Ratos de Porao en Flores: Consciencia colectiva

Crónicas
Ratos de Porao en Flores: Consciencia colectiva
Texto: Roma Marcaletti | Fotos: Seba Delacruz

La banda legendaria del Hardcore Punk Brasileño, regresó una vez más a la Argentina en el marco de sus treinta y cinco años de carrera. La fiesta se realizó el sábado dos de diciembre ante miles de personas que revivieron los temas más emblemáticos que abarcaron sus catorce trabajos de estudio a lo largo de los años. Una noche especial y única, en donde la música tomó su carácter social contra la realidad que nos toca vivir, convirtiéndose en una herramienta poderosa y fuerte. Tal vez esta sea la voz que aún no han podido callar.

Siete y media de la tarde en el Teatro Flores, alrededor de unas treinta personas aguardan que el telón se abra para recibir a la segunda banda soporte The Killing, liderada por Cristian Rodriguez (cantante de Avernal). Anteriormente se había hecho presente la agrupación Ruinas Crust, quienes vienen de una gira intensa por Europa.  Los más fanáticos copan las primeras líneas cerca del escenario, recibiendo con gritos casi una hora de trece canciones a puro estallido. Desde Evolución de la Violencia (Maldito y caótico, 2011), Mierda en tu cabeza y Bs As en llamas (ambos temas pertenecientes al disco Día de enemigo, 2008), América Sangrienta (de su primer disco titulado con el mismo nombre, 2007), hasta temas de su último trabajo lanzado en 2013, República Terrorista, la banda desató una sólida y agitada presentación a pesar de los problemas de sonido.

Casi una hora después, Adrián Outeda (Santan Dealers, NDI) se adueña de la noche en manos de Bandera de Niebla. Cosecha cerebral (Desindustrial, 2016) es la elegida para empezar la lista a las que le siguieron algunas como Corceles (Panel Óptico, 2016) y Circuito eléctrico en la Sien (también de Panel Óptico, 2016). Con sus pantalones cortos, los pelos en la cara, los gestos agresivos seguidos de saltos y su posesión demoniaca habitual de arrollarse el cable del micrófono por el cuello, Adrián desata una locura la que llega a la gente quien se envuelve con la misma pasión, comunión que se forzaba más aún cuando este bajaba  del escenario y se colgaba de la valla para cantar con ellos a puro grito. Con esta banda también hubo problemas técnicos, lo cual llevaron a parar el show un par de veces por falta de retorno, sin embargo nada demasiado trágico como para dejar de disfrutar de una las grandes figuras del hardcore nacional. Quizás lo más llamativo, o mejor dicho lo más representativo, fue el cabezazo que dio el cantante contra la guitarra de Hernán Espejo casi finalizando el último tema Como el trueno y el relámpago (Panel óptico, 2016). Con la frente bañada en sangre, arrodillado en el suelo y limpiando los restos de la embestida con su remera, mientras el público entre sorpresa y risas alentaban a la banda,  terminó por generar  una de las mejores postales que se llevó la  noche.

La tercera banda elegida para enmarcar el aniversario, fue Diferentes Actitudes Juveniles (DAJ), quienes aterrizaron en las tablas pasadas las nueve. Iconos del movimiento sociocultural que nació en los años noventa BAHC (Buenos Aires Hardcore), demolieron el escenario  con una de las representaciones en vivo más extremas del under nacional, acompañados de muchos seguidores que cambiaron la energía del público. Alternaron temas de sus dos discos Realidad virtual (1993) y INdiferentes (1997), letras escritas hace más de una década atrás y que aún permanecen vigentes describiendo cuadro por cuadro nuestras vidas, atravesadas por conflictos políticos, económicos y sociales. Canciones como Justicia, Arde, No declina o Sin necesidad son cantadas con puños en alto por la gente, que encarna una experiencia vivencial entre la música y la realidad misma. A cada tema se le anticipó una dedicatoria, como lo fue en el caso de Seré Curioso dedicada a los ministros que nos gobiernan actualmente. El show fue cerrado con El Moncho,  cantante de Minoría Activa (banda hardcore punk que junto a NDI conforman la trilogía de BACH) como invitado y fue enteramente dedicado a Santiago Maldonado como un símbolo de todas aquellas personas que luchan por recuperar sus tierras.

Se abre el telón por última vez, pasadas las diez de la noche. Joao Gordo aparece el filmando al público desde su celular y con una gran sonrisa, el Teatro Flores casi lleno estalla en emoción. Revolea el micrófono, se sacude y con una voz potente acribilla con agresividad temas que fueron emblemas a lo largo de la extensa carrera de Ratos de Porao, más de tres décadas de lucha a través de la música para reivindicar los derechos humanos con una ácida y cruel crítica a la sociedad. Temas como: Crucificados pelo Sistema “nacer para liberdade e crescer para morrer” (primer disco que lleva el mismo nombre, 1984), Mad Society “Alienación, brutal fuerza, sin plata en  tu vida mejor muere” (Anarkophobia, 1991), Estilo de vida Miserável “Acordar/ trabalhar/ Se fuder se matar/ Sem descanso/ Sem dinherio/Eu tengo que me virar/ Minhas mao estao sangrando” (Carnicería tropical, 1997), Cocodrila “Distocao/ Baixaria/ é a mina opiniao/ Violencia gratuita/ Facistóide, repressao” (Carnicería Tropical, 1997), Pensamientos de trincheira “Nao tenho medo/ Nem vergonha/ Do que fizo u deixei de fazer/ Minha consciencia está leve/ Como uma bala de um canhao” (Cada día mais sujo e Agressivo, 1987), Desemprego “Nossa juventude tende a perder/ Nao pare seu grito que vai lhe morder” (Feijoada Acidente, 1995), Beber Até Morrer “ Porque será que o homem quando  foge de si mismo/ se afoga na bebida e se droga sem parar/ Será que a vida imposta é perder um vale tudo/ Viver sempre chapado é melhor do que lutar” (Ao Vivo, 1992); fueron tan sólo unas de las casi veinte canciones que el público cantó a sangre viva en una hora y media de show.

Desde adentro de un pogo gigante, que Joao Gordo alentaba a girar sin descanso, un chico salía con todo el cuerpo empapado en sudor. Tomaba aliento atrás del recinto, como queriendo recargar la poca energía que aún le quedaba, daba vueltas y vueltas  hasta no darse por vencido. Se sacaba la remera enrollándola alrededor de su puño con fuerza, y una vez listo volvía al ataque a perderse de nuevo entre el público como un guerrero. Quizás aquella imagen fue el resumen de toda la noche: la lucha, la fuerza de una persona para seguir batallando contra la corriente que muchas veces lo empuja para darse por vencido. Ratos de Porao, un grupo legendario lleno de excesos y locura, supo llevar a miles y miles de jóvenes a través del tiempo en un viaje de resistencia y visión crítica sobre el mundo que nos rodea. Y esa idea estuvo siempre durante la noche, desde el gran letrero rojo que a sus espaldas rezaba la frase: Fuera Temer!, hasta la los gritos que el cantante cada tanto exaltaba para el público, como: “La única certeza es la puta vida”, o “Brasil Fascista!, país de mierda!!”.  Y así lo logró cada banda que tuvo lugar esa noche, con cada canción y cada palabra como una herramienta de lucha contra la opresión. No fue una noche más, ni un aniversario cualquiera, fue un despertar de una masa que poco a poco va tomando fuerza.

 
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