Solid Rock Festival en Tecnopolis: El rock no morirá jamás

Crónicas
Solid Rock Festival en Tecnopolis: El rock no morirá jamás
Texto: Carlos Noro | Fotos: José Becerra

Deep Purple, Cheap Trick y Tesla protagonizaron una noche clásica en Tecnopolis. Este fue el resultado.

Tesla: Back to the 80´s

Si tuviéramos que presentar y ubicar a Tesla en tiempo y espacio deberíamos hacerlo en la segunda mitad de los ochentas y principio de los noventas. Ahí supieron construir cierto renombre, subiéndose a la era dorada del metal de los ochentas pero teniendo algo más de seriedad que la gran mayoría de las bandas californianas. Mientras estas últimas le cantaban a la trilogía sexo, drogas y rock and roll, aquí las canciones podían incluso referir al gran Nikolas Tesla, uno de los más grandes e incomprendididos inventores de la historia (entre ellos la transferencia de energía mediante a ondas electromagnética o la radio) lo que los convierte en un bicho raro para la época. Desde el punto de vista musical muchos los consideran los iniciadores formales de la moda de los unplugged a principios de los noventa. Su Five Man Acoustical Jam aún hoy es reconocida como su obra más identificable.

La tiranía temporal de los festivales hizo que tuvieran solamente la posibilidad de tocar siete canciones en su primera presentación en argentina. Entonces, el gran inconveniente fue que además de tocar a un horario bastante complicado (siete de la tarde de un día de semana) se encontraron con la obvia dificultad de acomodar sonido en un estadio con menos de la mitad de capacidad. El problema fue evidente. La voz Jeff Keith quedó demasiado desprotejida y mostró demasiadas imprefecciones mientras que la guitarra de Dave Rude, el encargado de las rítmicas apenas se escuchaba. Es cierto que cuando la guitarra de Frank Hannon utilizó como aditamento sonoro el theremin en las canciones “Into the Now” y “Edison's Medicine (Man Out of Time)” la propuesta general amagó a mejorar, pero fue demasiado poco. “The Way It is” sonó floja y anodina con la sensación que la banda intentaba remarla sin saber bien como salir a flote.

“Signs” el cover de Five Man Electrical Band que fue el gran corte de “Acoustical…” fue una pequeña mejoría porque la presencia de la guitarra acústica y del juego de voces terminó por redondear una linda versión. Algo similar pasó con “Love Song” con una extensa intro que potenció esa cosa épica e imperecereda que tienen las grandes baladas de los ochentas. Otro cover

“Little Suzi” (también con protagonismo acústico), esta vez de de Ph.D y la rockera “Modern Day Cowboy” cerraron el pequeño set de los norteamericanos. Demasiado poco para saber si son una banda que ha podido transitar con hidalguía el paso de los años. Veremos si por esas cosas del destino hay posibilidad de revancha.

Cheap Trick: La fiesta del rock and roll

Para muchos los norteamericanos solamente fueron los reemplazantes de Lynyrd Skynyrd quienes no pudieron venir por inconvenientes familiares, pero lo cierto es que luego de verlos en vivo fueron muchísimo más que eso. Virtualmente desconocidos para la gran mayoría del estadio (algo raro si nos guiamos porque como pocas veces se vio un público con un fanatismo tan evidente por rock clásico) dieron un show literalmente memorable. Si bien siempre tuvieron la fama de dar shows enérgicos y fiesteros lo sorpresivo fue encontrarnos con una banda que a punto de cumplir ¡45! años pueda conservar esa vitalidad y esas ganas de divertirse. Tal vez mucho de eso se deba a que el grupo literalmente es capas de llevar su música hacia cualquier parte que linde con el rock pero que no lo encierre. Entonces el grupo actúa como una especia de caja de pandora donde en cada canción se abren melodías, sonidos y riff que pueden enganchar, divertir y emocionar por partes iguales.

De alguna manera ya desde el look de los integrantes uno puede vislumbrar ese eclecticismo. Rick Nielsen parece un nerd y se toma en serio su papel, por lo que a lo largo del show además de proponer un trabajo de guitarras impecable (rockero, punk, pop y hasta ruidoso cuando las canciones lo necesitaron) tiene su propio stand up: hace caras en cada canción, agita para que la gente cante, tira algún que otro chiste que habla del paso del tiempo y llega a un punto de presentar sobre el final, una guitarra que representa caricaturescamente su aspecto físico. Por otro lado Robin Zander representa lo que podríamos llamar el universo rockero tradicional. Tal vez por eso no es casual que salga vestido de blanco, con sombrero militar y que cambie de vestuario varias veces de la noche. Su voz literalmente suena intacta por lo que gran parte de la efectividad del show pasa por su capacidad de interpretación que logra momentos bien altos y emotivos.

Es curioso el aporte de Tom Petersson quien con su bajo de doce cuerdas (algo muy poco frecuente en bandas de rock clásico) logra darle al sonido general del grupo una contundencia y efectividad inesperadas. Incluso se anima a una rara versión de “I´m waiting for the man” de la Velvet Underground en donde toma protagonismo en las voces. Lo cierto es que a lo largo del show su presencia hermanada con Daxx Nielsen (el miembro más nuevo de la banda con siete años en el grupo) es la encarnada de construir los cimientos sonoros de lo que sucede al punto que resulta difícil imaginar que las canciones más rockeras puedan funcionar sin su presencia.

Sabiendo que una primera visita debe ser una especie de presentación de lo que una banda puede dar en vivo, el grupo no dudó en reproducir aquellas canciones que pueden ser la pauta de ello. La elección entonces fue hacer foco en Live At Budokan al que reprodujeron casi fielmente al punto de que las primeras seis canciones coincidieron con el Lado A y el Lado B del disco. De alguna manera, a lo largo de las mismas, Cheap Trick mostró su ADN capaz de transitar el hard rock clásico, el pop y el power pop y el glam más básico sin por ello sonar faltos de identidad. Las influencias para bandas que vinieron después, como por ejemplo Smashing Pumpkins, Weezer o similares fueron evidentes. Sin este camino recorrido hubiera sido difícil la existencia concreta de estas propuestas que supieron mezclar el hard rock y el pop sin ruborizarse.

Tal vez por eso no resulta raro que canciones como “Dream Police” (melódica pero a la vez densa y pesada) puedan convivir con algo como “I Want You to Want Me”, que hizo bailar a la gran mayoría del estadio, mezcladas con otras que hicieron parar las orejas Aspen (la archiconocida “The Flame”) junto a muchas que hicieron saltar siguiendo el corito (la hiper clásica “Surrender”). Cada canción a lo largo del set resultó un gran aporte para dar cuenta de la variedad que propone la música de C.T. quienes tuvieron dos adjetivos de los que pocos pueden presumir: ni aburrieron, ni resultaron repetitivos. Tal vez por eso a la hora del cierre la sensación fue que los norteamericanos habían dado un show digno de su historia, lo que invita la posibilidad de alguna vuelta en solitario. Finalmente su incorporación fue un gran acierto de los organizadores. Bien por ellos.

Deep Purple: Inoxidables.

No es exagerado decir que ver a Deep Purple en vivo genera una sensación entrañable. Si bien no son un figurita difícil para nuestro país (vinieron varias veces y con dispares resultados) verlos en lo que parece ser su última vez en Argentina de alguna manera hace pensar con nostalgia en las anteriore visitas. Aunque sabemos que en la música y en los negocios nada esta dicho (lo único que hipotéticamente le quedaría a la banda es un show en el que estén todos los integrantes que pasaron por el grupo con figuras como Ritchie Blackmore, Glenn Hughes y David Coverdale) parece difícil que esto suceda. Tal vez por eso este The long goodbye tour” propone una despedida sin fecha. Veremos que sucede en el futuro.

Tal vez sabiendo que esa sería la última vez y a diferencia de lo que venía sucediendo en sets ejecutados en otros tramos de la gira, los ingleses eligieron despedirse con una selección de canciones en donde los clásicos brillaron con maestría relegando la presentación de su último disco (el muy bueno Infinite editado este año). Entonces, siguiendo esta lógica, el inicio puso toda la carne asador. En concreto los primeros veinte minutos del show con “Highway Star”, “Pictures of Home”, “Bloodsucker” y “Strange Kind of Woman” resultó literalmente antológico tanto por la fuerza de lo histórico como por la potencia del presente. Si bien la banda no conserva el aspecto físico de sus mejores épocas (hay que recordar que a excepción de Steve Morse todos pisan o superan los setenta años) resulta sorprendente la vitalidad con la que logran ejecutar y reversionar sus canciones. Es obvio que el más afectado por el paso del tiempo es Ian Gillan por una razón obvia: es el único de todos que tiene la obligación de utilizar sus cuerdas vocales como instrumento. Su voz no es la misma pero brilla en su capacidad interpretativa al punto de que en la mencionada “Strange...” logra generar una onda que difiere a la propia versión original y que incluso la supera mientras paralelamente conmueve en su esfuerzo por alcanzar el dramatismo necesario para que “Pictures...” tenga lo necesario para expresar su status de clásico. El inicio del show es fiel testimonio de ese logro y es emocionante que así sea. Sostenido en el aporte de sus compañeros, a lo largo del set logra momentos interpretativos de alto vuelto, al punto de que es casi imposible pensar “Hush”, “Perfect Strangers” o la mismísima “Smoke on the Water” sin su voz. A esta altura ha dejado un sello indeleble en la historia del rock. Esa es su gran virtud y por su propio mérito es indicutibe.

A nivel instrumental lo que sucede en el escenario es admirable. Cada uno a su modo dan la pauta del amor que tienen por la música y por el rock pesado. En este punto de la historia Púrpura Don Airey es un gran continuador con peso propio del legado del enorme John Lord, por eso resulta emocionante el homenaje que el grupo le realiza con la hermosa “Uncommon man”. Allí, en la intro de “Lazy” y en su interesante solo en el que sonaron fragmentos de "La cumparsita" y "Adiós Nonino" su hammond parece relatar historias pasadas, presentes y futuras. A lo largo de la noche sus intervenciones serían claves: sin él sería dificil pensar esta versión de Purple porque siguiendo la tradición histórica de la banda, es el encargado de sumar colores, atmósferas y sonidos a lo que sucede.

Steve Morse, además de ser un guitarrista imponente (capaz de ir del rock pesado, al blues pasando por sonidos experimentales sin problemas) funciona como una especie de catalizador de lo que sucede en el escenario. Si bien es clave su interacción con Airey prestándose el protagonismo a lo largo de las canciones, generando momentos solistas y poniendo en funcionamiento el caudal melódico; su gran virtud pasa por ser la brújula que los demás siguen a la hora de ejecutar las canciones. Entonces las enormes versiones de “Knocking at Your Back Door”, “Perfect Strangers” y “Space Truckin'” son virtualmente responsabilidad de su maestría, así como “Birds Of Prey” (una de las nuevas) da la pauta de su capacidad de experimentar con las posibilidades de los efectos y sonidos.

Ver a Ian Paice desde la batería es encontrarse con uno de los grandes bateristas de rock de la historia. Con el tiempo ha sabido encontrar su estilo y a proponer lo justo y necesario para cada canción. Con un golpe preciso y enérgico; su impronta se percibió en cada canción construyendo un desempeño emocionante. Pocos pueden contar la historia como él (es el único que estuvo en todas las formaciones del grupo) y seguir escribiéndola en vivo en directo, algo que podríamos trasladar con claridad a su compañero de base Roger Glover. “Smoke on the Water” es el punto máximo de su desempeño. Una de las canciones (sino la más conocida) de la historia del rock en sus cuatro cuerdas parece tocada por primera vez. Suena pesada, rockera y contundente algo que se trasladó con claridad a cada una de las canciones del set.

A la hora del cierre con dos extensas versiones de “Hush” y “Black Night”, las caras de los presentes (muchos de las misma edad de los músicos, incluso con hijos y nietos) fueron la mejor postal de lo que tal vez haya sido el canto del cisne de una de las mejores bandas de rock de la historia. Si este fue el final, fue un final feliz. Nos fuimos contentos y eso es lo que importa.

 

, , , , , , ,