Festival Icarus 20 años: Oscura y pesada celebración

Crónicas
Festival Icarus 20 años: Oscura y pesada celebración
Texto: Sebastián Lanzillotta | Fotos: Martín Darksoul

El sello Icarus music festejó sus 20 años de trayectoria con dos noches repletas de bandas y a puro sentimiento. El lugar escogido fue Groove, y ahí estuvimos nosotros para contarte hasta el último detalle.

La propuesta del Sábado 16 presentaba desde su cartel una noche que prometía ser inolvidable, con una auténtica descarga de metal nacional. La sesión de sones pesados, en este caso MUY pesados, comenzaría con Matan S.A., despeinando a los afortunados que iban agregándose al recinto palermitano. Tremenda puesta la de Wata y cía, digna de asustarte aunque ya no creas en Papá Noel. Un death old school bien tocado que deslumbra con las violas esgrimiendo siniestras muecas. El pico más alto lo marcó sin ninguna duda la muy bien recibida “A decapitar”, que fue arrojada a la gente a sangre fría y sin ningún tipo de tapujos (¡qué pedazo de tema, por dios!). Un repertorio que dejó extasiados a todos, pasados a cuchillos por la ígnea ceremonia que dispuso Wata. Nunca fallan.

Poco tiempo después abrió fuego Renacer, con su característica dinámica jovial. La experiencia de sus integrantes se palpa de movida y la sintonía es manifiesta. Pasajes machacosos rítmicos para una fórmula manida de power metal, pero que funciona si sabés hacerlo con el estilo y las tablas de estos monstruos. Christian Bertoncelli brilló una vez más y se llevó todas las miradas y los aplausos en una lista variada que estalló (y los presentes lo saben) con “Paz en la tormenta” (de pie por favor). Además, y como detalle acertado, la agrupación eligió la velada para lanzar en formato físico su flamante disco titulado Del silencio a la tempestad (esta gente está en todo). La rompieron.

Renacer nos había dejado un sabor de boca muy bueno, pero ya en los primeros acordes de “Controlando la nación” quedaría bien en claro cómo sería el concierto de Serpentor. Un sonido pulcro y atronador que hizo desbocar a las primeras filas a la hora de una gema de la talla de “Privación ilegítima de la libertad”. Guillermo Romero saca chapa de manipulador emocional al momento de invitarte a constantes pitts (¡y qué pitts!). Serpentor es una aplanadora. Y la adaptación al castellano de “Reign in blood” de Slayer terminó por quebrar las últimas cervicales. Impecables.

Luego de escasos minutos, llegaba el turno para que Tren loco cierre la velada. Gente que merecidamente se ha ganado un lugar a lo largo de los años entre lo más destacado de la escena heavy. Abrieron con todo un himno como “Venas de acero” para desatar la furia entre los presentes. Su fiel estilo clásico junto a unas letras que tratan abiertamente temas como la religión, la política o la libertad de expresión, han hecho que sean amados por los seguidores del metal más primigenio. Carlos Cabral es un excelente frontman, con mucha escuela, en menos de 5 minutos el tipo tiene al público en el bolsillo con su prédica: “¡Que se muera el reggaeton!”, sería un buen ejemplo de mi observación. “Fuera de la ley” terminó de entregar a la masa de remeras negras que gritaban por el Tren entre tema y tema. Sonaron brutales, en especial las guitarras (¡muy afiladas!). La verdad que debo decir que a partir de esa noche, me gustan un poco más.

Domingo 17, y nuevamente estábamos en Groove, pero esta vez para acudir a una nueva visita de Lacrimosa que presentaba su Testimonium (un sentido homenaje a la cantidad de artistas de renombre fallecidos en 2016). En una sala llena, el reloj marcaba las 21 hs y las primeras notas de “Wenn unsere Helden sterben” pusieron la oscuridad necesaria para dejarnos atónitos de dolor. Tilo Wolff con su correspondiente magnetismo se hacía presente en el escenario de manera sigilosa (¿querías imagen?). La suma de música clásica, rock gótico y metal es lo de los alemanes, que supieron ser vanguardistas con aquel lejano Inferno a mediados de los ‘90s. “Nach dem Sturm” despertó la algarabía de la muchedumbre pero no fue tan coreada como “Der Morgen danach” (especialmente por las señoritas). Pulgares arriba para un sonido que se mantuvo acústico durante todo el show, es decir, bastante lejos de ser procesado y a un volumen criterioso. Las mayores ovaciones se dividieron entre Tilo y Anne Nurmi, que alternaban para tomar la posta en las voces y ocupar el teclado. Después de casi dos horas y obligados a volver a escena ante tamaña respuesta de los fans argentinos, se despidieron con la genial “Weltenbrand” y ya dan ganas de que regresen, porque la verdad es que sin dolor no será lo mismo.

Una hermosa experiencia la que nos hizo vivir el sello Icarus music, "algo distinto y que entusiasmó desde el minuto uno de su anuncio" (pude escuchar por ahí, y coincido). Cosas como la organización y puntualidad de horarios para los grupos, el trato para con la prensa, en fin... mis más sinceras ¡felicitaciones! Chin chin.

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