJES AL VIENTO, escriben la historia de una leyenda viviente que aun no ha dejado su final eléctrico. En ese mismo cielo donde EL VUELO DEL CUERVO persiste para no caer, ESOS TIPOS, no necesitan hacerlo. Años y años de lucha, en un mundo PRIMITIVO, ellos batallaron contra el margen de error, corrieron hacia el horizonte lejos de los miedos, hacia lo alto de las montañas. Y llegaron a la cumbre, en su interior de NIÑO LOBO, que hoy es la bestia que llevamos todos dentro.

El legado

En la guerra contra LA MUECA DEL DOMINANTE, LOS PENSADORES DEL LLANTO, dejaron en las almas una esperanza difícil de socavar, aunque el tiempo pasé y vaya pasando otro. Ni DESTILANDO LA HAMBRUNA, sus cabezas agacharon, enseñando a otros a no hacerlo, a resistir. En este viaje solos estamos, es LA FORMA EN QUE ENVEJEZCO con el mapa de nuestras vidas escribiéndose en la historia, y la de ellos que quedará grabada por la eternidad. Sauron levanta su copa de vino a lo alto una vez más, bebe el CONJURO y lo escupe como fuego cuando ruge. Poderosa llama grabada en las sombras fuera del tiempo, es hoy nuestro manifiesto de lucha. Hechicero de la oscuridad, golpea su cetro con furia atrayendo la luz para dejar de sernos espectros, sino guerreros.

Epílogo

“…la ciudad brillaba una vez más

las luces sobre mis ojos marcan el camino!...”

, , , ,