Neurosis en Vorterix: Un mundo de sensaciones

Crónicas
Neurosis en Vorterix: Un mundo de sensaciones
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Si los que leyeron la nota que hicimos con Steve Von Till hace algunas semanas pensaron que el adjetivo de Do It Yourself para una banda con tantos logros y años en la ruta era más bien una cuestión simbólica, se equivocaron. ¿Cómo definir entonces la actitud del grupo de subir sus propios equipos a escena, probarlos y dejar todo preparado para tocar? Esta actitud insólita, por lo infrecuente (solo se vio aquí con otro show histórico, la visitas de The Haunted) dejó en claro que los estadounidenses presentan su música sin ningún tipo de pretensiones. Aquí no hay estrellas de rock ni poses de músicos excéntricos y enojados. La música es lo único que importa, algo que por suerte entendió el público presente. Contrariamente a lo que uno puede esperar, hubo un gran respeto a este proceso sin gritar ni gesticular a ninguno de los integrantes. La sensación fue que cada uno de los que estaba en el Teatro Vorterix se sentía parte de lo que iba a suceder. Seguramente este gesto fue el inicio de esta comunión sonora que generaron público y banda.

“Lost” del imprescindible Enemy of the Sun (1993) fue la canción que abrió la explosión sonora que literalmente fue esta primera presentación de la banda en Argentina. Hablamos de explosión porque resulta complejo definir de otra forma lo que sucedió en aquellos primeros momentos. En solo diez minutos Neurosis nos abrió la puerta de su universo donde por momentos las cosas suceden de manera desmesurada y por momentos parecen encontrar espacios de calma casi atmósferica. Tal vez por eso no resulta extraño que en la canción convivan las feroces voces de Scott Kelly, Steve Von Till y Dave Edwardson con lo que cada uno puede hacer instrumentalmente: los dos primeros se prestan el protagonismo para generar riffs hiper complejos y una pesadez impactante, el tercero construye una pared desde el bajo en el que el adn hardcore se ve con claridad. El resultado fue un inició conmovedor con un sonido donde la perfección fue el único adjetivo posible para definir lo que se escuchaba.

La llegada de una canción de Souls At Zero (1992) para muchos el verdadero punto de quiebre del grupo, vino por el lado de “The Web” donde los samplers y el aporte de los teclados de Noah Landis tuvieron un papel clave a la hora de generar la atmósfera ambiental que intenta crear el tema. La apertura y diversidad sonora fue evidente al punto de que si uno se dispone a ubicar esta canción en algún estilo en particular, resulta imposible principalmente porque a través de un sonido denso y corrosivo recorre un montón de influencias y re lecturas de estilos como el doom, el sludge y la psicodelia sin prestarle atención a los estereotipos. En esta canción y a lo largo de la noche, la actuación de Landis fue un show en si misma. Por momentos golpeando rígidamente las teclas, en otros queriendo revolear el instrumento por los aires y siempre atento a lo que sucedía con sus compañeros, el contraste con la seriedad y la tranquilidad con la que llegó al escenario y la transformación que sufrió a lo largo del show fue evidente. Su aporte sonoro fue impecable, capaz de acercar ruido creativo, melodías y atmósferas en función del frenesí que tuvo lugar a lo largo de la noche. Imposible imaginar los distintos colores de las canciones sin su presencia.

Más tarde “A Shadow Memory”la primer canción elegida para presentar “Fires Within Fires” (2016) último disco del grupo hasta ahora. Aquí la presencia musical de Steve Von Till encontraría uno de los puntos más alto generando una especie de dialéctica musical entre sus propios aportes. Por un lado generaría desde su voz casi mántrica unos minutos finales conmovedores, por el otro construiría una pared ruidosa desde su guitarra. De alguna manera esto se trasladaría a las otras tres canciones que representaron la actualidad discográfica del grupo. “Fire Is The End Lesson” generaría la intensidad sonora y penetrante que es marca registrada del grupo. “Bending Light” surcaría los mares psicodélicos y experimentales mientras que “Broken Ground” con un inicio casi folk culminaría en otra demostración de intensidad incalculable. En cada una de ellas Von Till generó su propio viaje, agitándose, retorciéndose, acercándose a su propio equipo para generar acoples musicales e incluso mirando hacia el techo con los ojos en blanco. A simple vista lo que le sucedió en el escenario fu una experiencia catártica y liberadora. No hay otra manera de definir el nivel de instrospección y de entrega que logró lo largo de las canciones.

“Locust Star” (una especie de hit para los que conocen la discrografía del grupo) perteneciente a Through Silver In Blood (1996) fue uno de los punto máximos de intensidad y emotividad. El grito primal y ominoso de Scott Kelly (quien a lo largo de la noche se limitó a permanecer estática y contundentemente detrás del micrófono) seguramente impactó en la profundidad del inconsciente de los presentes; acompañado de la percusión primitiva y tribal de Jason Roeder (de una actuación innovadora y conmovedora a lo largo de la noche) quien llevó la canción hacia un estado cuasi mítico. El contraste de las tres voces en escena (la hiper violenta y podrida de Edwarson, la gritada de Kelly y la por momentos melódica de Von Till) lograron que todo fluyera a la perfección. El cierre dejó a todos los presentes sin entender nada. Imposible explicar como lograron tal nivel de intensidad.

Giving To Rising” (2007) se vería representado por dos canciones que dan la pauta de los contrastes de aquella obra. “Water Is Not Enought” mostraría la faceta más directa y agresiva en donde los gestos de Dave Edwardson tomarían protagonismo. Si antes decíamos que Von Till se movía serpenteantemente y Kelly permanecía estático, el bajista de pelo verde fue el vehículo de la rabia primigenia del grupo. Golpeó su bajo, lo apretó, lo soltó, lo subió al aire y lo bajó. En cada caso aportó ferocidad y furia por lo que canciones como estas se vieron favorecidas por su aporte. “At The End Of the Road” por su parte dio la pauta de como la banda puede utilizar el ruido a su favor. Si tuviéramos que pensar el fin del mundo tal vez este sea el soundtrack perfecto, lleno de gritos desgarradores, acoples conscientes y chillidos. Fue otra experiencia alucinante.

“Stones From The Sky” de “A Sun That Never Sets” (2001), y “The Doorway” de “Times Of Grace” (1999) fueron las dos últimas canciones de la noche. La primera comenzó con las campanas apocalípticas y transformó a la banda en un magma sonoro y envolvente en donde cada quien colaboró para que aquella explosión de la que hablábamos al principio finalmente tuviera punto más álgido. La segunda fue una liberación de los sentidos en donde incluso Von Till y Edwarson soltaron sus instrumentos para tomar sus pedaleras y generar una caos sonoro e imponente. Sin haber dicho una palabra toda las noche y con el curioso gesto de Scott Kelly hacia el público diciendo algo si como es lo que hay” Neurosis dejó el escenario. El set había terminado.

En su impecable obra Después del Rock: Psicodelia, Postpunk, Electrónica y Otras Revoluciones Inconclusas el critico musical Simon Reynolds mencionaba (en claro contraste con el rock) a la música electrónica como aquella que interpela a la mente del oyente de un modo particular, dejando de proponer que las canciones sean interpretadas de manera racional. El resultado para él es una intensa experiencia sensorial ligada a lo tribal en la que todos los que presencian ese aquí y ahora son protagonistas. Más allá de las etiquetas el show de Neurosis tuvo mucho de eso para los presentes: sensaciones difíciles de verbalizar e imposibles de ser explicadas. Tal vez esto sea el más allá de la música. Quien sabe.

Bonus Track: Soportes con futuro

Si bien resulta bastante complejo encontrar propuestas en argentina que tengan el nivel de experimentación de los norteamericanos, tanto Montañas como Sanador sumaron climas y sonoridades que resultaron interesantes. Los primeros recorrieron un sludge melódico en el que los riffs monolíticos cobraron gran protagonismo. “Corriendo con lobos” fue una pauta de lo interesante que pueden ser cuando se dejan llevar por su perfil más cancionero. Gran banda para seguirle el rastro.

Sanador el proyecto de Juan Manuel Diaz (ahora nuevamente en Humo del Cairo), Mariano Bertolazzi y Rodrigo Ioio Vega propone explorar sonoridades y deformar el concepto de canción hasta el límite. En este sentido es interesantísimo el trabajo de Bertolazzi en sintetizadores, generando atmósferas, colores y ruidos que aportan profundidad y vuelo a las canciones. Luego, la propuesta detrás de los parches de Vega (desestructurada y pesada) sirve para que Diaz pueda ir desenvolviéndose en función de lo que piden los temas. Interesante búsqueda. Veremos como toma forma.

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