Rage en Uniclub: Víctimas de su propia historia

Martin Kohan. Ojos brujos. Fábulas de amor en la cultura de masas. Ediciones Godot. 2015
Crónicas
Rage en Uniclub: Víctimas de su propia historia
Texto: Carlos Noro | Fotos: Seba Delacruz

Tranquilamente se puede situar a Rage dentro del lote de bandas que sobreviven principalmente por la tenacidad de sus integrantes. En este caso todas las miradas apuntan al único miembro original de la la banda el ahora gigante Peter “Peavy” Wagner uno de los responsables de que la ola de heavy metal alemana de los ochentas (Helloween, Accept, Grave Digger, etc.) pudiera trascender los límites de aquel país y girar por el mundo. Claro que el tiempo ha pasado para el ahora pelado cantante y con ello incontables cambios de formación que para quienes no siguen la carrera del grupo de cerca pueden significar un problema: no es lo mismo tener una formación creativa estable que estar todo el tiempo con la sensación de estar empezando de cero. Cada nuevo volver a empezar es un barajar y dar de nuevo para el grupo lo que implica un esfuerzo que por momentos puede ser exagerado.

El último gran cisma del grupo se produjo en 2015 cuando el enorme guitarrista ruso Victor Smolski (virtualmente responsable del renacimiento del grupo) y André Hilgers (Batería) partieron para no volver. Los reemplazantes fueron el venezolano (en el show nos enteramos que nació en argentina) Marcos Rodríguez y el griego Vassilios "Lucky" Maniatopoulos con los ya grabó dos discos The Devil Strikes Again (2016) y Seasons of the Black (2017)

Si vamos al show en sí, la sensación que se pudo percibir en la presentación en vivo fue la de una banda que pesar de tener un tiempo juntos todavía no encuentra la contundencia y el poderío que uno puede esperar de lo que representa el heavy metal alemán más tradicional. En este sentido no podemos hablar del paso del tiempo como justificación, aquí la razón tiene que ver con la elección de los músicos que acompañan nuestro protagonista.

El gran inconveniente se desprende de las canciones del reciente disco “Blackened Karma”, “Justify” y “Season of the Black” que sonaron durante la noche. Si bien conservan ese aire coreable y ganchero que es sello de la banda, la sensación es que uno podría intercambiar fraseos y estructuras entre ellas sin que se afecte considerablemente su identidad. En concreto dentro de la complejidad que proponen (una mezcla entre riffs clásicos y modernos que son deudores de lo que trajo Smolski a la banda) hay una repetición evidente y en este punto quien seguramente involuntariamente aporta más a esa monotonía es Maniatopoulos quien propone un desempeño tras los parches demasiado cuadrado y chato para un grupo que no hace de esa manera de entender la música su expresión.

En este contexto, todo lo que sucede en el escenario depende casi exclusivamente de la interacción entre “Peavy” y Rodriguez para generar variedad y color en la música del trío. Tal vez por eso, a lo largo del show la figura del violero se fue agigantando en cuanto a presencia musical y vocal sosteniendo de alguna manera la exigencia de un “Peavy” con un exceso de peso evidente y obligado a repartirse entre el bajo y la voz . Tal vez uno de los puntos máximos de la noche haya sido cuando el guitarrista sorprendió a propios y ajenos contando que en realidad había nacido en Mar del Plata y luego sus padres lo habían llevado a vivir a Venezuela. Luego de esta nota de color, las versiones de “Deep in the Blackest Hole” y “End of All Days” del homónimo disco sonaron bien contundentes y remitieron con contundencia a la exitosa etapa del grupo en los noventas proponiendo una afinación más clásica (particularmente se lo escuchó menos exigido a “Peavy” en estas canciones) y cierta arenga muy disfrutada por el público.

Precisamente esa arenga se vio potenciada por la presencia de la esperada “Don´t You Fear the Winter” (antes había pasado una versión algo deslucida de “Turn the Page” y una potente de “The Price Of War”) en la última parte del show. Si bien “Peavy” ya no llega a las notas que lograba en su juventud, la versión resultó divertida y fue respondida con bastante agite por el público que se quedó reclamando “Solitary man” sin respuesta. Tal vez la presencia de esta canción podría haber sido mucho más festejada que el medley final que mezcló “Higher than the Sky” con Heaven and Hell y Holy Diver con una gran intervención de Marcos Rodriguez en voces pero con la sensación que escuchar dos o tres canciones más para una banda que tiene más 24 discos, si contamos su primer disco con nombre Avenger, hubiera sido un lindo premio para los presentes.

El cierre del show con un aplauso unánime dio la pauta del paso Rage con un show correcto que estuvo lejos de aquella potencia y furia de aquellos VHS que mirábamos con locura a mediados de los noventas. Tal vez haya pasado el tiempo también y eso se note. Tal vez en este presente, Rage sea víctima de su propia historia.

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